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Política

“El neomarxismo es una amenaza de nuestras libertades”

Gerson Chávez

lunes 11, diciembre 2017 - 12:04 am

Nicolás Márquez y Agustín Laje, escritores liberales conservadores de Argentina.

 

Los escritores argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez visitaron el país para presentar el “El libro negro de la nueva izquierda” y dirigir el conversatorio “Neomarxismo, una amenaza real para América Latina”, organizado por el Grupo 300 en El Salvador. Ellos señalan que el fracaso de la izquierda tradicional marxista ha provocado el surgimiento de un “neomarxismo”, una especie de marxismo cultural que deja atrás la “lucha de clase” para dar paso a una “una lucha cultural”. Su tesis es que la izquierda ya no se vale del “terrorismo” y “la violencia política” para lograr sus fines, sino de “discursos amables” como la inclusión, la diversidad, la equidad, los derechos humanos y el lenguaje de género. Estos conferencistas dicen que la “nueva lucha cultural” sigue siendo una amenaza a las libertades y los valores de la civilización.

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¿Cuál es la diferencia entre en el neomarxismo con el marxismo tradicional?


AGUSTÍN LAJE: El marxismo tradicional era un marxismo basado en el concepto de lucha de clases, tanto así que Marx alegaba que la historia del hombre era de la lucha de clases. Una lucha de clases implica una confrontación entre sujetos políticos que quedan definidos por su relación con los medios productivos, es decir, quedan definidos por su relación con la economía. El neomarxismo ha dado un giro a ese planteamiento y ahora los nuevos sujetos revolucionarios de esta nueva forma izquierda quedan definidos por su relación con la cultura.

Ya no se plantea una lucha de clases al estilo del siglo XX, sino que se plantea una lucha cultural que ha dejado de lado las contradicciones existentes o parcialmente de lado las contradicciones existentes entre clases sociales. Por ejemplo, la lucha del obrero contra la burguesía, tan típica en revoluciones marxistas clásicas y ha pasado a construir nuevos conflictos sociales a partir de los cuales emergen nuevos sujetos revolucionarios. La categoría del género viene a suplir el agotamiento político de la categoría de la clase social. La clase social se agotó porque el obrero del primer mundo dejó de interesarse por las prédicas de izquierdas. En los contextos económicos del siglo pasado durante la década del cincuenta, sesenta, setenta, los obreros se distanciaron de las izquierdas sustancialmente porque dejaron de estar tan preocupados por modificar el mundo y empezaron a estar más preocupados por cambiar de automóvil. Las izquierdas se dieron cuenta que tenían que reformarse y se da el paso hacia el neomarxismo o el marxismo cultural que deja atrás la lucha de clase y plantea una lucha cultural; deja atrás al obrero y empieza a construir nuevos conflictos sociales de los cuales emergen nuevos sujetos políticos, por ejemplo, la dicotomía entre hombres y mujeres, la dicotomía entre homosexuales y heterosexuales a partir de lo cual surgen las demandas LGBT. Fuera de la categoría de género, otro tipo de conflictos que tienen que ver con el indigenismo, multiculturalismo, ambientalismo radical.

 

¿Por qué cree que el neomarxismo es una amenaza para América Latina?

NICOLÁS MÁRQUEZ: Porque ataca las libertades individuales y porque el neomarxismo no es ni más ni menos volver a la carga, con las pretensiones revolucionarias y autoritarias que la izquierda tuvo en el siglo pasado, pero  a través de nuevas formas de conflicto, la promoción de nuevas formas de conflicto y es una amenaza por el objetivo final, que es la destrucción de nuestras libertades y de los valores de nuestra civilización. La diferencia es que antes se presentaba bajo la guerrilla, el terrorismo, la violencia política, y ahora se presenta bajo discursos amables, inclusión, diversidad, equidad, derechos humanos. Tiene toda una plataforma discursiva engañosa, fraudulenta que penetra en la opinión pública, precisamente por la amabilidad lingüística con la cual se exhibe y se muestra. Es peligrosa porque además es intangible, sin dolor, no hay terrorismo, hay guerrilla, ya no hay violencia, no hay muertos. Va penetrando de la manera más impactante y tiene la peligrosidad inherente a los propósitos propios a la izquierda, tiene la preligrosidad que la reacción tarda en emerger porque no se percibe la agresión.

