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Editorial & Opinion

El cambio para el cambio

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 14, marzo 2018 - 12:00 am

Nos vendieron la frase “Ahora será diferente” y no lo fue, nos dijeron “somos el cambio” y no mucho cambió, pero los ciudadanos no se quedaron callados, se expresaron a su manera y de una forma intempestiva el FMLN redujo su caudal de votos en 50 % en un mensaje que todos leen como de rechazo al partido rojo.

¿Pero qué es lo que rechaza la gente? ¿La corrupción, el nepotismo, la falta de capacidad para gobernar, el enriquecimiento repentino de algunos líderes, la cerrada argolla del partido, los ataques a la Sala de lo Constitucional, los negocios políticos con GANA, la expulsión de Bukele, la falta de medicinas, la mala comunicación, un presidente ausente?

Es una sumatoria compleja que a la hora de tratar de aclarar se asemeja a un enredo de cuerdas, donde si se jala una se aprieta más, por lo que la solución está como en el famoso nudo gordiano que para deshacerlo fue cortado por espada; entonces, el FMLN necesitará un poco más que cambios cosméticos o cambios de ministros light a ministros del partido; mucho más que apostarle a los subsidios como si el tema fuera comprar la voluntad de millones de pobres; necesitará el FMLN enfrentar su realidad ideológica y replantearse como una nueva izquierda, si quiere subsistir en el tiempo y no desaparecer del ámbito político en un par de elecciones más.

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¿Qué significa replantearse? Por lo menos reconocer que el Socialismo del Siglo XXI y sus apegos a Venezuela y Cuba no son atractivos ni son luz alguna para un pueblo que tiene sus ojos en el “sueño americano”, donde se puede lograr mucho con hacer las cosas bien y esforzándose por cuenta propia; el Socialismo del Siglo XXI que no es más que el viejo comunismo disfrazado de democracia no nos atrae, nos molesta; no es lo que queremos como sistema de vida, porque es un sistema que enriquece funcionarios (del partido) y empobrece ciudadanos (que pagan sus impuestos).

Los salvadoreños creemos y queremos justicia social, pero no bajo el marxismo ni bajo el extremismo de paradigmas fracasados ya evaluados, que en otros pueblos se experimentaron con sufrimiento; eso el salvadoreño no lo necesita, porque nos gusta trabajar, nos gusta inventar, nos encanta sobresalir y competir; somos un pueblo laborioso, no queremos que nos mantenga el Estado ni mucho menos que políticos soberbios nos digan cómo y en qué invertir nuestros recursos y nuestro tiempo.


El FMLN debe públicamente rechazar el comunismo, tirar a la basura sus viejos libros y reconocer que la nueva izquierda genera riqueza, empresarios, aprovecha la individualidad y construye con ello sociedades más justas y equilibradas; el FMLN debe reconsiderar que el partido-Estado es una farsa, no funciona, solo genera corrupción y que para el futuro debe apostarle al respeto institucional, la independencia de poderes y ahí construir diferencia con una visión más humana y transformadora, porque seguir pensando en que la cúpula no se equivoca y que la revolución pasa por los complots y el eterno estado de crisis es simplemente seguir perdiendo votos y arruinando el país.

El Salvador necesita de la izquierda sin duda, también de la derecha, pero no como elementos ideológicos que determinen todas las decisiones, sino como elementos que definan las acciones; se puede ser más pro economía, pro riqueza, pro liberal, pro pobres o pro impuestos, pero lo que manda es la Constitución y todos debemos respetarla; pretender destruir el sistema económico basado en la libertad para pasar a un gobierno que controle todo es revolverse en un pasado ya probado de fracaso ¿o no tuvimos banca estatizada? ¿No probamos las exportaciones controladas? ¿Las tasas de cambio y tasas de interés dominadas por el gobierno? Por lo tanto, si van a reflexionar sobre su futuro como partido, no se puede hacerlo a la luz de simples cambios de puestos o cambios de línea partidaria, es necesario leer lo que el ciudadano quiere: una izquierda democrática que sea intelectual, no que en plazas y parques lance insultos y arengas anti yankee, anti ricos, anti Sala de lo Constitucional y anti todo, solo para explotar el sentimiento de frustración de un pueblo que puso sus esperanzas en el cambio y está frustrado, sino que muestre hechos y propuestas para mejorar el cómo funcionan las cosas.

Volviendo al punto, cambiar es importante, no es un esfuerzo de un momento único en la vida, solo lo que no cambia no se mejora, así que tomen su dosis de realidad y mastíquenla con inteligencia, porque el futuro de la izquierda se cocina desde este punto; piensen si vale la pena seguir apostando a temas contrarios a los principios y valores de las grandes mayorías, seguir promoviendo el ateísmo, el aborto, el matrimonio homosexual, atacando a las iglesias y la fe, porque es el opio del pueblo o mejor se suman a comprender que sin Dios nada somos; tienen una gran oportunidad para liberarse de la historia de la guerra ya eso pasó hace mucho, liberarse de la revolución armada, las revoluciones hoy se dan con el conocimiento, la tecnología y en los corazones de las personas.

El comunismo está muerto, el socialismo del siglo XXI es una quimera, pero la izquierda democrática puede sobrevivir y ayudar a los países a mejorar, revisen también sus listados de oportunistas, de aprovechados y corruptos; es hora de marcar la cancha. Éstas son solo sugerencias para alguien que piensa en cambios, tómelo o déjelo, nosotros como pueblo seguiremos analizando y eligiendo lo que más convenga y lo que mejor sea para nuestros intereses: empleo, salud, educación, crecimiento y buenos servicios públicos.




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