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Editorial & Opinion

El problema nicaragüense

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 25, abril 2018 - 12:00 am

Cualquiera piensa que los casi siete días y 30 muertos en las protestas de Nicaragua son un excesivo resultado para una simple protesta por el decreto de aumento en los pagos de la seguridad social que afectaba a los asalariados y empleados formales de aquel país; sin embargo, es importante considerar que el detonante no necesariamente representa o contiene la verdadera causa de la explosión social contra el régimen.

Muchos llegaron a avalar y alabar al gobierno de Daniel Ortega, perdonando incluso sus reiterados excesos en la destrucción de la institucionalidad democrática, pensando en que no es tan fatal perder ciertos aspectos como la independencia de poderes con tal que las empresas puedan operar, crecer y hacer negocios; incluso perdonaron o callaron aun cuando los negocios para que funcionaran incluían como accionista al dueño de todo en Nicaragua, como se les conoce a los Ortega; fueron poco a poco entregando espacios al tirano, pensando en que mientras se pueda hacer dinero y generar empleo, mantener un crecimiento, el resto de la democracia es menos importante.

Pero, queda claro hoy que no, que no se puede construir bajo la dictadura que limita la prensa, la libertad de expresión, incluso el libre ingreso al país del turismo regional, que viola la Constitución para su reelección o que ofrece a su esposa en la vicepresidencia para construir una dinastía familiar, validada por un electorado confundido porque en el ámbito empresarial y laboral todo marchaba de maravilla, hasta que llega el momento en que las libertades y las opiniones se vuelven polvo, cuando descubren que el tirano consume como rey lo que al pueblo le cuesta como esclavo, y las cosas cambian.

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Es importante reflexionar lo que sucede en Nicaragua, porque hace una semana se conocía que algunos miembros del partido oficial en El Salvador ofrecían como plataforma electoral el llegar al modelo nica, donde abunda la plata para los empresarios, los negocios con el Estado, pero a cambio de nula independencia de poderes, poder concentrado en una o dos personas, leyes represivas para los inconformes y bala para los que se salgan del “huacal”; claro sin faltar un acuerdo de perpetuidad en el poder para el partido socialista y su líder que “sabrá repartir las ganancias de mejor manera”.

En Nicaragua la familia Ortega acumuló el poder y la fortuna, incluso los negocios con Venezuela fueron manejados con su propia mano y se habla de miles de millones de dólares; esa concentración vuelve a demostrar que no solo es un error, sino un riesgo general; ahora ya tiene un valor de 30 jóvenes muertos, miles en las calles protestando y no solo exigiendo la retracción de la medida que ya fue hecho, sino la salida del régimen, lo cual nos hace pensar que el precio de sostener este sistema podrá subir.


Pan para tu matata salvadoreños, el desarrollo no puede entregarse a un político, a un partido o a una familia a cambio de negocios; tampoco por oportunidades, menos por ganancias compartidas, en eso la empresa privada debe evolucionar, entender que coquetear con el poder para sostener sus negocios no es la ruta; lo digo considerando que en El Salvador aún se respira como aroma apetitoso que los empresarios gobiernen, porque sabrán hacernos crecer, pues ya vemos que en Nicaragua crecieron, ganaron, multiplicaron fortunas, pero el país está en el caos; y es que se necesita mucho más que solo dinero para hablar de buen sistema de vida nacional.

Aprovecho de paso a condenar la violencia y represión del Gobierno contra la gente en Nicaragua, porque nadie que se entienda medianamente demócrata, puede aceptar lo que allá está pasando y debe ser un grito serio para detener lo que podría convertirse en una nueva guerra en la región; es hora de seguir profundizando en la democracia y si ésta falla, recordar que solo se perfecciona con más democracia. Vamos Nicaragua, ¡la verdad los hará grandes y libres! En El Salvador estamos con ustedes.




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