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Editorial & Opinion

El privilegio de ejercer de la medicina

Dr. Guillermo Antonio Ortiz / Ginecología, Obstetricia y Perinatología Maestro en Gestión Hospitalaria

Lunes 18, Julio 2016 - 12:00 am

OPINIONDespués de algunos años de ser médico, ahora comprendo el privilegio de poder ejercer la Medicina, implica una sublime y compleja transición entre la retórica y la práctica, una incansable y permanente lucha por alcanzar el bienestar del cuerpo y, por otro lado, el iluso ideal de alcanzar al bienestar del alma como quimera que incansablemente todo profesional de la salud debemos perseguir

Me han surgido algunos cuestionamientos acerca del ejercicio de mi profesión ¿es la ausencia de enfermedad el fin del ejercicio de la medicina? Aún no me puedo aferrar, ni me satisface por completo, el concepto de la OMS, el cual  define a la salud como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia”, pero es este estado del que habla debe ser visualizado como  un estado de bienestar holístico en el cual el individuo no debe ser visto ni estudiado  por sus diferentes órganos o sistemas,  sino más bien como como el resultado del sinergismo entre las partes mismas y no la individualidad de cada una de ellas, hemos de considerar que este estado de salud o enfermedad repercute inevitablemente en el bienestar familiar, de la  comunidad a la que pertenece y en el último escalón  del ser humano: su alma.

Esa visión simplista del concepto salud y enfermedad que muchos aprendimos en nuestra formación y el cual aún me sigue haciendo ruido en la mente, ha llevado a los médicos a concebir este bienestar humano como el simple hecho de sanar y curar, mas no de prevenir y rehabilitar, a preferir muchas veces los quirófanos y las salas de emergencias, a los hospitales más que a la comunidad. Paradójicamente devengamos un salario por atender a los enfermos y no se nos reconoce por atender a los sanos, no hemos querido cambiar conductas heredadas, no hemos podido generar comportamientos en salud que promuevan la prevención, por lo tanto, nos hemos convertido en amantes del dolor y sufrimiento. Como médicos se nos enseñó a satisfacer las necesidades de la sociedad, pero no se nos enseñó o no quisimos aprender a cómo cambiar a la sociedad

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Pero aún con ese concepto minimalista de la salud, aun así, muchos no hemos sido capaces de llegar a la excelencia curativa, seguimos estando en deuda con nuestra comunidad y con la humanidad misma.  Me pregunto ¿podemos alcanzar el bienestar del alma sin antes haber alcanzado el bienestar del cuerpo? La enfermedad misma no es más que el resultado de una suma de factores, de la interacción de elementos sociales, culturales, familiares, laborales, emocionales y espirituales.

Cuando hablamos de ejercer la medicina hablamos del poder de cambiar el destino de una persona, de su familia y de su comunidad, hemos de entender que el único camino para salir de este dilema es convertir la medicina en una fusión entre ciencia, arte, solidaridad, compasión y humanismo. El dedicarnos también al cuidado y bienestar del alma seguramente muchas veces no podremos vencer la enfermedad corporal, pero sí podremos buscar la sanidad del alma, dedicar tiempo para hablar con los necesitados, escuchar sus penas, brindar palabras de aliento a un enfermo a un desahuciado, una palmada en el hombro o un simple abrazo

Esta exquisita fusión no sucederá hasta que dejemos de llamar “pacientes” a las personas y los veamos entonces como seres humanos que necesitan ayuda, que buscan algo más que la cura a su enfermedad y dolor. Cuando entendamos que detrás de ellos se encuentra alguien que tiene preocupaciones como nosotros y que se suma ese día una dolencia, que, dejado su familia, una familia que espera a ese ser angustiada por la incertidumbre de no saber si ese ha de regresar a su hogar o no.

El poseer título de médico no siempre nos da el privilegio de ejercer la medicina, el grado académico se nos es otorgado a través de un documento, un pergamino de cuero con letras elegantes y firmado por distinguidas autoridades; el ejercer la medicina es un estado privilegiado que pocos habrá o habremos de alcanzar un estado que seguramente un ser superior ha decido quién lo alcanzará y quién no. Colegas, compañeros todos, los invito a continuar con esa infatigable lucha que caracteriza al gremio y hacer méritos para no solo ser médicos, sino también poder ser merecedores de ejercer la medicina.




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