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Editorial & Opinion

Dilema diabólico

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Savador

sábado 19, agosto 2017 - 12:00 am

Así denominó el catedrático venezolano, hoy exiliado, Allan Brewer Carías, la opción que le presentó la dictadura a la oposición unificada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), a través de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente, al anunciar elecciones para gobernadores el próximo mes de octubre. Es decir, el optar en participar o no en esa apresurada convocatoria, luego del descomunal fraude de la Asamblea Nacional Constituyente, no prevista en el texto constitucional.

No habían pasado 24 horas, cuando los principales partidos de la MUD declararon que inscribirían candidatos a las respectivas gobernaciones estadales (23 en total). La noticia causó desconcierto entre la oposición regada por todo el país, incluso entre los militantes de los partidos aceptantes; y más allá, a la propia comunidad internacional que, por primera vez, luego de los precedentes meses de violencia, violación de derechos humanos, juicios militares a civiles, desapariciones, heridos, torturados, violaciones, inhabilitaciones, destrucción de bienes, allanamientos sin orden judicial y asesinados, tomó la posición de condenar al gobierno de venezuela, y hacerle un llamado al retorno de la democracia.

De esta alarma de peligrosidad continental se ausentaron, por supuesto, los países que giran en torno a lo que en algún momento se definió como Socialismo del Siglo XXI, reducido a una vacua consigna antiimperialista y a la solidaridad con el régimen de Raúl Castro (que no podemos llamar revolución, porque no hubo tal paraíso finalmente); es decir, los gobiernos de Cuba, Nicaragua, Bolivia y El Salvador, al partido Podemos de España y a Maradona, quien se ofreció vestir de soldado para su comandante Maduro; Rusia y China guardaron distancia, dado que tienen milmillonarias (en dólares o euros) inversiones, y dinero por cobrar a Venezuela.

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Luego de este elemental repaso, dando por conocidas sus particularidades (y atrocidades) por el lector, hago mías las conclusiones del exparlamentario, profesor constitucionalista de incuestionables valores democráticos Gustavo Tarre Briceño, quien, básicamente, en un ensayo de obligada lectura “Las Elecciones Regionales”, invita a reflexionar sobre el significado histórico, político y humano que conlleva el participar en un proceso electoral controlado por una Asamblea Nacional Constituyente escogida a dedo, todos militantes del PSUV y del entorno de Maduro; cuyos primeros actos fueron signados por la intolerancia, la imposición ideológica y la complacencia con la tiranía cubana. Tomaron posesión física, con la custodia de la Guardia Nacional, de la sede de la Asamblea ignorando a los diputados, ratificaron y juramentaron a los actuales integrantes del Consejo Nacional Electoral, el mismo denunciado como el organizador del mayor fraude electoral que haya conocido el continente; inhabilitaron a la MUD para presentar candidatos en siete Estados, y condicionaron el registro de los candidatos a un Certificado de Buena Conducta expedido por la Asamblea Nacional Constituyente. Luego procedieron a destituir de su cargo a la Fiscal Luisa Ortega Díaz, para nombrar a quien hasta ese momento fuere el Defensor del Pueblo; allanaron su residencia y le dictaron auto de detención a su esposo, el diputado Germán Ferrer, y propusieron extender la pena de cárcel a 50 años a quienes incitaren al odio o rebelen contra el gobierno. Mientras, el Tribunal Superior de Justicia, inhabilitaba y dictaba orden de detención contra dos alcaldes de la oposición.

Por ello es comprensible el rechazo de quienes afirman que participar, en estas condiciones, en un proceso electoral no solo es irrelevante, sino un atentado contra el sentido común, que conduce a la instauración, vía legal, de un Estado Comunal.


La idea inicial fue reflexionar sobre la intervención de una fuerza multinacional para restaurar la democracia, pero se dejó llevar el tema electoral. Basta decir, que no sería una fuerza invasora, sino de liberación nacional y prevención continental.




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