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Editorial & Opinion

El cambio climático: vida o muerte

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

jueves 2, agosto 2018 - 3:39 am

Desde que el hombre hizo su aparición en el planeta Tierra, ha venido estropeando, consciente o inconscientemente, el medio ambiente, pero desde que se inventaron las primeras máquinas de vapor en adelante, aunada la contaminación a otros factores como las megas construcciones habitacionales, destrucción de reservas forestales, eliminación de residuos industriales vertidos a ríos y costas, el uso despiadado del plástico y otros aspectos degradantes han producido, desde mediados del siglo pasado un agravamiento acelerado de la situación ambiental y su incidencia funesta en el cambio climático.

Cada año, por ejemplo, son millones de metros cuadrados de desechos plásticos que van directo a los mares del mundo, provocando no solo la contaminación de la principal fuente de oxígeno y control climático, sino que ha producido la extinción acelerada de muchísimas especies de peces, tortugas y de grandes mamíferos que, a través de los siglos, hicieron del mar su hábitat natural.

El descuido en tirar indiscriminadamente los desechos humanos y fabriles a ríos, lagos, quebradas y playas, cuyos vertederos finales son los mares, han producido el aparecimiento de fenómenos nunca antes vistos y que ahora conocemos como ”El Niño” y “La Niña” que nos afectan con sequías, lluvias torrenciales, huracanes destructivos, y una larga cadena de tragedias climáticas que dañan el ciclo natural de los cultivos y  ponen a la humanidad entera al borde las hambrunas en un cercano tiempo muy próximo.

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A propósito de estas consideraciones, recuerdo que el entonces presidente estadounidense Richard Nixon, dijo estas palabras que ahora se actualizan, expresadas ante el Primer Congreso de Medio Ambiente celebrado en Washington en febrero de 1970: “La lucha contra la contaminación no equivale a una persecución contra bandidos. En gran parte, los daños causados al ambiente no han sido obra de hombres perversos, ni un subproducto inevitable del progreso tecnológico o del aumento de población. Proviene, más de lo que se ha escogido y de lo que por negligencia no se escogió; no proviene de una mala intención, sino de no haber tomado en consideración todas las consecuencias de nuestros actos”.

No es que haya mucha población, no es que circulen muchos vehículos, o que existan muchas fábricas, es que no sabemos cómo dar soluciones técnicas, culturales y científicas a los problemas ambientales. Por ejemplo, después de cada festejo o vacaciones, las calles, caminos, playas, quedan con enormes basurales, centenares de desechos plásticos y contaminantes peores a los que antes existían. Carecemos de educación ambiental y nos volvemos simplemente consumidores de lo dañino, pero sin aportar nada en favor del mundo en que vivimos. Los gobiernos crean ministerios ambientales, pero al frente de los mismos ponen gente inexperta y desconocedora de la ecología, la ciencia que estudia el ambiente.


En el campo agro ganadero es urgente la capacitación ambiental. Enseñar a los agricultores cómo aprovechar racionalmente cada riachuelo, cada lluvia que cae, cómo construir cercos naturales para evitar la erosión, cómo saber depositar abonos y plaguicidas, para evitar contaminaciones a los recursos hídricos o al mismo suelo. Esa educación ecológica la pedimos desde hace muchos años, pero eso no era lo importante. La política electoral ha regido siempre las agendas oficiales y no la supervivencia y el bienestar de las personas. Henry David Thoreau, filósofo y naturalista se hacía esta pregunta: ¿De qué sirve una casa hermosa, si no tenemos un planeta presentable donde ponerla? Debe haber un equilibrio universal de aseo, de sanidad, de belleza y cuidado.

Por construir grandes complejos habitacionales arrasamos con los bosques y secamos las fuentes hídricas. Quemamos los rastrojos vegetales como práctica común en cada temporada de siembra. Nos olvidamos que todo en el Universo está conjugado. No puedes talar un árbol sin que ello repercuta en la calidad del aire que respiras, de la sombra que extirpas, destrozas el hogar de las aves y dejas de tener flores y frutos para tu deleite. El cambio climático y la educación ecológica, deben ser puntos inexcusables de la agenda oficial del futuro gobierno que se instaure en 2019.No hay tiempo para excusas y frases bonitas sin contenido. Urgen acciones concretas y técnicas para mantener un desarrollo sostenible y sin peligros ambientales.




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