 

¿Quiénes lideran estas ideas neomarxistas en América Latina?

AGUSTÍN LAJE: Estas ideas tienen su origen fuera de América Latina, en la década del cincuenta, sesenta y sesenta en los países del primer mundo, lideradas por gente que provino del marxismo y que se dio cuenta que al marxismo había que darle una vuelta de tuerca para occidente, que había que reformarlo, completarlo con otros tipos de enfoques, generar nuevas máscaras, nuevos discursos, nuevos lenguajes, nuevas tácticas y nuevas estrategias. En América Latina, esto es todo muy nuevo, comienza a aparecer como consecuencia de la derrota de vieja izquierda, donde nos encontramos la vieja izquierda tiene su fin en el año 1992 con los pactos de paz. En Colombia, por ejemplo, la vieja izquierda tiene su fin con los pactos de paz de este año; todo esto es muy nuevo. En los pactos de paz de Colombia para poner fin al conflicto armado con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) aparece en esos documentos, la palabra género ciento once veces. ¿Qué tiene que ver el género con un documento para sellar el fin de un conflicto bélico? Absolutamente nada, a menos que atendamos, la estrategia que nosotros develamos en el libro que es que la vieja izquierda necesita muchas veces de este tipo de puentes para implementar un modelo que se aplicaba en el primer mundo, mientras en América Latina todavía se aplicaba el modelo de guerras de guerrillas que era muy propio de las viejas izquierdas.

Agustín Laje es un escritor argentino y licenciado en Ciencias Políticas. Es director del Centro de Estudios LIBRE, fundación de ideología liberal-conservadora, de Córdoba, Argentina, que busca proteger la libertad individual, la propiedad privada y el republicanismo. En 2016, publicó junto a Nicolás Márquez “El libro negro de la nueva izquierda – ideología de género o subversión cultural”.

 

¿Creen que El Salvador está siendo amenazado por esta nueva corriente de pensamiento? y si lo creen así ¿desde cuándo?

NICOLÁS MÁRQUEZ: Todo el mundo occidental, toda la civilización occidental. En El Salvador, esta explosión seguramente empezó a emerger a partir del Acuerdo de Paz con un camino seguramente muy lento, porque al ser un Acuerdo de Paz tan reciente, esto ha tomado mucho tiempo en madurar y, si bien han dicho que hay muchas cuestiones de género que hoy están en la agenda y están en la legislación, están mucho más atrasados que otros países por una cuestión, que ustedes terminaron un conflicto militar hace apenas 25 años años cuando el grueso de los países de la región terminaron ese mismo conflicto militar hace 40 años. Entonces, ustedes están siendo agredidos con un atraso, pero no por eso la peligrosidad es menor. Hay otro dato también: los elementos por los cuales ustedes están siendo gobernados han sido integrantes de la guerrilla, formados en una escuela de la izquierda clásica, izquierda violenta y no terminan de concebir esta nueva forma de izquierda revolucionaria. Las nuevas generaciones, los hijos de los actuales guerrilleros, de los actuales funcionarios o los militantes que vienen en las organizaciones juveniles ya están consustanciados con la nueva forma revolucionaria, lo que pasa es que todavía no tienen el poder. Van a ser los herederos políticos de ellos y van a estar mucho más consustanciados con esto.

 

¿Cómo ha evolucionado la idea de algunos líderes de la izquierda sobre la expropiación de los medios de producción?, ¿debería generar preocupación?

