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Nacionales

Deportados a un país desconocido

Yessica Espinoza

martes 2, enero 2018 - 12:01 am

Un error los obligó a regresar al país que los vio nacer, pero que desconocían como su hogar. El país  que sus padres tuvieron   que dejar durante la guerra, en busca de calidad de vida. Su vida cambió cuando fueron expulsados del país que creyeron su tierra: Estados Unidos.

Rafael Villacorta llegó a El Salvador en el 2008, vestía unos jeans flojos y una camisa manga larga para ocultar sus tatuajes. El gobierno de los Estados Unidos lo deportó luego de haber cumplido una condena de cuatro años de cárcel por un delito informático.

“¡Mamá! ¿cómo me van a deportar si yo estoy aquí desde chiquito?, ¡yo ya fui a votar! No te preocupes”, recuerda que le decía a su madre. ‘Rafa’ cumplió su “sueño americano” cuando tenía cuatro años, sus padres decidieron migrar durante la guerra por miedo a morir en un enfrentamiento. 32 años de vida pasó en Estados Unidos, su cultura, su idioma, su estilo de vida era la de un estadounidense.

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“Lo que hiciste allá ya lo pagaste, ahora tenés un nuevo chance”, le dijo un policía en el aeropuerto salvadoreño. Las palabras hicieron eco en él y las hizo suyas.

La discriminación y los prejuicios fueron los regalos de bienvenida de su país natal. La gente le señalaba sus tatuajes, lo veían como un delincuente. “Deportado es una palabra muy fuerte que ya trae el estigma que hiciste algo mal y te botaron”, afirma Villacorta. Los primeras semanas fueron duras para ‘Rafa’, a cualquier lugar a dónde iba tenía que ir acompañado de alguien que hablara español. No entendía nada de su entorno.


Villacorta es ingeniero en computación, pero no logró conseguir un empleo acorde a su profesión. Lo intentó dos veces pero sus tatuajes, lo han hecho ver como alguien “intimidante”. Su única ventaja en este país, es su inglés perfecto. Lo aceptaron en un centro de llamadas y ahora labora como profesor en “English Cool”, una escuela fundada por Eddy Anzora -otro salvadoreño deportado de los Estados Unidos- donde enseña inglés a los jóvenes salvadoreños a un bajo costo.

Anzora luce distinto a las fotografías de cuando estaba en Estados Unidos. Su complexión fornida, su estilo “Hip hop” y su amor por los animales quedaron en aquel país cuando fue deportado en el 2007. “Cuando me dijeron que me iban a deportar yo me fui de prófugo y anduve viviendo en Estados Unidos sin papeles y no es bonito. No es bonito estar allá sin papeles”, recuerda.

Sus padres se fueron de forma ilegal hacía el país americano en los años 80 en busca de oportunidades. Él apenas tenía dos años de vida. Reconoce que la situación económica acá es difícil. Sus primos, le dieron un hogar cuando fue deportado, le dijeron que tenía que conseguir un trabajo y lo logró en un centro de llamadas, donde le pagarían  $2  la hora. En Estados Unidos, como enfermero de animales, ganaba en una hora lo que aquí ganaría en siete.

Anzora fundó, en 2014, una escuela para enseñar inglés, luego que los muchachos   de la academia donde trabajaba, abandonaban las clases porque no podían seguir pagándolas. Abrió las puertas de su casa y nació “English Cool”, ahora tiene tres aulas más, en el bulevar de Los Heróes, edificio Demsa, San Salvador.

En la búsqueda de “entrenadores” Anzora  contactó a Frank Ticas, un amigo con quien jugaba baloncesto en los Estados Unidos. Lo encontró trabajando en un “Call Center” y le contó su idea. Ticas aceptó. Él también es un deportado y aunque al principio se negó a aceptar su situación, dice que se esforzó al ver una oportunidad de rehacer su vida y no cometer los mismos errores.

Su vida se había enfocado en fiestas con amigos, hasta que un día sobrepasó el límite. En el año 2000 lo deportaron. Aprendió español y entendió que la sociedad salvadoreña discrimina y estigmatiza a los deportados como grupos criminales.

“Yo creo que parte de lo que nosotros hacemos aquí es demostrar a la gente que su expresión, su forma de pensar, sus opiniones valen”, asegura Ticas. No piensa en regresar pero sí extraña la cercanía con sus padres y las cosas “efímeras” que ofrece el país americano.

Rafa, Eddy y Frank tienen un objetivo en común con el proyecto English Cool: “Nuestra misión es que los muchachos tenga una oportunidad de aprender inglés a un bajo costo, conseguir trabajo y tener la satisfacción de verlos triunfar”.

Lea acá las historias de Rafa, Eddy Frank: 

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