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Editorial & Opinion

El agua es de todos

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 26, junio 2018 - 12:00 am

Nuestra patria es un terruño severamente limitado en extensión territorial y con muy limitados recursos naturales. De esta pequeña pero hermosa tierra que nos tocó por heredad, el patrimonio dominante radica en las propias virtudes de los habitantes acantonados en este suelo, que procuramos coexistir en una efervescencia constante por asegurarnos la sobrevivencia en tan limitado espacio. Esta particularidad históricamente nos ha conducido a un feroz enfrentamiento por el derecho a la propiedad de la tierra y a sus pocas riquezas naturales; ocasionando, además de los reconocidos conflictos sociales y políticos por esta causa, una vorágine migratoria -superior a la de otros pueblos- en búsqueda de oportunidades, tanto que nuestra “salvadoreñidad” se extiende a los más recónditos lugares del planeta.

De esta forma, la disputa histórica por el acceso a la tierra y sus recursos, particularmente por el agua, no es nueva; sencillamente, como en otros países, se ha profundizado en la medida que se multiplica la especie humana y disminuye el patrimonio natural. Como lo abordara en otra columna de este mismo rotativo el 30 de enero de este año, hay urbes que están colapsando por el agotamiento y extinción de este vital líquido, constantemente recibimos fatales noticias de nuevos conflictos sociales, territoriales  y políticos, por su disputa.

En esta coyuntura, y a raíz de la mayoría legislativa a favor de la derecha, es creciente la amenaza por la privatización del agua, un temor fundamentado en la conducta voraz de grupos económicos poderosos que con suficiente poder legislativo nunca han ocultado su intención de apropiarse de cada recurso con el fin de incrementar sus ganancias.

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Así ocurrió durante el gobierno del expresidente Cristiani en el que dolosamente se argumentó un supuesto saneamiento de la banca nacional, y al final resultó privatizada a favor de los mismos grupos hegemónicos en el poder. De la misma forma durante el gobierno del expresidente Calderón Sol se aseguró que la participación privada en el Sistema de Pensiones solo pretendía mejorar su administración y terminó totalmente privatizado y sin resolver las demandas que llevaron a su reforma. También durante la administración del expresidente Flores se exaltaron las bondades de una integración monetaria en la que coexistiría un bimonetarismo con la libre circulación de ambas monedas y finalmente nos tocó vivir la dolarización con todos los efectos negativos que incidieron en la caída de la productividad y empleo en el país.

Por lo tanto, son fundamentados los temores y dudas respecto a las intenciones de poderosos grupos económicos y su representación legislativa de echar al traste los avances logrados en la anterior legislatura, en la que ya se había avanzado en el consenso de 92 artículos del anteproyecto de Ley General de Aguas presentado por el ejecutivo, con el respaldo del Foro del Agua y de otros importantes sectores sociales y religiosos del país, bajo un esquema de administración pública del agua. Recordemos que esta iniciativa estuvo inerte durante dos años en la Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático de la Asamblea Legislativa y solo a partir de la presión social inició su discusión en el 2013; ahora, se pretende anular lo avanzado e iniciar el debate con la nueva propuesta de los partidos de derecha. Es absurdo.


La intención por privatizar el agua para convertirla en insumo industrial y mercancía sujeta a las torcidas reglas del mercado, ya era palpable tras la resistencia de los mismos grupos de derecha en ratificar la reforma constitucional al artículo 69 en primera votación, que pretendía declarar el acceso al agua como derecho humano, en coherencia y armonía con sendos tratados internacionales ratificados por El Salvador en el 2010 y que reconocen el acceso al agua potable y el saneamiento como un derecho esencial que asegure cubrir de manera suficiente, salubre y aceptable las necesidades de uso personal y doméstico de la población, principalmente para mujeres e infantes.

Si bien la derecha cuenta con suficientes votos en su maquiavélico propósito, en todo el país crece la efervescencia social en la lucha por detener la privatización del agua, no será la primera vez que se logre detener un propósito nefasto como éste; ya ocurrió tras los intentos durante la administración del expresidente Flores que pretendió privatizar la salud y fue una amplia unidad nacional mediante las “Marchas Blancas” la que pudo detenerla.

Además de detener la privatización del agua debemos tomar conciencia que es necesario elevar el nivel de responsabilidad y conciencia social en la preservación de este vital líquido, así como en la necesidad de movilizar el país entero para conservar, restablecer, limpiar y descontaminar nuestros mantos y afluentes acuíferos, dedicando inversiones estratégicas encaminadas a mejorar la capacidad y transparencia en la administración, reparación, ampliación, modernización para la extracción y distribución del agua potable, asegurando cubrir las necesidades de toda la población.




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