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Editorial & Opinion

En el país ser joven es demasiado peligroso

Jaime Ulises Marinero / Periodista

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Martes 23, Mayo 2017 | 12:00 am

Irving Eliazar Sánchez Castillo, tenía 21 años y muchos sueños que cumplir. En el día trabajaba como panadero y en la noche estudiaba bachillerato. Con lo poco que ganaba ayudaba a su abuela con quien se había criado y se costeaba sus estudios. Pretendía terminar el bachillerato y luego seguir trabajando e ingresar a la universidad para estudiar Idiomas.

Todos los días madrugaba para ir a la panadería. El sábado pasado regresaba en su bicicleta a su vivienda en el barrio Las Mercedes de San Martín cuando dos sujetos a bordo de una motocicleta lo interceptaron y lo mataron de varios disparos. Sus amigos, sus compañeros de estudio y sus familiares lloran su muerte y piden justicia, porque Irving no andaba en malos pasos, al contrario, era un muchacho afanado en trabajar y estudiar.

Un oficial investigador de la PNC me dijo que se sospecha que los autores de la muerte de Irving son pandilleros que operan en el Proyecto Santa Teresa en San Martín y que al parecer lo asesinaron porque todos los días el joven pasaba por dicha comunidad para ir a su trabajo. En otras palabras, lo mataron por un motivo fútil.

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Irving, para nuestra sociedad, solo es un muerto más producto de la violencia pandilleril. Al final del mes será parte de una fría  estadística de víctimas mortales, sin nombre y sin rostro. Dentro de algunos años o meses tal vez, nadie, excepto sus familiares y amigos, lo recuerden y clamen justicia.

Apenas dos días antes otro joven trabajador fue asesinado a balazos. Edwin Adán Álvarez, de 27 años, se dedicaba a vender refrescos frente a un centro comercial en la 29 avenida Norte de la colonia Zacamil, de Mejicanos, donde fue acribillado por dos sujetos que se conducían en motocicleta. Edwin tenía alrededor de siete años de trabajar en el sector y según los comerciantes de la zona, el joven no estaba ligado a las pandillas ni había recibido amenazas de ningún tipo. O los asesinos se equivocaron de víctima o mataron al azar, por puro placer.

Ese  mismo día, en un taller mecánico en el barrio Santa Anita, de San Salvador, fue asesinado a balazos el joven Cristóbal de Jesús Flores Hernández, de 22 años. El homicidio ocurrió a las 9:00 de la mañana y para no variar los asesinos se conducía en una motocicleta. Las versiones de quienes conocían a Flores coinciden en el sentido de que el joven no se metía en problemas con nadie y que siempre fue alguien muy responsable con su trabajo.

Irving, Edwin y Cristóbal tenían en común ser veinteañeros y trabajadores. Su única desventaja era ser jóvenes en un momento de nuestra historia en que la juventud corre peligro permanente. En El Salvador ser joven es estar expuesto a ser asesinado en cualquier momento por el odio de grupos terroristas  y porque el Estado no cumple con su deber constitucional de garantizar la  seguridad ciudadana.

Otro punto en común de los tres jóvenes asesinados es que fueron ultimados por homicidas que se conducían en motocicletas. Al parecer, usar motocicletas es un modo de operación adoptado por los criminales, incluso todos recordamos que el sábado 13 de los corrientes, las cámaras de vídeo vigilancia de Santa Tecla captaron cómo un asesino que se conducía en motocicleta,  le quitó la vida a la joven Jeymi Guadalupe Gómez, de 28 años, quien junto a su hermano, se transportaba en un taxi en las cercanías de El Cafetalón.

Las autoridades de Seguridad Pública deben tener ya un plan operativo que les permita frenar los ataques armados cometidos por criminales que se movilizan en motocicletas, un medio de transporte que les permite escapar de la escena del crimen con facilidad. Imagino que debe ser difícil contrarrestar esta situación, pero para eso existe una inteligencia del Estado y policial.

Volviendo a nuestra juventud en peligro, el Estado debe garantizar la vida de todos los salvadoreños. No es posible que en El Salvador jóvenes malos  estén matando a jóvenes buenos. Antes era el miedo a ser reclutado por el ejército o la guerrilla, hoy es el miedo a ser víctimas mortales de los pandilleros. Protejamos a nuestros jóvenes.



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