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Editorial & Opinion

El fiscal que necesita el país

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Miércoles 16, Diciembre 2015 | 12:00 am

Para algunos la creación de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en El Salvador (CICIES) es un tema estrictamente político y hacia ese enfoque lleva, con toda alevosía, la discusión del tema. Pareciera que en el país crear una CICIES es una lucha de intereses entre la izquierda y la derecha, donde el grueso de la población es lo que menos importa y por ende no se le toma en cuenta.

El país necesita un fiscal general sin compromisos ni ataduras políticas, partidarias,  económicas o sectoriales. Necesitamos un fiscal general comprometido con la defensa de los intereses del Estado y la Sociedad, tal como lo estipula el Artículo 193 de la Constitución.

En ese sentido, el fiscal general debe ser el más capaz y no el de más “conectes” políticos o el que reciba más “apadrinamientos” partidarios o de sectores económicos o grupos sociales. Los diputados deben saber elegir y no dejarse llevar por “amiguismos” o “compadrazgos”. Aunque les cueste a los parlamentarios deben de anteponer su espíritu estadista y responder a la sociedad eligiendo al más idóneo.

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Los diputados no solo deben elegir a un buen fiscal general, sino también exigirle resultados. Eso sí, sin presionarlo o reclamarle por “favores” concedidos. Se le debe exigir que ataque con todo a los criminales y corruptos, sin importar su procedencia, su color político o su condición social. Delincuente es delincuente y hay que perseguirle independientemente de quien sea.

La conducta del fiscal general debe ser intachable. Debe manifestarse siempre como una persona ecuánime y equilibrada, pues sobre él o ella pesa la enorme responsabilidad de dirigir la investigación de delito y de mostrarse parte en los procesos para procurar la defensa de la legalidad.

Recordemos que el fiscal general representa los intereses del Estado en el ámbito nacional e internacional y que es, a través de sus auxiliares, el responsable de llevar al banquillo de los acusados a los ciudadanos que infringen la ley. Una mala apreciación del sentido de legalidad o justicia conlleva a flagrantes violaciones contra la dignidad de las personas, por lo que requerimos un fiscal ampliamente conocedor de las leyes, respetuoso de los derechos humanos y amante de la justicia.

Urge un fiscal honesto, honrado y honorable. Valiente, que persiga al delincuente común, al organizado y al de cuello blanco. Que no le tiemble el pulso a la hora de acusar cuando tenga pruebas y que no le tema al poder económico ni a las presiones sociales. Urge un fiscal que evite las negociaciones “bajo la mesa” para bajar o subir  la intensidad de las investigaciones en procesos delicados o mediáticos. Se necesita un fiscal amigo de la transparencia y enemigo de las demostraciones “gratuitas” de poder. Un fiscal que no solo sea un buen fiscal, sino también que lo parezca.

En el fútbol se dice que para armar un buen equipo ganador más que nombres se necesitan hombres (y mujeres) dispuestos a sacrificarse luchando con ahínco y con mucha perseverancia. Jugadores que pongan alma, corazón y vida. Así mismo necesitamos un fiscal fuerte. Alguien que se entregue de lleno y que tenga la mística suficiente para irradiar ese empeño hacia sus auxiliares. Un líder dentro de su institución que se gane el respeto de la sociedad.

En El Salvador se tiene la sensación de que reina la impunidad en muchos casos y que a veces prevalecen criterios subjetivos en la investigación de un delito. Se va con todo contra el hechor delictivo de bagatela y se trata con suavidad al criminal y al corrupto.

Por eso requerimos un fiscal que rompa moldes tradicionales y que se sujete estrictamente al mandato constitucional. Estoy seguro que entre los candidatos que aún sobreviven para el cargo hay muchos buenos profesionales del Derecho, capaces de llevar las riendas de una institución como la Fiscalía General de la República. Hay que buscarlo y elegirlo con mucho criterio.

Una mala elección de un fiscal general será responsabilidad exclusiva del pleno legislativo. Por eso deberían comenzar descartando a los que tienen “apadrinamientos” partidarios, historial político o trayectoria de dudosa reputación por haber estado involucrados en situaciones fuera de la ley. Al nuevo fiscal hay que escogerlo correctamente, aunque después le toque que investigar a quienes lo escojan. El país necesita un fiscal general vigoroso, independiente y sobre todo eficaz contra todo tipo de delitos.

 



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