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Editorial & Opinion

Elegir entre semejantes

viernes 20, febrero 2015 - 6:35 pm

En menos de un mes se conocerá la nueva conformación de la Asamblea Nacional y de la mayoría de las alcaldías de EL Salvador. Apenas hace un año se dieron las presidenciales, en medio de la expectativa de la sociedad salvadoreña, e incluso de la región. Precedidas por un quinquenio extraño e inquietante, quizá por haber sido el primer gobierno del Frente con todas las de la ley, a través de un independiente cercano.

Por mi parte, relacionado con la región desde la década de los ochenta, trato el tema interno de éste o de cualquier país con mucha prudencia y con algo de temeridad, porque el juicio, la perspectiva de un no nacido en el país al cual se refiere, siempre adolece de la información originaria vivida sobre la historia, idiosincrasia y particularidades. Por ello uno debe acercarse con mucho respeto a cada realidad diferente a la propia.

Esto no significa estar ausente, no tener opinión, ser neutral; se ofrece cuando se trata de temas conceptuales y comunes del hombre, de la sociedad, de la región y del mundo; porque la realidad es que el hombre es uno en todos los tiempos y en todo lugar. No hay una acción, por aislada que parezca, sin una causa y un efecto; verdad que se evidencia con mayor relevancia en el hecho internacional. Somos una sociedad globalizada por encima de nacionalismos infundados y primarios, que terminan en exclusión. Además, una expresión que nos demuestra una debilidad de origen.

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Por ejemplo, sin profundizar en el tema, la baja del precio internacional de los hidrocarburos no solo le movió el piso a los países productores, sino a los consumidores en mayor grado, pero en positivo. Cualquier centroamericano, cualquier salvadoreño, lo disfruta en su existencia diaria. Lo mismo sucedió con el carbón, cuando era el combustible utilizado hace mas de 200 años, que ahora quedó para los asados familiares de fin de semana.

Venezuela, por ejemplo, basó la exportación de su modelo político, una especie de comunismo remozado, sustentado en el mandato partidista, con solo un poder republicano: el Ejecutivo. Nada nuevo, una vulgar y cruenta dictadura militar, por demás ignara, al estilo de Corea del Norte, Zimbawe o Cuba. Para ello contó con el inesperado flujo de divisas provenientes de la renta petrolera, e invertirlas aquí, allá y acullá sin espera de retorno. Su inversión fue geopolítica y, ciertamente que le dio resultado hasta que…


ALBA Petróleo fue sintomático. Una especie de Alianza para el Progreso financiera llegada para competir con el capital local y agregar movilidad social, pero condicionado a la sujeción ideológica del Socialismo del siglo XXI, en detrimento de cualquier proyecto democrático sustentable y perfectible al cual se aspirara. Si la contabilidad fue llevada con pulcritud o no, carezco de elementos contables o infidencias para pronunciarme; eso corresponderá a los accionistas determinarlo. Y en cuanto al ALBA continental, diseñada y creada por Fidel y Chávez para contrarrestar la presencia de la OEA quedó, sin los petrodólares venezolanos, “desangelado” como bien la califica el periodista Alexis Ortiz.

Lo cierto es que el próximo mes de marzo el electorado hará su balance político, pronunciará su veredicto. Quizás ajustado a la percepción que realiza la analista argentina Gabriela Pousa: “No se elige a los mejores sino a sus semejantes”, refiriéndose a la señora Cristina Kirchner, y aludiendo igualmente al fallecido Hugo Chávez de Venezuela. La frase la dejo en el aire, porque es realmente para pensarla y repensarla, para luego sacar conclusiones.

En esta mundialización, es imposible pensar, por ejemplo, que la lucha frontal contra el culto a la muerte, esa declaración de guerra que ha hecho el Califato Islámico a la humanidad, a los valores y cultura occidentales, no se pueda llevar adelante sin una alianza de naciones cuyo fin sea el combate frontal, inmediato y determinante al terrorismo islámico. En la preservación de los valores inherentes a la dignidad del hombre, la libertad y el respeto por el otro no existen fronteras, países, ni pudor por herir susceptibilidades nacionales. Y, como bien afirma el Papa Francisco: “No es válido caer en la globalización de la indiferencia”.




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