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Editorial & Opinion

El transporte público

Sergio Recinos / Presidente de ADEPETRO

lunes 5, junio 2017 - 12:00 am

Hace unas semanas escribí sobre la resolución de prorrogar por dos años más la comercialización de diésel con alto contenido en azufre. Como ciudadano y empresario me disgustó mucho tal resolución por ser un retroceso en la modernización del país, y por el impacto ambiental que esto tendrá.

Esta resolución claramente beneficia a aquellos que todavía quieren seguir consumiendo un producto más barato, pero altamente contaminante. Tal es el caso del transporte público. A este fenómeno me quiero referir en este artículo.

El transporte público en nuestro país es una amenaza a la seguridad del ciudadano, tanto para el usuario como para los que manejamos vehículos; ya que la forma de conducir de sus motoristas es salvaje, por llamarle de alguna manera. Para ellos no hay reglas de tránsito que valgan, dentro de esas chatarras se sienten invencibles y se transforman. En lo personal me les quito de su camino y siempre les doy el paso, algunos me muestran gestos de agradecimiento, los cuales dejan ver algún grado de amabilidad en su personalidad.

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Son un atentado al usuario ya que la vida de estas personas depende de la temeraria forma de conducir de estos motoristas, buses que son llevados a sus límites de capacidad tanto en carga como en velocidad, estabilidad; teniendo en cuenta que muchos ya sobrepasaron la vida útil de sus piezas y que cualquier país que se preocupara realmente por la seguridad de su población, ya hubieran sido prohibidos y sacados de circulación.

Los peatones no se escapan a su daño, los gases que emanan de sus escapes son nubes negras más contaminantes que el humo del tabaco. He visto gente parada en la calle absorber directamente una bocanada de humo negro, tapándose la boca para tratar de aminorar esa dosis de cáncer de pulmón que le están propinando.


Son un sector “especial”. Reciben subsidio, el cual pagamos todos los que compramos combustible. Nadie les puede hacer renovar las unidades, nadie los puede amonestar por lo deteriorado que están sus motores y por la contaminación que producen, y además les gusta hacer “paros” cuando algo no les parece. Me pregunto ¿no será la población la que debería de protestar y no subirse a esos buses hasta que les brinden un servicio decente y seguro? ¿Se merece el salvadoreño trabajador y honesto andar en esas chatarras, apretados; las mujeres algunas veces manoseadas y con la vida en las manos de un motorista, algunas veces drogado o alcoholizado?

Los salvadoreños, ya sea dueños de vehículos, usuarios y peatones, merecemos un servicio de transporte público mejor, y no comprendemos por qué nadie hace nada al respecto.




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