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Editorial & Opinion

En el día de la mujer (salvadoreña)

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 8, marzo 2017 - 12:00 am

Con tus esfuerzos se han construido verdaderas fortalezas, se han levantado nombres y se han edificado pueblos enteros; la mujer salvadoreña es por estadística y por resultado propio, pilar fundamental de la sociedad; no somos los hombres los del sexo fuerte, sino las mujeres, quienes, sin ninguna debilidad, han enfrentado la tarea de construir este país.

Son ustedes las abandonadas, las abusadas, las mil veces engañadas, las que entregan todo a diario, por sus hijos, por su vida y por la misma comunidad; son las lideresas, las que empujan la carreta, levantan el canasto, el huacal y al marido borracho; en sus manos está la fuerza, en su boca el grito de la protesta y en sus días la historia de su destino.

La mujer salvadoreña es la que atraviesa el desierto, la que no suelta el llanto para no asustar a sus hijos, la que busca llegar temprano a dejarlos en la escuela, la que se quedó sin estudiar para que estudien ellos; es la que sostiene hogares que albergan esperanzas; es la que habla bien del hombre que la abandonó para que sus hijos no guarden rencores.

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La mujer salvadoreña invisible todavía en lugares que solo el hombre ostenta, pero indiscutible protagonista en toda gesta; no existe historia de hombre salvadoreño sin que la mujer haya tenido que ver directa o indirectamente, porque es mujer omnipresente, conoce de política más que nadie, ve venir el peligro con facilidad, tiene un instinto diferente, sabe dónde impulsar.

La mujer de este país la he visto bajo el sol, bregando en los cañales, cortando café por las mañanas, cocinando para militares o empuñando el arma contra sus rivales; la mujer salvadoreña es fuerte y aguerrida, incansable trabajadora motivada siempre por mejor mañana; su poesía es el día, sus hijos la morada, no hay momento en que no entregue ni momento en que no reclame.


Mujer Salvadoreña, bella, indomable y caprichosa; mujer de sol a sol, madre, empresaria, universitaria, sirvienta o profesional, siempre empujando, nunca renunciando. Supo dominar las circunstancias incluso en tierras lejanas y llenas de inclemencias; nunca olvida su tierra, su comida, sabe prepararla no solo para los suyos, también para los extraños. Mujer salvadoreña, qué dichosa esta tierra y nosotros que somos tus descendientes, porque aprendimos de ti a caminar, a saber esperar el tiempo y a hacernos respetar; mujer salvadoreña de vivos colores, siempre linda para todos, la que se mueve con la cumbia, canta las rancheras y carga con los recuerdos.

Sin ti mujer no habría vida, no hay familia, no hay salvadoreños; tu valor, entusiasmo y aguante nos han hecho a todos pueblo caminante, somos reflejo de tus virtudes y llevamos por herencia tus tristezas en el alma.

Madre, esposa, amiga, hija, mujer salvadoreña, tu sangre entregaste en los peores momentos, tus hijos diste para las causas nobles y aun cuando algunos de ellos malos son y entristecen tu semblante, siempre tienes por ellos tus rezos, perdón y un regazo abundante.

Mujeres salvadoreñas en este día les dedico unas líneas a su entrega y amor, muchas felicidades.




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