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Editorial & Opinion

El sagrado privilegio de votar

martes 24, febrero 2015 - 5:35 pm

El  derecho al voto es constitucional y políticamente sagrado. A la hora de contabilizar los resultados  todos los votos valen lo mismo. El voto del obrero vale igual que el del empresario. Al momento de votar no importa el nivel académico o económico  del ciudadano, tampoco cuenta la posición social, la religión, el oficio, el cargo, la edad, el sexo o el aspecto físico. Nadie vale menos que otro, porque como ciudadanos todos valemos igual cuando estamos en las urnas.

Por eso nadie que tenga Documento Único de Identidad (DUI)  debe quedarse sin votar el próximo domingo.  Los más de 4.9 millones de electores tenemos que acudir a asumir la responsabilidad de elegir a los futuros alcaldes, concejales, diputados nacionales y diputados centroamericanos.

Votar es fácil, pero tenemos que hacerlo con conciencia y responsabilidad. Los ciudadanos, con nuestro voto, le pondremos rostro a la próxima conformación de la Asamblea Legislativa y haremos la nueva distribución política de los diputados salvadoreños en el Parlamento Centroamericano (Parlacen). Con nuestro voto nos jugamos parte de nuestro futuro como nación. Lo más trascendental de los comicios venideros es que vamos a elegir a los alcaldes y concejos que queremos que nos gobiernen localmente durante los próximos tres años.

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Tenemos que tener presente que en plena campaña electoral los aspirantes a alcaldes y diputados nos han hecho promesas de todo tipo, desde algunas que dan risas hasta otras que suenan muy serias. Cada quien debe evaluar y emitir su sufragio con criterio sin dejarse influenciar por el vecino, el amigo, el pariente y mucho menos las campañas promovidas por personas que se juegan sus propios intereses. En última instancia cada quien debe votar por quien su conciencia le dicte.

Recordemos que votar es tener la oportunidad de cobrar agravios o endosar confianzas. Si hace tres años votamos por un alcalde y éste nos falló, pues ahora es cuando tenemos la oportunidad de devolverle su agravio votando por otra persona. Si hizo las cosas bien, también es el momento de refrendarle nuestro voto.


Vamos a elegir 84 diputados nacionales y 20 diputados centroamericanos. Cada salvadoreño, donde nos toque votar, sabemos qué diputados fallaron y quienes nos cumplieron. Quienes nos visitaron solo cuando andaban  en campaña y quienes estuvieron pendientes de nuestras necesidades una vez llegaron al cargo. Cuáles diputados hablaron bonito, pero actuaron con soberbia y al filo de ilegalidades. Todos conocemos quienes se aprovecharon de su cargo y quienes actuaron de manera correcta. Este próximo domingo debemos acudir a las urnas tras reflexionar a profundidad por cuáles de los candidatos a diputados vamos a votar.

Ser diputado es una enorme responsabilidad, porque desde la Asamblea se legisla sobre el tejido social, por lo que acudir a votar es vital para los salvadoreños, pues nuestro voto puede hacer la diferencia para que ganen aquellos que según nuestros criterios individuales, son los mejores hombres y mujeres que compiten para optar a esa responsabilidad.

Al final cada salvadoreño es responsable de la conformación de la Asamblea y votar es una oportunidad de decidir. No hacerlo es dejar que otros decidan por nosotros y perder la chance de hacer valer nuestro derecho.

También elegiremos a 262 concejos municipales que por primera vez serán pluralistas con concejales de todos los partidos que logren los promedios necesarios. Desde luego, elegiremos a 262 alcaldes y tendremos el privilegio de decidir si apoyamos al actual alcalde (sa) o si le damos la oportunidad a otro (a). Cada quien, mejor que nadie, sabe si su alcalde (sa) le rindió o le cumplió lo prometido.  Si hicieron obras o malversaron fondos, si trabajaron para todos o si partidarizaron las alcaldías. Si mejoraron sólo ellos o lo hicieron todos en el municipio. En fin cada ciudadano tiene la capacidad de medir la efectividad de sus alcaldes para ratificarles o quitarles el apoyo.

Lo trascendental es que el próximo domingo, amparados en la Constitución y la secretividad del voto, todos tendremos el privilegio que nos brinda la democracia, al acudir a las urnas para elegir a nuestros diputados y alcaldes.

Gane quien gane, es fundamental respetar los resultados, felicitar al ganador y reconocer que la mayoría decide porque así es la democracia. Al margen de los resultados seguiremos siendo amigos, hermanos, compañeros y compatriotas. ¡Qué Dios nos ilumine a la hora de votar! .




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