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Editorial & Opinion

El pesado lastre de los impuestos

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

jueves 23, marzo 2017 - 12:00 am

Don Chema fue famoso en mi cantón por tener un burro que parecía no cansarse nunca, a pesar de las enormes cargas de leña, o costaladas de elotes, que aquel buen agricultor le ponía sobre su fuerte lomo, para llevar dichos productos a “mercarlos” en la plaza del pueblo vecino y ya vendidos, retornaba al rancho llevando sal, dulce de panela y otros insumos alimenticios que no cosechaba en sus terrenos ubicados donde confluían los ríos Lempa y Torola.

Todos decían que mi abuelo poseía “un animal hecho de puro hierro” y muchos deseaban comprárselo, pero nunca lo convencieron a deshacerse de aquel borrego que demostraba ser un campeón para soportar cuantos costales le pusieran a cargar, valiente y sumiso. En cierta ocasión, regresaba “Tata” Chema del pueblo, siempre con su burro cargado de víveres, algunas “unturas”  hechas por el idóneo farmacéutico para el “reumatís” de la abuelita y una que otra botellita de jerez para saborearla cada  fin de semana.

Subía y bajaba el camino, polvoriento en verano y lodoso en invierno, cuando se encontró con don Nazario, quien cargaba sobre sus espaldas un pesado saco de “tarantines” diversos que apenas caminaba. Le suplicó depositar dicho saco en el burrito. Mi abuelo, calculando, le dijo: “Mirá,  Nazario, dicen que mi burro es capaz de aguantar con el mundo entero pero, no lo creo tanto así…”.

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Después de una corta plática, entre pros y contras, decidió ayudar al amigo y juntos le encaramaron el saco que don Nazario llevaba para su hogar. Dicho y hecho: al acomodar el fardo pesadísimo sobre los demás costales y productos, el burro lanzó un profundo rebuzno, que se oyó a varios kilómetros a la redonda…¡y cayó muerto en el camino! Lo demás del episodio no interesa para ser narrado.

Jamás, en lo que llevo de existencia, había visto gobiernos tan “impositivos” como el pasado del hoy “asilado” Mauricio Funes Cartagena y el presente del profesor Salvador Sánchez Cerén, cobijados por la trasnochada ideología marxista del partido FMLN. Y digo “impositivos”, refiriéndome a los constantes impuestos que casi mes a mes  se inventan y nos recetan a los contribuyentes salvadoreños, pues valiéndose de diversas circunstancias, reales o ficticias,  el gobierno justifica para sofocarnos con muchas obligaciones fiscales que, a la postre, solo conducen a tener menos efectivo para gastos vitales del hogar, pues vemos cómo el  salario percibido es cada vez más escaso.


Y me refiero a impuestos “clavados” con garfios de acero inoxidable a las cuentas del agua, energía eléctrica, internet, servicio telefónico fijo y celular, gasolina para el carrito modelo 1962 que poseo a duras penas, impuesto de guerra (?), el Fovial y Fosalud, seguridad, aforos aduanales, etcétera, etcétera. Dentro de poco quizás nos impondrán tributo por comprar pan francés (debido al pleito de harineras),o por tener aire acondicionado y un jardín “suntuario” en nuestras casitas, pues aducirán que por esas comodidades ya somos “ricos burgueses”.  Y sigue el chorro abierto sin parar…

Como ejemplo, el Centro Nacional de Registros (CNR) cobra más impuestos que una comadreja por permitir ratas en su guarida. Por espacio no menciono esa larga lista de cobros, que nuestros clientes deben pagar por la simple inscripción de una escritura de compraventa, donación o hipoteca; inscribir la constitución de una sociedad mercantil o de servicios cuesta un ojo de la cara; obtener el permiso para construir un local comercial urbano o rural requiere “un dineral” solo en diversos impuestos,  e inscribir una marca en el Registro de la Propiedad Intelectual es una odisea.

Los notarios debemos andar de la ceca a la meca, para que, al fin de varias semanas, o meses, nos den el ansiado “OK” al distintivo para que lo usen los clientes. Todos los  trámites registrales son engorrosos, onerosos y desmotivadores, porque a pesar de vivir en el siglo XXI, nos hacen sufrir muchas tardanzas “pagadas” como hace un siglo, cuando todos los escritos se hacían y corregían en máquinas manuales. Estudios económicos indican que el gobierno actual tiene millonarias entradas ¿pero en qué las gasta tan aceleradamente, impulsándolo a crear nuevos tributos? ¿Reventaremos, al fin, como el burrito del abuelo?




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