AGUSTÍN LAJE: Eso es una consigna típicamente de vieja izquierda. Lo que la nueva izquierda propone, ya no viva voz, sino en silencio, es la expropiación de la manera de pensar. ¿De qué forma? Modificando por ejemplo, el lenguaje, generando leyes que manipulen el habla de los ciudadanos; leyes que permitan la circulación de algunos discursos y prohíban la circulación de otros. Toda esta censura se hace en nombre de los derechos humanos, la tolerancia, la libertad de expresión, el pluralismo, entonces es doblemente peligrosa. Lo que la vieja izquieda proponía y algunos anticuados que son dignos de un museo es sobre la expropiación de los medios de producción. Pero realmente para expropiar los medios de producción uno necesita una revolución armada exitosa, implica destruir al aparato policiaco y militar de un Estado a hacerse de ese Estado y expropiar los medios de producción. Ese camino ya ha sido intentando a lo largo del siglo XX y fracasó. Entonces, yo no lo tomaría muy en serio. Ese discurso más bien es un tipo que o bien vive en el pasado o bien quiere agradar a sectores recalcitrantes de las viejas izquierdas.

 

¿Cuáles son sus recomendaciones?

AGUSTÍN LAJE: Es un problema ya no sexológico, ya no exclusivamente religioso, teológico, sino que es un problema fundamentalmente político porque sus orígenes, causas, objetivos y sus propósitos son políticos. Eso es lo que nosotros mostramos en el libro. Tomar conciencia que es un problema político tendría que idealmente llevar a la acción política. Lo que a nosotros nos parece más importante es la movilización social política, las instituciones de la sociedad civil que advierten esto como un peligro que se puedan movilizar y hacerles saber a sus políticos qué es lo que quiere, en este caso, el pueblo de El Salvador. Ya se ha visto que este remedio, este antídoto ha funcionado en países de América Latina; Perú es el caso más emblemático. Una sana reacción de la sociedad civil, de los padres de familia, de gente que aprecia su libertad individual, la identidad nacional, las tradiciones, una sana reacción que se transforme en un movimiento social puede modificar el rumbo de la política institucional.

 

¿Cuáles son las alternativas al marxismo?, ¿qué defectos le ve al capitalismo?

AGUSTÍN LAJE: Creo que la diferencia entre el marxismo y los teóricos del capitalismo es que los primeros pretendieron crear un paraíso terrenal. Lo que se ofreció siempre fue una sociedad utópica, ideal. En cambio, los teóricos del capitalismo, entiendo que lo que buscaban era una sociedad perfecta dentro de las imperfecciones del ser humano. El capitalismo no es un sistema perfecto, tanto así que se habla por ejemplo, de las fallas de mercados, los monopolios, etcétera.  Dentro de las altenativas económicas que se nos ofrecen, entre el socialismo y el capitalismo como grandes sistemas ideales, me quedo con el libre mercado, con un sistema que tienda hacia el libre mercado.

 

NICOLÁS MÁRQUEZ: Yo te diría que el capitalismo es un sistema imperfecto por la sencilla razón que deja al hombre actuar y el hombre es imperfecto por naturaleza y definición. Yo creo que el capitalismo acepta la realidad tal como es e intenta modificarla para el bien, en la medida de las posibilidades humanas y las libertades.

 

AGUSTÍN LAJE: Creo que este tema quedó bastante saldado con el fin de la Guerra Fría. No nos olvidemos que el fin de la Guerra Fría fue porque un sistema no se mantuvo en pie más porque el sistema económico no funcionaba. Los burócratas soviéticos, por ejemplo, mandaban a su gente a Estados Unidos a buscar los folletos de los precios de Estados Unidos para saber cuánto costaban las cosas, habían perdido la noción de cuánto costaba un vaso de agua porque sin mercado se anula el sistema de información que fluye a través de la institución.

Nicolás Márquez es escritor y abogado originario de Mar del Plata, Buenos Aires, de ideología liberal conservadora, católico. Ambos son conferencias internacionales que desarrollaron el conversatorio “Neomarxismo, una amenaza real para América Latina”. “El libro negro de la nueva izquierda” fue presentado la semana pasada en el país.




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