Nacionales

El inframundo de Conchalío

Iliana Cornejo

lunes 19, marzo 2018 - 6:23 am

No es necesario estar muerto para ir al infierno. Yo estuve en el. Cometí un error, una irresponsabilidad. Portaba un arma en mi vehículo sin su licencia y me detuvieron. Ahí empezó una pesadilla que, por suerte, duró 72 horas.

Por el hacinamiento en las bartolinas de la Policía Nacional Civil, de Antiguo Cuscatlán me enviaron a Conchalío, en La Libertad. Sí, en la costa donde las temperaturas en las noches pueden ser generosas, pero en el día se sienten como el mismo infierno.

En la delegación había una pizarra, donde tenían tabuladas las siete celdas: de la celda uno a la seis habían entre 43 y 50 personas en cada una, la séptima solo nueve. La celda 5 y la 7 eran de reos comunes, con la diferencia que en la primera habían 50 personas. El resto de celdas era para pandilleros, según esa pizarra.

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Me metieron en la celda 5, un lugar de unos cuatro metros cuadrados donde no hay luz eléctrica y la luz natural es poca. Paredes de ladrillo rojo sin repellar y suelo desgastado, al punto de grava.Una puerta pequeña y una ventanita por donde los policías pasaban la comida, a quienes tenían la suerte de tenerla.

El olor a podrido llegaba hasta la médula. Mi celda era de comunes pero había una estructura clara ¡Es paja que son comunes! El que entra ahí se presume su inocencia, todavía, pero es un infierno. A mi me ordenaron donde sentarme. Los que están enfrente y los que están arriba (en hamacas simuladas) son los que tienen control de la situación.


-¡Ay chelito, andá limpiándote las nalgas!- fue el saludo de bienvenida, yo ni hablar quería en medio de escupidas. Me senté en medio de dos hombres, hasta el fondo de la celda. Todos apiñados. Estaban llenos de ‘pirruña’. Junto a los que estábamos al fondo, un hoyo, un chorro en el suelo y un barril con agua. Era el baño, el chorro para tomar agua y el barril para bañarse.

Es una pirruña inimaginable. Todos están enfermos. Todos. Tienen enfermedades, la pirruña y los furúnculos. Entiendo que buena parte de esa gente tiene enfermedades respiratorias ¡50 personas! es como el lugar donde meten pollos.

Los dos hombres a mi lado estaban desnutridos y llenos de pirruña. Los dos tenían más de un año de estar en detención provisional. Ahí no tenés juzgada a la gente, hay gente culpable y gente inocente. Hay de todo.

Si usted quiere dormir se toman turnos. Hay gente que duerme parada, que se agarra contra la pared, mientras los que caben se tiran ‘de cantito’ (pegados glúteos-cabeza) en ese suelo. No se duerme y cada ciertas horas los que están parados se acuestan.

No sé cuánto tiempo estuve ahí. Dos horas, estimando, pero los policías me sacaron. Abrieron la puerta y salí. Me chilguetearon. Un ambiente bien hostil. Salí y me metieron a la celda siete, ahí es otro mundo. Ahí estás en una bartolina que vos la pensás en Estados Unidos. Es un lugar incómodo, no es un lugar bonito, pero tenés un piso de cemento, en el otro lugar era grava, un piso de cemento desgastado.

Me sacaron alrededor del medio día, yo no pasé ahí esa noche. Cuento lo que otros me contaron que habían estado en esa celda. En la siete me dieron la bienvenida, ahí es una celda de militares, policías, menores de edad y recomendados. Esas son las categorías que entran en esa celda. Recomendados del gobierno, supongo yo.

Me metieron a esa, yo supongo que fue la investigadora de tránsito que me arrestó fue quien llamó. En el momento que yo llegué no estaba el jefe de las bartolinas, supongo que eso fue, sino no sé por qué me cambiaron de celda, pero alguien intercedió por mi y me cambió la vida.

