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Editorial & Opinion

El cinismo de un asesino

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 29, mayo 2018 - 12:00 am

Cuando el juez del Tribunal Primero de Sentencia de San Salvador le dictó la condena de 40 años de prisión por dos homicidios agravados, Romel Alfredo Rivas Martínez, de 23 años de edad, no mostró ningún arrepentimiento. Al contrario sonrió. Cuando era llevado a las bartolinas hasta se dio el lujo de pedirle a los periodistas que lo sacaran guapo en las noticias.

El juez lo encontró culpable de doble asesinato en perjuicio de Mario Antonio Hernández Hernández, de 22 años de edad y Fernando Antonio Batres Echeverría, de 40 años. El 30 de agosto de 2016, ambos sordomudos, se perdieron y sin conocer se introdujeron a la comunidad Tutunichapa 4, donde fueron rodeados por varios pandilleros, entre ellos Rivas, quien portaba un arma de fuego y un tubo de metal. A los sordomudos los ahorcaron, pero antes les dieron una paliza con el tubo que duró unos 20 minutos y que les provocó múltiples fracturas.

Los pandilleros cargaron los cadáveres de sus víctimas y los fueron a lanzar a la colonia Guatemala, a pocos metros de donde los mataron. Un testigo protegido declaró e identificó plenamente a los homicidas, de los cuales solo Rivas ha sido condenado, pues los demás huyen o ya han sido asesinados por sus propios compañeros de pandilla.

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La condena contra Rivas fue dictada el lunes 21 de mayo. Un día después este mismo sujeto, tenía otro juicio en otro tribunal de San Salvador, por el asesinato de Aldo Rodríguez, un joven que el 16 de diciembre de 2016, fue asesinado a golpes en la colonia Magaña, cerca de la calle 5 de Noviembre. Rodríguez había llegado a visitar a su novia, cuando Rivas, acompañado de otro sujeto, lo interceptó  y lo mataron dándole una golpiza con tubos de metal.

El segundo juicio contra Rivas fue reprogramado debido a la no asistencia de testigos. La Fiscalía asegura que cuenta con suficientes elementos probatorios para lograr que el juez le imponga por lo menos otros 20 años en encarcelamiento. En otras palabras Rivas, quien laboraba como ayudante en un taller y es miembro activo de una pandilla, podría recibir una condena de 60 años por los tres asesinatos, a cuyas víctimas las asesinó dándoles sendas golpizas con tubos metálicos.


El día en que se suspendió el juicio me acerqué a hablar con él a efecto de detectar algún atisbo de arrepentimiento. “Si supieran todo lo que he hecho, me he dado gusto mandando al infierno a mucha gente” me dijo, mientras sonreía y miraba fijamente las esposas en sus manos. ¿Tú mamá qué piensa de esto? le pregunté y con un cinismo enfermizo me contestó que muy seguramente está orgullosa de él. “En mi casa tengo varios trofeos, soy el más respetado de la Tutunichapa”, expresó mientras se quejaba del dolor que le estaban causando las esposas apretadas. ¿Has sido deportista?, le volví a preguntar y entonces tras una carcajada irónica me respondió, lo que tengo son tubos de todo grosor y tamaño.

Rivas se siente orgulloso de ser pandillero y estúpidamente se considera un héroe en la Tutunichapa 4. Según él, su familia, sus amigos y vecinos lo idolatran porque matando gente ha dado muestras de valentía y de apego y respeto a su pandilla.

Marvin Osmín Portán, un prestigioso psicólogo, al evaluar la conducta de Rivas señala que probablemente  sea un homicida en serie que disfruta quitarle la vida a otra personas causándole mucho sufrimiento. A su vez, muestra una conducta de cobardía, porque siempre actúa con superioridad (armas y objetos contundentes) y además lo hace en grupo. Sin armas y en solitario no es capaz de enfrentar a sus víctimas.

Según Portán, es evidente que Rivas es un inadaptado y compulsivo, estimulado por su pertenencia a una pandilla, consciente de la gravedad de sus delitos. En su alma, como la mayoría de asesinos, carece de remordimiento o arrepentimiento. Tanto es el desprecio por la vida, que desprecian su vida misma y le da lo mismo pasar el resto de su vida en una prisión. Cuando le pregunté a Rivas qué pensaba de pasar 40 años en la cárcel (probablemente 60, si es condenado por el tercer homicidio), sonriendo me contestó que tendría comida gratis, un sitio para dormir y no trabajaría. Así de cínicos son algunos asesinos.




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