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Editorial & Opinion

El costo de los trámites

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 26, octubre 2017 - 12:00 am

El que ejerce gobierno cree que controlar cada paso en la atención de servicios y autorizaciones es no solo un deber sino parte del ejercicio de poder y lo hace casi siempre pensando en la conveniencia institucional y no en la conveniencia del usuario, eso ha convertido a El Salvador en un país de demasiados trámites, repetición de procesos, elevados costos operativos y poca congruencia en esos procesos.

El caso más fresco y de patética muestra es el “nuevo requisito” para la licencia de conducir que el VMT introdujo como medida preventiva al elevado número de accidentes, me refiero al examen psicológico, ese control tiene un costo de $5.65 pero se paga en una caja de colecturía en el VMT que recibe a los aspirantes de todo el país diariamente; luego de pagar se le asigna una cita que por la cantidad de personas puede llegar hasta 30 días después del pago; es decir, que para sumar a los otros trámites solo en este requisito el usuario pierde un día para pagar y 30 días de espera para pretender la licencia de conducir, algo valioso y necesario para trabajar o generar dinámica económica al país.

Cada uno en su experiencia diaria de trato con el Estado en general, encontrará una inmensa cantidad de controles y trámites ilógicos, fuera de ley y/o engorrosos que resultan de la decisión de autoridades alejadas de la gente y alejadas de lo que sucede en sus pasillos, escritorios y colecturías.

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Es muy importante que avancemos. Países como Estonia por conclusión y con legislación simple han llegado a auto imponerse eficiencia y ahí el Estado no le pedirá una misma información dos veces, lo cual ayuda enormemente al contribuyente a tener lo que necesita de las instituciones, con un verdadero deseo de servir y no de imponer.

Hacer una cola de horas debería ser motivo de despido para cualquier jefe de colecturía, porque los pagos deberían facilitarse electrónicamente, con tarjeta de crédito y débito, con formularios que pueden llenarse una sola vez y que deberían ser las instituciones las que complementen con la información que ya tienen del ciudadano y no esas mil fotocopias, sellos, firmas y procesos que obligan al contribuyente a demostrar su existencia, cuando las instituciones deberían simplemente validar todo lo que el contribuyente dice, porque ya tienen esa información.


La tramitología es sinónimo de burocracia y la burocracia esconde la corrupción; la prepotencia de nuestros funcionarios y el poder político que los funcionarios quieren hacer sentir a los usuarios, lastimosamente nos aleja del desarrollo, limita la inversión y facilita la mentalidad de la informalidad, recordemos que solo el 25% de los salvadoreños económicamente activos pagan impuestos de manera formal, incluyendo empresas, el resto no está ni en el registro; la mayor parte piensa que hay demasiados requisitos, demasiado tiempo que perder y demasiados costos para crear algo que de dinero, cuando todo debería ser fácil, rápido y barato por no decir gratuito, para que cualquiera pueda sentir que su esfuerzo vale la pena emprenderlo.

El hecho que aún no tengamos firma electrónica, facturas electrónicas, que se requieran siempre fotocopias de DUI y NIT, sellos o cualquier otra inútil necesidad para un trámite nos demuestra lo atrasado que estamos, lo desconectados que están entre si los centros neurálgicos del control institucional y lo atrasados tecnológicamente que el país está, no podemos darnos estos lujos en pleno siglo XXI cuando lo que existe fuera de nuestras fronteras está al alcance de un click  y un formulario sencillo, las embajadas, los consulados, las entidades de apoyo a empresas, todos en el mundo ahora son servicios digitalizados y hasta migración en EE.UU. es ahora automatizado, pero ¿de qué depende eliminar los trámites? ¿De los recursos? En una parte si, pero en otra y que es la más difícil de encontrar en el sentido común de nuestros gobernantes y la visión de servir a la gente, de comprender que las oficinas públicas deben desaparecer físicamente para convertirse en administradores de información y no de papeles. Tenemos reto por delante.




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