La celda era tipo VIP. Era doble de tamaño. Como seis por seis metros, más o menos. Eramos nueve reos. Había una pila, un baño con puerta y en la noche te daban unas colchonetas para dormir y una frasada. Lo primero que me dijeron los compañeros de celda fue “empiece a echarse esta mierda ya”, y me dieron una pomada.

Un militar que estaba detenido me preguntó:- ¿le pica algo?

-Sí- le dije.

-Vaya, échese (la pomada)- ¿Se ha topado con alguien?-

-Sí-

-¿Dónde?-

-Aquí- (y señalé la rodilla)

-Vaya échese- me dijo.

Mi segundo y tercer día lo pasé con bastante tranquilidad. Son otro tipos de angustias.

Mis compañeros de celda eran dos mareros criteriados, un par de GRP (el extinto Grupo de Reacción Policial), un soldado que pertenecía a estructura, un coronel y un baboso que se lo habían violado 14 pandilleros. “Usted viene del inframundo”, me dijo el coronel. Se me quedó grabado porque es la mejor forma de describir ese lugar.

 

“Debería ser un trato humano”

Los compañeros de la VIP estuvieron en el inframundo, cuento lo que ellos me contaron. Todo se comparte. Con suerte, se logra media tortilla. Los que entran robustos terminan delgados, con enfermedades. Yo estuve tres días ahí, me dio pirruña, me enfermé; por suerte mi abogado me trajo medicinas.

¿Sabes quien paga el agua y la comida cuando estás ahí? la misma gente. A mi me llegaban a pagar mi comida, a mi no me ofrecieron ni un vaso con agua.

Hay dos comedores fuera de las bartolinas, ellos venden el agua. Tu abogado, porque no puede llegar un familiar, paga la comida en un comedor y te la mandan; no es tuya, la compartís con quien esté ahí.

Si estás en el inframundo, los que están primero, agarran primero y te van tirando lo que sobra. Lo que yo escuché, del coronel y otro compañero de celda es: “a mi me llegaba media tortilla, con suerte y lo que hacía era ver si alguien tenía salsita con grasa”. Nadie te paga nada, el gobierno no te da ni agua.

En la última celda había agua, en el inframundo hay un chorro pegado al suelo y como no hay presión, la succionan; si de verdad la necesitas, agua escupida es lo que tomás y sino los familiares tienen que pagar el galón de agua.

En una de las noches que estuve, los del inframundo gritaban: “¡Se está muriendo, se está muriendo! ¡en la cinco, en la cinco! ¡se está muriendo!”. A los cinco minutos, no dejaban de gritar, se metieron (los policías) y sacaron un muchacho tullido. Lo pusieron en el suelo, afuera de las celdas.

Uno de los muchachos que estaba ahí, en la celda siete tenía suero, porque la policía se los deja entrar a los abogados; nosotros les decíamos: “¿Quieren que le demos suero?”. Permitieron que dos de nosotros salieramos y le dimos suero en un vaso. Lo tuvieron tres horas afuera y hasta el color le cambió ¿qué hicieron? ¡lo volvieron a meter (a la misma bartolina)! Yo dije está por morirse.

¿Yo no sé qué logran con eso? gente que está ahí, uno o dos años ¡se están pudriendo! Seguro que ahí hay muertos. Yo estuve tres días y no vi ninguno, pero ese incidente yo lo viví. ¿Qué logran con eso? Si hay gente inocente ahí, los traumaste.

¿Será que es bueno, en una bartolina, mantener a los tipos que han cometido un delito contra otro ser humano, llámese violación, homicidio con los que no tenían una licencia, los que robaban una gallina? No sé qué lográs apiñarlos a todos.

A ellos los están pudriendo ¿no sé qué sacan de eso, no sé qué van a lograr con eso? A los mareros que están ahí, no los sanaron, no los reinsertaron, les generaron más odio. La única conclusión a la que llego es que hay una guerra entre pandillas y policías y este es el castigo que la policía le imprime a esta gente, mientras los tienen en su custodia en las bartolinas.




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