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Editorial & Opinion

El nuevo marxismo

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 14, diciembre 2017 - 12:00 am

La llegada al país de los argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje marca un punto de inflexión en la lucha contra la ideología de género en el país, porque no solo lograron abrir ojos a la realidad, sino que pudieron elevar el tema a la dimensión real de lo que promueve esa ideología basada en la explotación política de las diferencias y preferencias sexuales de los seres humanos bajo el concepto de derechos humanos totales.

Lo que parece un pequeño juego de palabras de los y las, o el reclamo de derechos humanos apoyados bajo el tema de la libertad de hacer y decidir, poco a poco se ha ido convirtiendo en la deformación misma de la naturalidad humana que sobrepasa los derechos de otros para conseguir los propios. En ese sentido, el aborto es como cualquier otra decisión relacionada a quedarte con algo o tirarlo a la basura, el homosexualismo disfrazado de derecho al amor se convierte en la conformación de una nueva familia anti natural, anti funcional y sin futuro, pero muy libre para quienes deseen formarla adoptando niños, como si se tratase de comprar mascotas, el derecho de ser contra el derecho de tener y la visión del amor reducido al placer sexual.

La ideología de género está modificando la educación, motiva a que los niños desde los tres años comiencen a verse como objetos sexuales y a experimentar con su cuerpo, para desarrollar su verdadera identidad, se trata de que los niños por sí mismos descubran si son hombres o son mujeres y se juega con sus mentes, se les obliga a vestirse de mujeres si son hombres y viceversa, se les dice que la masturbación es buena y se les habla de que sus impulsos sexuales deben ser seguidos sin restricción, que no importa si eres homosexual o lesbiana o que si no lo eres puedes serlo; es decir, los menos tratando de confundir a los más desde el gobierno y las instituciones, porque eso se hace desde la escuela y las leyes.

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¿Qué gana un país que abre sus puertas a estas ideas? Nada bueno. Pero ¿qué ganan los políticos que las promueven? Dinero y votos, abrirse un falso espacio entre las minorías que tienen más capacidad de visualizarse y exigir, tal es el caso de la Universidad Matías Delgado que sucumbió ante las amenazas del lobby homosexual y pro aborto si permitía que los argentinos se presentaran a un foro para hablar del tema en sus instalaciones, foro que fue clausurado sin mayores explicaciones. Seguramente lo cerraron por temor y  falta de comprensión del problema, pero así actúa el nuevo marxismo: antes cerraban universidades con bombas y tomas, hoy con amenazas de etiquetarte como intolerante o generador de odio.

En el pasado, el marxismo funcionó con el odio de clases, hoy funciona con el odio de preferencias, eres malo si cuestionas la homosexualidad, antes eras malo si cuestionabas la revolución;  eres malo si rechazas el aborto, antes eras malo si rechazabas al proletario, la ideología de género es la nueva revolución marxista, la que se está usando para cambiar el lenguaje, la escuela, la economía, la familia y hasta la religión porque ahora Dios ya no se puede ver como hombre para no herir susceptibilidades sexuales, según la iglesia de los luteranos.


Estoy claro de que nadie puede ni debe discriminar a nadie por sus preferencias sexuales, pero políticamente tampoco pueden estas hacer funcionar al Estado. No se trata de que las minorías construyan dictaduras para las mayorías, sino un adecuado manejo de las diferencias bajo el respeto, pero deberá privar lo natural lo diseñado por la misma naturaleza para que la humanidad continúe su existencia, porque lo que estamos viviendo es una amenaza a la existencia misma disfrazada de derechos humanos, una manipulación política de las preferencias para convertirlas en lucha reivindicativa de las que el marxismo antiguo ya no tiene, porque el marxismo demostró y a plenitud que no hace mejores sociedades.




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