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Editorial & Opinion

Dos cosas sobre la patria

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 12, septiembre 2018 - 12:00 am

La primera es amarga y realista.

Esos panegíricos y odas que publican gente de bien, con buen sueldo, un estatus económico y una educación privilegiada que invitan a amar a la patria (con minúscula), como si eso fuera tan sencillo, como si no hubiera gente para la cual esa tal patria ha sido el escenario de las más terribles pesadillas; no me agradan mucho.

¿Qué espera uno de la patria? ¿Acaso debe ser un sentimiento automático? Porque es eso, un sentimiento y los sentimientos no nacen ni radican en el corazón. Esas son pamplinas para niños. Los sentimientos se generan en la mente, en el cerebro con base a las experiencias vividas con alguien o en un lugar. Se crean vínculos que no tienen nada de fantásticos, sino que son simples neurotransmisores que son segregados a montones cuando vemos esa persona o ese sitio que nos recuerda tantas cosas bellas.

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La patria no se quiere fortuitamente, ¡no!, no es así, a menos que haya sido el terruño donde tuviste más amor que decepciones; más aventuras formidables o especiales, que experiencias amargas y desastrosas.

¿Cómo se le puede pedir patria a alguien que ha sufrido lo indecible?


¿Cómo le pedimos a la gente que tenga en su corazón clavado el amor por la patria (siempre con minúscula)? Si le han matado a sus hijos, violados a sus hijas, los han reclutado a la fuerza para una pandilla; no han encontrado trabajo, el estudio es mediocre, no les enseñan para ganarse la vida, los hospitales carentes de medicina, el tráfico espantoso, las viviendas paupérrimas, sin servicios básicos de agua, energía eléctrica; y si consiguen trabajo, explotados, maltratados, mal pagados, y encima la administración de justicia lenta y algunas veces arbitraria, si es que no hay vacíos terribles en la legislación como sucede con las olvidadas muchachas del servicio doméstico o los desamparados vigilantes de agencias privadas de seguridad. ¡Ah! No hay que dejar a un lado el triste espectáculo que da la clase política. Más difícil amar la patria.

Bueno, acá se acaba la primera mitad. Acá empieza la otra cosa que pienso sobre la Patria (hoy sin, con mayúscula).

Una pequeña anécdota. Hace siglos fui al pueblo de parte de mi familia materna, El Sauce, La Unión. Pueblo al cual veo hermoso. Fue el marco de una infancia bonita.

Fui a ver el partido del equipo de fútbol de la Tercera División. Un equipo conformado por jugadores mal alimentados, esqueléticos, sin técnica alguna. A los directivos solo les alcanzaba para la calzoneta azul, porque la camiseta (que era blanca), cada quien la conseguía como podía. Los números y los nombre escritos con marcador grueso y no se diga nada sobre las calcetas y los tacos. ¡Peeero! Allí estaban los sauceños, gritando, apoyando a su equipo a todo pulmón; desgañitándose. Hinchando por ellos con toda la pasión de un amor puro, intenso, total. Yo veía todo ese espectáculo absorto. No se ha borrado de mi mente. Estaba cipote, pero pude entender que para ellos, para ese pobre pueblo árido y fronterizo, su humilde equipo lo representaba todo: su gente, sus lugares, sus vivencias. Lo era todo y reinaba en su corazón clavado como un puñal que desgarra, pero en desangrarse ocasiona gozo, como sucede con el amor.

Eso es Patria, mil veces Patria, la que se ama, la que se adora, la que se llora cuando estás afuera. Es el territorio donde sos alguien o podés luchar por serlo y te amparan todos los derechos. Donde está tu gente, sus sonrisas, esas pláticas, los abrazos, el cariño, la lealtad. Allí donde se conoce el dolor y donde se aprende a superarlo. Las palabrotas, las puteadas, la comida, los sabores, esos olores tan nuestros. Allí donde uno puede aspirar a luchar por esa Patria.

La Patria no se abandona, se lucha por ella desde cada una de sus trincheras, desde criar y educar buenos hijos, hasta lanzarse a la calle exigiendo justicia, exigiendo el respeto a la Ley, a que cese la corrupción y los desmanes del gobierno de turno.

La Patria se ama y se defiende, porque es la Madre y es la única que se tiene.




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