Cerrar [X]

Editorial & Opinion

El horror de los cementerios clandestinos

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 22, mayo 2018 - 12:00 am

Bruno era ahijado de mis padres, siendo niño fue llevado a Estados Unidos a vivir con su madre. En 2010, a sus 22 años de edad, regresó al país para realizar un trámite porque estaba en proceso de convertirse en ciudadano estadounidense. Apenas tenía tres días de estar en el país cuando varios sujetos lo privaron de su libertad en Santa Tecla. Seis meses después su cadáver fue encontrado en un cementerio clandestino en la zona rural de Colón. En dicha fosa clandestina fueron encontrados seis cadáveres.

En el país estar desaparecido casi equivale a estar muerto, muy probablemente enterrado en algún cementerio clandestino. Durante el período de la “tregua” disminuyeron los homicidios, pero aumentaron las extorsiones y desapariciones, especialmente de jóvenes. Las estadísticas indican que de cada diez personas desaparecidas, siete son menores de 30 años.

Desde 2009 alrededor de 15 mil personas han sido reportadas como desaparecidas y unos 600 cadáveres han sido exhumados de fosas ilegales. A diario decenas de familias acuden al Instituto de Medicina Legal para tratar de identificar víctimas encontradas en distintos cementerios clandestinos, con la “esperanza” de que sea el cadáver de su pariente. Postes y paredes de San Salvador y otras ciudades sirven de gritos de denuncia de quienes colocan las fotografías de sus familiares desaparecidos.

publicidad

Antes  se pensaba que las fosas clandestinas las hacían las pandillas en la zona rural, pero eso no es cierto, pues se han encontrado cementerios ilegales en la zona urbana, en el mismo corazón capitalino, por ejemplo en el barrio San Esteban, donde a pocos metros de la sede central de la PNC, los pandilleros  convirtieron un patio en una fosa. Recién, la Fiscalía dio a conocer el hallazgo de un cementerio clandestino en el barrio Modelo de San Salvador, en una propiedad que funcionaba como taller. Ahí se encontraron cuatro cadáveres que se cree se trata de un estudiante de la zona, un cobrador de la ruta 12 y dos pandilleros rivales a la mara que opera en el sector.

Se han conocido cientos de historias de pandilleros que obligan a sus víctimas a cavar su propia fosa, luego los torturan, los matan y los desmiembran. Los entierran y pasan días, semanas, meses, años, lustros, décadas y en más de 13 mil casos nunca son encontrados. Es el caso de Luis García, un joven que cuando desapareció en 2009 tenía 20 años y hasta la fecha no ha sido encontrado, aunque a sus familiares les contaron que estaba enterrado en un cementerio clandestino en la zona rural de Armenia. Sus  familiares se aburrieron de acudir a las instancias correspondientes, pues nunca encontraron ayuda.


Tan cínicos son los pandilleros que en las redes sociales pululan vídeos de ejecuciones y de enterramientos de cadáveres, vídeos que solo los asesinos pudieron hacer. Deberían reformarse las leyes para incluir como delito el solo hecho de enterrar un cadáver en una fosa clandestina. Al homicidio agravado se le debe endosar el agravante de entierro clandestino y agregarle unos 20 años más de prisión.

Regina, cuyo hijo Ernesto está desparecido desde 2014, vive a diario la angustia de no darle una cristiana sepultura a su hijo. Ella ya sabe que su hijo está muerto, porque un pandillero criteriado confesó los hechos y dio a conocer la zona donde lo enterraron a él y a otros, en la periferia de Olocuilta. La Fiscalía exhumó varios cadáveres en el sector, pero no el de su hijo, lo que hace creer que hay más fosas hechas por pandilleros para enterrar a sus víctimas.

La historia de Regina es la misma de muchas madres que recorren cárceles, hospitales y cualquier institución posible, en busca de sus hijos desaparecidos. Quien busca a un desaparecido (a) lo que menos quiere es que le confirmen que su pariente está muerto, mucho menos en alguna fosa ilegal. Por desgracia, hay decenas y quizá hasta cientos de cementerios clandestinos que todavía no han sido ubicados o que, en algunos de los casos, todavía no los abren a pesar de que ya se sabe donde están.

Israel Ticas, criminalista de la Fiscalía General de la República es de la idea que toda persona que tiene más de tres días de desparecida ya está muerta. Fue el caso de Bruno, el ahijado de mis padres, a quien mataron  simplemente por ser joven.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.