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Editorial & Opinion

El contraste que diferencia

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

Sábado 16, Julio 2016 - 12:00 am

OPINIONLa escena ya no es la misma, ni tampoco sus protagonistas. Lo que fue la impactante fotografía captada en su momento de un hombre llevando en su espalda una vieja cocina de cuatro hornillas mientras cruzaba el río que demarca la frontera, o la del niño que sigue a su padre alzando un autobús de juguete sobre su cabeza, mientras el agua le llega a la cintura. Tampoco es la imagen de la espigada y joven madre que dentro de un refugio improvisado de lonas y usadas sábanas, amamanta al bebé que aprieta su pecho, mientras su mirada se pierde en el vacío de la incertidumbre.

Esta vez quienes cruzaron la frontera por el puente Simón Bolívar que divide o une, según se vea, a los estados fronterizos andinos del Táchira y del Norte de Santander entre Venezuela y Colombia, no fueron los colombianos deportados abruptamente, sin consideración de edad, sexo o condición por los esbirros de la Guardia Nacional al mando de ese pequeño personaje de la historia llamado nicolas maduro, sino venezolanos. Treinta y cinco mil personas, desde la seis de la mañana del pasado domingo se aglomeraron ante la barrera que resguardaba el camino hacia la libertad. La libertad para adquirir alimentos, medicinas y productos de higiene.

No, no eran delicadeces, antojos de la pequeña burguesía fronteriza o de agentes enemigos infiltrados, eran amas de casa, oficinistas, empleadas del gobierno, maestras, gente de todos los día que fueron a adquirir arroz, aceite, leche, azúcar, pasta de diente, pañales, toallas sanitarias, harina de maíz para las arepas de todos los días. Nadie los detuvo cuando subieron las barreras a las nueve de la mañana y se precipitaron hacia el otro lado. Simplemente se les dejaba pasar, fue imposible contener, revisar los papeles a cada uno; además, días antes, la Ministra de Exteriores, María Ángela Holguín, quizá en parte para sacarse el clavo de tantos agravios y desplantes desconsiderados de nicolás maduro, había declarado que ante la crisis humanitaria surgida “no dejaremos morir de hambre a nuestros hermanos venezolanos” .

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La mañana siguiente, desmintiendo o corrigendo a los medios de comunicación internacionales que cubrieron la noticia, el Gobernador del Estado Táchira, el teniente José Vielma Mora, aseguraba que la mayoría de las personas que cruzaron la frontera fue para visitar familiares, parrandear o comprar alimentos para revenderlos. Falaces e inoportunos estos comentarios del sanguinario personaje surgido de los cuarteles a la luz de la traición. Pero además, tontos. Cualesquiera de los tres contrargumentos esgrimidos por el gobernador fronterizo, solo evidenciaron la existencia de la crisis humanitaria, la ausencia de libertad y la desaparición de la democracia en Venezuela, según los cánones internacionales.

Ante este pantagruélico espectáculo del país suramericano, hoy en manos absolutas del estamento militar, no el institucional, sino el formado ideológicamente bajo los preceptos del Socialismo del Siglo XXI, contrasta de manera radical, con lo sucedido en el Reino Unido a raíz del referéndum sobre su permanencia o no en la Unión Europea, conocido popularmente o sustantivado como Brexit, con ese parapeto que autoproclaman como  democracia en Venezuela, para vergüenza de cualquier país de nuestra región que se inspira en un modelo que desconoce la voluntad electoral.

El pasado 23 de junio el electorado británico votó a favor de salirse de la Unión Europea, el sí ganó por apenas el 51 %. Irlanda del Norte y Escocia protestaron y exigieron un nuevo referéndum, y hasta sugirieron continuar en la UE al margen de Inglaterra. Una semana después el Primer Ministro David Cameron del Partido Conservador anunció su renuncia (se entiende que si perdió la confianza del electorado, no debía continuar en el cargo). Y ya, el pasado martes, luego de una breve puja por la sucesión, la también conservador Theresa May juró como Primer ministro.

Una de sus primeras declaraciones fue que, a pesar de haber estado por el NO, había que ejecutar la voluntad del electorado que fue por el SÍ, y pasó a crear el Ministerio para la Salida de la Unión, a cargo de David Davis un convencido político de mantener seguras las fronteras del Reino Unido.




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