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Editorial & Opinion

El voto de la vergüenza

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

Sábado 1, Abril 2017 - 12:00 am

Esta semana se realizó la celebración de la reunión extraordinaria de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo encuentro tenía como objetivo tratar la crisis política-económica-social y humanitaria que atraviesa Venezuela. Todo ello surgió tras la solicitud hecha por 18 países miembros. El orden del día se aprobó con 20 votos a favor, 11 en contra, dos abstenciones y una ausencia. A pesar de la oposición de países como Bolivia, Nicaragua y El Salvador, que adujeron que el accionar de la OEA es una intervención en asuntos venezolanos, aun así se lograron 20 votos, los necesarios para abordar el tema en el seno del organismo americano.

Es de recordar que los propósitos de la OEA, son: afianzar la paz y la seguridad del Continente; prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de las controversias que surjan entre los Estados Miembros; organizar la acción solidaria de éstos en caso de agresión; procurar la solución de los problemas políticos, jurídicos y económicos que se susciten entre ellos; y promover, por medio de la acción cooperativa, su desarrollo económico, social y cultural.

En consecuencia, no se le puede llamar intervencionismo a ninguna iniciativa que contribuya a resolver los conflictos internos que tenga un Estado miembro de la OEA. Sobre todo, cuando esta nación está desconociendo los derechos fundamentales de sus habitantes, como lo que está sucediendo en la actualidad en Venezuela. Es decir, que el intervencionismo tiene que ver con el ejercicio reiterado de injerencias en la política o en lo militar de los asuntos propios de un Estado hacia otro y, en la mayoría de casos, se interviene para deponer por medio de la violencia a un gobernante constitucional para poner uno de facto.

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De modo que el voto otorgado por aquellos países en oposición a que la OEA construya un modelo de solución pacífica al conflicto que está viviendo Venezuela hace más de tres años, no es a favor del pueblo de Venezuela, como lo han venido manejando y vendiendo países como Nicaragua, Bolivia o El Salvador. Está claro que el apoyo es al Socialismo del Siglo XXI, a la tiranía e incompetencia de Nicolás Maduro que no ha podido generar las condiciones que cohesionen a la sociedad venezolana, sino todo lo contrario.

Pero cómo dejar de endosar el apoyo a Nicolás Maduro, si algunos gobiernos de Latinoamérica, como los de Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Ecuador, y en su momento por Argentina y Brasil, fueron subyugados por el petróleo venezolano, siendo éstos representados por medio de sus institutos políticos de izquierda que arribaron al poder con financiamiento e intervencionismo directo que realizó Hugo Chávez, utilizando la inteligencia contrainteligencia cubana, fue así como compró con la chequera de PDVSA, el voto de cada uno de estos países en la ONU y en la misma OEA,


alineando a casi toda Latinoamérica en el mal llamado Socialismo del Siglo XXI, con el estribillo de la libre determinación de los pueblos como un eslogan que ayudó a que las masas se decantaran por el famoso cambio.  A decir verdad, sí hubo un cambio, pero no en la calidad de vida de cada ciudadano en Latinoamérica, sino en el estilo de vida de todos los dirigentes políticos de izquierda que llegaron al poder, de ahí surgió una nueva clase de ricos, que no se conformó con crear estados fascistas propios de los oligarcas de derecha, sino que creó sus propios conglomerados financieros y sus holdings para fortalecer la revolución y cambiar su calidad de vida.

En consecuencia, expresidentes como Mauricio Funes, Lula da Silva, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Cristina Fernández de Kirchner, y gobernantes actuales como Evo Morales, Nicolás Maduro y Rafael Correa, ya no volvieron a ser personas con ingresos medios, sino que muchos de ellos viven en mansiones de lujo, toman coñac, su indumentaria es propia de la realeza, ahora se codean con las elites oligárquicas que ellos mismos combatieron.

No obstante, todos ellos tienen una característica común: ninguno nació en cuna de oro para ostentar la riqueza que ahora tienen, todos están siendo procesados en sus países de origen por actos de corrupción, enriquecimiento ilícito y malversación de fondos a excepción de Ortega, Correa y Evo, dado que todavía están aferrados al poder. Por lo tanto, necesitan callar a sus detractores, inventándoles delitos y metiéndolos presos. Entonces ¿de qué intervencionismo hablan?




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