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Editorial & Opinion

El voto nulo no es la respuesta a los malos políticos (II)

Jaime Ramírez Ortega / Consejero legal y de negocios

sábado 3, marzo 2018 - 12:00 am

El sistema electoral salvadoreño ha sido diseñado por los partidos políticos para que los votos nulos solo sean una figura decorativa que sirve únicamente para determinar cuántas personas votaron por circunscripción, cuales son válidos, nulos, y las abstenciones. Dicho de otra manera, el Código Electoral establece en el art 273 que cuando los votos nulos y abstenciones superen a la totalidad de los votos válidos en la elección de que se trate, es decir, el 50 % + 1, se podría declarar la nulidad de las elecciones, pero con nuevos contendientes.

De manera que el escenario utópico del voto nulo, que han promovido de forma incansable algunas personas afines a “Nuevas Ideas” sin comprender la legislación electoral, solo podría tener incidencia práctica si las personas radicalizadas con ARENA, FMLN y GANA, decidieran anular su voto como una señal de castigo a la mala gestión y a la permisibilidad de los actos de corrupción en los que se han visto envueltos algunos de sus funcionarios.

No obstante, este escenario es improbable porque ninguna persona, identificada con ARENA, FMLN o GANA, ya sea por convicción o por conveniencia, anulará su voto solo porque a unos cuantos –inconformes porque no participarán en estas elecciones– se les ocurre decir que se debe de anular el voto para castigar a los malos políticos. Aunque el eslogan puede ser noble, no significa que jurídicamente sea viable llegar al 50 %+1 de los votos nulos en las próximas elecciones.

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El Código Electoral es claro cuando dice que la nulidad de las votaciones podría suceder “si los votos nulos y abstenciones, superen a la totalidad de los votos válidos”; ahora bien, cómo superar el estatus quo de los votos válidos, si en las últimas tres elecciones se han definido así: En 2009 los convocados a votar fueron 4,227,941 y de los cuales solo asistieron a ejercer sufragio 2,264,567 (53.56 %), obteniendo un resultado de votos válidos de 2,215,589; los votos en blanco 14,775 y los votos nulos 34,203.

Para el año 2012 los convocados a votar fueron 4,564,969 y de los cuales solo asistieron a ejercer sufragio 2,372,501 (51.97 %) obteniendo un resultado de votos válidos de 2,311,41 y los votos nulos 61,090.


El año de elección 2015 los convocados a votar fueron 4,911,672 y de los cuales solo asistieron a las urnas 2,368,733 (48.23 %), obteniendo como votos válidos 2,276,021; los votos en blanco fueron 41,632 y los votos nulos 51,080. De la simple lectura de los datos expuestos se puede dilucidar que las votaciones anteriores han sido definidas por el voto duro de cada partido político y no por votos nulos.

Lo anterior implica que es físicamente imposible hacer que toda la población votante acuda a ejercer el sufragio, incluso en aquellos países desarrollados se mantiene el nivel de abstencionismo y, en consecuencia, nuestro  histórico de votación no pasa del promedio de 51.25 % del padrón electoral; esto implica que aunque se llame a ejercer el voto nulo, no se podrá alcanzar el objetivo de buscar la nulidad de las elecciones, porque la ley dice que el voto nulo debe superar los votos válidos, y los votos válidos se obtienen de los votos duros de cada partido; por ello se vuelve una falacia la promoción del voto nulo.

Diferente fuera el escenario si la ley electoral dijera que se puede pedir la nulidad de las elecciones si las abstenciones superan con el 50 % + 1 a los votos válidos, lo cual dejaría sin legitimidad las elecciones anteriores; no obstante, los ciudadanos que proporcionan el triunfo a los malos políticos que están enquistados en alcaldías y diputaciones –que por cierto  algunos de ellos están salpicados de corrupción– son los que no salen a votar o anulan su voto; por ello explico que los partidos políticos fueron estratégicos cuando crearon el Código Electoral, se cuidaron de mantenerse en el poder por medio del voto duro.

Así que la postura de anular el voto, no solo es una posición romántica, sino que vendría a fortalecer aún más a los partidos como ARENA, FMLN y GANA, en detrimento de los institutos políticos pequeños y las candidaturas independientes. Ya que el voto duro, como ya lo dije antes, no dejará de ir a ejercer el sufragio por el simple capricho de unas cuantas personas. Por lo tanto, la conformación de la Asamblea Legislativa 2018-2021, debería ser un compromiso de todos los salvadoreños que amamos las libertad y la democracia; en ese sentido, debemos salir a votar de forma masiva para elegir a nuevas personas que tengan una trayectoria intachable.




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