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Editorial & Opinion

El modelo político de la post-guerra se acabó

Aldo Álvarez / Abogado y Catedrático

jueves 19, julio 2018 - 12:00 am

Para desgracia nuestra, hasta este día, los intereses de los partidos y sus cúpulas son los que han orientado la actividad política en el país, lo cual se manifiesta, entre otras cosas, en el control de las instituciones del Estado, y en la percepción de la desinstitucionalización del país. Así pues, parece no haber entre la población una percepción clara que los índices de corrupción pública hayan disminuido sustancialmente, y que ésta parece “institucionalizada” y en ascenso.

Cada vez más lo que parece haber allá afuera es rabia más que apatía, la gente parece haber perdido la esperanza en que la actual clase política va efectivamente a resolver los grandes problemas del país, tales como la inseguridad, los bajos niveles de ingresos, el desempleo, la falta de adecuados y efectivos servicios de salud, la falta de cobertura y educación de calidad, etc. Y han perdido la fe en esta clase política, precisamente por el comportamiento que la misma ha tenido en todos estos años, pues en vez de hacer lo pertinente para profundizar el modelo democrático y empoderar al ciudadano, hicieron lo contrario, se empoderaron los partidos y convirtieron a la “partidocracia” en el modelo de “democracia representativa” para el país.

Lo anterior por supuesto ha sido beneficioso para los intereses de las cúpulas de los partidos y para buena parte de la militancia de los mismos, quienes para el caso en poco tiempo llegaron a llenar una buena parte de las plazas públicas, aun en detrimento de otros criterios -como la llamada “meritocracia”- más democráticos y transparentes para ingresar al servicio público.

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A lo anterior se suma el hecho de que el modelo “partidocrático” no ha podido resolver los problemas estructurales de este país, y lejos de eso, éstos se han agravado -como en el caso de la seguridad pública y la distribución equitativa de la riqueza-. Así pues, de esta forma construyeron un modelo político adonde diseñaron un Estado que respondía -y de muchas formas responde- a los intereses de las cúpulas partidarias y no a los de las grandes mayorías, tal cual debe ser en un modelo verdaderamente democrático.

Por ello, estoy convencido que el modelo de Estado así diseñado y ejecutado de la post-guerra se ha agotado completamente, pues ha probado ser ineficaz e incapaz de hacer lo que un modelo político en un sistema democrático debe hacer: crear las condiciones para que los grandes intereses, demandas y necesidades de las mayorías en la sociedad obtengan solución y respuesta de parte del Estado, a lo que corrientemente se le llama “gobernabilidad”.


Vivimos por tanto un estado de crisis de gobernabilidad, que aunque no estamos en un nivel de ingobernabilidad total, estamos peligrosamente cerca. Pienso que si bien el Estado no es aún fallido, podría llegar a serlo, pues muy a pesar de lo que se diga desde los estamentos del gobierno, el Estado ha fallado y falla en ciertos niveles de satisfacción de demandas de los ciudadanos, y ello es inaceptable e improponible frente al humilde electorado.

Lo anterior ha creado un Estado “disfuncional”, porque funciona más o menos en ciertos niveles y en otros no funcionan para nada. Un Estado disfuncional además en un nivel de crisis profunda de gobernabilidad, con serios peligros de convertirse en un verdadero Estado fallido si llega a fallar hasta el punto de la ingobernabilidad.

Debemos aceptar que el modelo político partidario de la post-guerra ya no funciona  y ha fallado, ya no da para más; por tanto, la primera gran reforma política en este país debe ser la adopción de un nuevo modelo de partidos políticos, pero también de un nuevo modelo de Estado. No podemos aceptar que por la inadecuada y disfuncional actuación de la mayoría de partidos en el país, se ponga en peligro el modelo de partidos políticos, como los válidos, adecuados e indispensables intermediarios entre la sociedad y el Estado, y nos estemos encaminando hoy por hoy a un Estado fallido, debido a la incapacidad de esa clase política de darle soluciones a lo que es realmente importante para las mayorías de la sociedad.

Debemos aceptar, como se debe, que el actual modelo político adoptado a partir de los acuerdos de paz se agotó, que ya no da para más, y que su torcida consecuencia más grave fue la instauración de la “partidocracia”, que tanto daño le ha hecho al país, y que es hora que termine de una buena vez por todas.




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