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Editorial & Opinion

Emprender y tener éxito

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 4, abril 2018 - 12:00 am

Mucho se habla de los emprendedores, del poder motivarles y con ello alcanzar nuevos niveles de desarrollo, pero los que tenemos alguna de esa sangre emprendedora sabemos que el asunto no es como café instantáneo, porque no se vuelve una persona emprendedora porque le exijan o lo motiven, uno nace emprendedor y hay diferencias entre emprendedor, empresario y comerciante.

El Salvador sin duda necesita de los tres, pero hay que saber las diferencias, puesto que una persona puede ser empresaria al comenzar la producción o el servicio de algo, independientemente de si lo creó él o lo está reproduciendo (copiando) con el ánimo de lucrarse para construir un futuro; el empresario piensa en una empresa propia, en generar empleo y masificar productos, ganar dinero y crecer económicamente. El comerciante quiere lo mismo, pero no se molesta en producir o inventar, lo suyo es comprar cualquier producto o servicio que tenga un precio y que él pueda revender a otro ganando la diferencia; él comercia, pone en el mercado los productos y se lucra del empresario que produce, aunque él mismo es uno en otra escala; pero el emprendedor es el que ve cosas que nadie ve, es el rompe hielo, el que encuentra oportunidades donde nadie las ha visto; el emprendedor, por lo general, también es un innovador, es la clase más difícil de alcanzar, porque el emprendedor muchas veces no llega a empresario productor y no sabe vender, pero emprende por sus instintos creadores y su visión generadora.

De ahí que al hablar de la generación de empleo y el desarrollo empresarial, hablar de emprendedores es hablar de lo más complejo en la escala de la empresarialidad, ¿por qué no mejor comenzar hablando de competencia y de las leyes de la competencia? Hablar de lo que en este país detiene no solo a los emprendedores, sino a la empresarialidad en general, el que una persona pueda con lo que sabe abrirse paso a crear, reproducir, vender y ganar, multiplicar y crecer, expandirse y exportar, porque el proceso es largo, complejo y nada viene por simple generación espontánea.

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Los emprendedores, comerciantes y empresarios necesitan lo mismo para salir a luz, facilidades para asociarse, facilidad para registrar sus marcas y productos, facilidad para registrar patentes; necesitan facilidad para crear empresas y deshacer empresas; necesitan claridad y pasos sencillos para legalizarse, registrarse y pagar impuestos; eso sí, los justos impuestos, según su estado empresarial, porque no es lo mismo en escala empresarial el nivel de productividad y ganancia; nadie gana millones al principio, por lo mismo las exigencias no pueden estar al inicio sino al final; cuando un esfuerzo ya dio frutos genera no solo ingresos, sino alguna rentabilidad.

Ser empresario es en este país la única opción para el desarrollo, pero llegar a ser gran empresario implica condiciones que muchos no pueden llenar aun siendo emprendedores o buenos comerciantes.


En este sentido el país adolece de una política nacional para generar y multiplicar la empresa privada, por un lado los grandes y ya establecidos han logrado meter en los procesos obstáculos que les garanticen su hegemonía o que por lo menos retrasen a cualquier competidor a entrar a la competencia y, por otro lado, los líderes políticos de la izquierda gobernante han convertido en demonios mitológicos a los empresarios, haciendo política pública con odio de clases y deteniendo el avance de la clase media por considerarla burguesía; de tal manera que la empresarialidad no alcanza más que el título de “negocios de subsistencia”, por lo mismo el 76 % de la empresarialidad se mantiene operando de manera informal.

Lo que quiero dejar claro en esta reflexión es que no se debe en la clasificación empresarial hacer diferencias entre los que quieren hacer, más bien debe enfocarse el discurso en lo que tenemos como nación para facilitar y hacer crecer a todo aquel que quiera hacer y convertirse en fuente de generación de riqueza, sea como emprendedor, empresario, comerciante, industrial, exportador, etc… no es apoyando a unos u otros, sino definiendo un sistema legal, político y fiscal en favor de crear riqueza, multiplicarla, premiarla y desarrollarla; no estoy en contra de políticas sectoriales, pero primero generemos empresas, abramos las oportunidades y luego apoyemos lo más productivo para que siga creciendo; no es con palabras y motivación que crece un emprendimiento, sino con condiciones, facilidades, procesos cortos, impuestos inteligentes, premios, incentivos e instituciones eficaces, aquí sí creo en que ¡la gallina va antes que el huevo!




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