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Editorial & Opinion

El imperio de la justicia

Jaime Ramírez Ortega / Consultor Legal y de Negocios

Lunes 15, Febrero 2016 - 12:00 am

La Biblia nos enseña. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. (Romanos 12. 19-21).

También hay otro texto bíblico que hace referencia a la ley de la siembra y la cosecha. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. (Gálatas 6:7). Introduje al inicio del artículo estos dos textos bíblicos, debido a la fuerte polarización en la que nos encontramos en la actualidad, donde un grupo de políticos han manipulado la mente y los corazones de muchos salvadoreños.

Para que nos hagamos pedazos entre nosotros y elucubremos improperios hacia todos aquellos que piensan diferente. Mientras esto sucede, a luz del día, la clase política dominante sigue en sus vidas suntuosas, escondiendo al corrupto, tapando las irregularidades, desvaneciendo las mentiras, diluyendo la verdad con verborrea, cubriéndose de una falsa moralidad insondable.

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Y hay de aquellos que se atreven a confrontar al jerarca político, por actos de corrupción o peor aún, que se les vaya a tocar uno de los suyos que ha sido involucrado en actos irregulares, porque los defienden como una leona protege a sus cachorritos, a sabiendas que nadie puede progresar tan rápido, ni comprar diez vehículos en un periodo de tres o cinco años, y menos pagar deudas anteriores al cargo público arriba de los $175.000 a menos que se haya sacado la lotería.

De modo que éste es el escenario que no ven muchos fanáticos, porque la ideología les ha nublado el buen juicio, descalifican a los adversarios a partir de la calumnia y la difamación, o lo que es peor: utilizan los recursos institucionales para perseguir a sus detractores, pero no son capaces de sostener un verdadero debate en el que imperen las ideas como vía legítima que conduzcan a la concertación.


Por ejemplo, el caso del expresidente Mauricio Funes, es el modelo a lo que me refiero. Cuando él era presidente tuvo la oportunidad de liderar al país hacia el diálogo y conducir a las nuevas generaciones por el camino del respeto y la tolerancia. No obstante hizo todo lo contrario, su mensaje siempre fue de odio deliberado hacia sus adversarios incluso utilizó la institucionalidad para perseguir a sus adversarios.

De tal forma que el ciclo de violencia y de venganza se ha perpetuado, y se ha cumplido lo que dice la Biblia: todo lo que el hombre sembrare eso segara. Ahora bien, debemos todos salir del ciclo de venganza, y dar paso a que la institucionalidad funcione; aunque he de decir con claridad que existe persecución política hacia el expresidente Funes, ya que su caso debió ser revisado por orden de llegada.

Es decir, que la Corte Plena, debió enfocarse en los casos más antiguos, y no en los más recientes, lo cual deja en evidencia una vendetta, y esto es lo grave del asunto, porque se está utilizando la institucionalidad para perseguir a los adversarios. Tampoco significa que no se haya cometido ningún ilícito de parte del expresidente Funes.

Pero no es menester de los ciudadanos ni de los fanáticos hacer juicios de valor y menos condenar públicamente al expresidente Funes, dado que según la Constitución, goza de la presunción de inocencia; por lo tanto, debemos de ser prudentes para no emitir opinión que dañe el honor, principio que él negó a sus adversarios políticos. Por lo tanto, la competencia de culpabilidad o de inocencia queda sujeta a la justicia salvadoreña.

Y será un juez quien determine si el expresidente Funes se enriqueció o no de las arcas del Estado, así que sería bueno que comencemos a practicar la tolerancia y la misericordia hacia el prójimo, porque no se sabe en qué momento nos toque estar frente a la justicia.




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