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Editorial & Opinion

Elecciones en Honduras

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 23, noviembre 2017 - 12:00 am

Este domingo próximo se celebrarán elecciones generales que acá coinciden en sus 4 formas: presidencial, diputados, alcaldes y diputados al Parlamento Centroamericano (cuando es la ocasión).

Tres son los partidos que están, en la realidad, en contienda. Los centenarios, Partido Liberal y Partido Nacional (en el gobierno), y una extraña unión de un partido liliputiense, PINU y Libre (Libertad y Refundación), éste último es el que en verdad tiene fondo y forma, cuyo máximo líder es el defenestrado Manuel “Mel” Zelaya Rosales, eterno devoto del extinto comandante Hugo Chávez.

Estas elecciones son por demás históricas, porque el candidato del Partido Nacional, presidente en funciones, va por la reelección que antes estaba prohibida. Esto ha causado en una gran parte del electorado un abanico de desaprobaciones, desde los muy técnico-jurídicos, hasta los que le desean la muerte al presidente, Juan Orlando Hernández, de cariño, JOH, odio al cual se suma la sangre que aún emana de la herida causada por el golpe de Estado.

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Al partido de gobierno y su presidente, le han achacado actos de corrupción, excesivo gasto publicitario y muchas cosas más. El más delicado de los señalamientos es haber recibido, para la campaña pasada, dineros de un monstruoso desfalco que hicieron –ahora presos y enjuiciados-, varios directivos del Instituto Hondureño del Seguro Social. También el señalamiento de que recibió dinero del narcotráfico, de un recién desmantelado cártel apodado Los Cachiros, cuyos cabecillas guardan prisión en los EUA.

Pero por el lado bueno ha reducido la tasa de homicidios de 94 a 62 muertes por cada 100 mil habitantes. Hizo una reforma penitenciaria que entre otras cosas ha reducido en buena forma las extorsiones desde las cárceles. Los números macroeconómicos son muy buenos, inflación estable y está combatiendo la corrupción incluso contra miembros de su mismo partido político. Por su parte, el alcalde capitalino, Nasri Asfura, también del partido oficial, ha hecho tan buen papel, que por primera vez en mi vida, veo un político que no ha necesitado hacer campaña política, sino solo para apoyar al presidente.


El Partido Liberal, al parecer no ha vuelto a recuperar el segundo lugar que tenía antes del golpe de Estado, y aunque su candidato es un tipazo, Ing. Luis Zelaya, rector de la universidad privada más prestigiosa del país, no ha podido ser suficiente para levantar el vuelo de un partido tan longevo, al cual perteneció Mel Zelaya.

La Alianza de Oposición contra la Dictadura, un nombre excesivamente histriónico, tiene como candidato, a un periodista deportivo empírico, sin ninguna experiencia en política, el Ing. Salvador Nasralla, quien también tiene un inveterado programa dominical de concursos y premios y ha sido el eterno conductor de los concursos de belleza. En nada es exagerado el mote de Señor de la Televisión.

Este novato en política -aunque ya roza los 70 años de edad-  es una persona que en un principio tiene las credenciales intachables: nunca ha estado metido en algún escándalo, ha sido un profesional en todo sentido y además muy querido por la gente; no ha metido las manos en el erario público y tiene un discurso franco y directo contra el mal endémico de la corrupción que ha asolado las arcas públicas durante toda la historia de la nación.

El problemilla de él es que su discurso es alarmantemente populista, demagogo, promete bajar la pobreza, que sea gratis la luz, el agua, el transporte público, se dice amigo de los mareros y que restituirá a montón de policías depurados vinculados a extorsiones, corrupción y narcotráfico, prometiéndoles un debido proceso.

Lo más grave es que habla de fraude (que novedoso), y asegura que su ventaja es tan pero tan grande en las encuestas (cosa que solo su encuestadora refleja una ventaja salvajemente ridícula), que lo más seguro es que JOH se haga un autogolpe de Estado para que no acceda al poder.

Ese discursito peligroso, impertinente, inmaduro está caldeando en demasía los ánimos, que en caso, muy previsible, que la Alianza pierda, ya que el actual presidente tiene la estructura, la gente, el poder, el dinero para reelegirse, a mí en lo personal me late que habrá situaciones que lamentar. Espero que no.




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