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Editorial & Opinion

En pro de una vida digna para la tercera edad

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 24, enero 2017 - 12:00 am

Hace algunos años estuve en Boston, Masachussetts y visité un centro comercial con más de dos mil empleados. Más del  90 % de los trabajadores eran personas mayores de 60 años, todos ya jubilados formaban parte de un programa ocupacional de la tercera edad.

En otro viaje a Taiwán, pude ver hoteles cuyos trabajadores eran personas mayores de edad o con alguna discapacidad física. Hospedado en uno de ellos, pudo darme cuenta que funcionaban a la perfección con el personal amable y debidamente capacitado.

En El Salvador uno visita los parques de las principales ciudades y puede ver cientos de hombres y mujeres desocupados, sin pensión y sin un asomo de oportunidad laboral, porque son personas mayores de 60 años. Esa es la realidad de nuestra tercera edad.

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Aquí en la capital, los parques Libertad, Bolívar, Centenario, Centroamérica, San José, San Jacinto, Plaza Cívica, Morazán y otros, están abarrotados de hombres y mujeres que se gastaron la vida trabajando y una vez jubilados fueron desechados como entes productivos por la sociedad y el Estado. Cuanto talento y experiencia desperdiciada por falta de atención y visión social. Uno no espera que las personas lleguen a los 75 años trabajando, pero sí ocupados en algo productivo, de acuerdo a sus condiciones físicas y facultades mentales.

Es triste leer en los periódicos o sitios web anuncios de empresas solicitando empleados y exigiendo que los aspirantes sean menores de 35 años de edad. Es decir, vivimos en un país donde los jóvenes no tienen muchas oportunidades laborales y donde ser mayor de 35 años ya implica una dificultad para acceder a un trabajo.


En El Salvador, oficialmente, enero es desde 1992 el mes de la tercera edad. Algunas organizaciones no gubernamentales e instituciones oficiales hacen actos públicos, pronunciamientos y visitan a los ancianos en los asilos. Se hacen convivios ocasionales y buenas fotos, las suben a sus sitios oficiales y el resto del año se olvidan de las personas de la tercera edad, hasta que nuevamente llega la Navidad y enero. Fechas propicias para nuevos actos y nuevas fotos.

En nuestro país es penosa la vida que lleva la mayoría de personas de la tercera edad. Marginados de toda participación productiva y con poco o nulo apoyo estatal. Algunas instituciones y alcaldías hacen esfuerzos aislados, pero no los suficientes para ponderar a estas personas, muchas de ellas fueron destacados ciudadanos que dieron un valioso aporte a la sociedad.

No hay leyes que protejan laboralmente a las personas de la tercera edad. Los que trabajaron y se jubilaron viven con la incertidumbre del pago de sus pensiones. Algunos que se jubilaron hace varios años siguen viendo como cada vez más lo que reciben de pensión les alcanza para menos. Los que recién se han jubilado no saben si en el futuro el Estado les garantizará el pago de sus pensiones. Más que declaratorias y fiestas en el mes de la tercera edad, el país requiere de acciones concretas de apoyo a este sector. Con suerte muchos llegaremos algún día a ser parte de este sector social.

En otros países hay hospitales especializados en geriatría, empresas que se enfocan en darles oportunidad laboral a las personas retiradas, instituciones que garantizan el acceso a los servicios básicos, a la recreación y a la convivencia de estas personas. Llegar a viejo, como dicen muchos, es un privilegio, pero solo si se llega en buena forma y con el decidido apoyo de la familia y el Estado. Desde enero a diciembre deben ser meses dedicados a la niñez, la adolescencia, la mujer, el hombre, las personas discapacitadas y la tercera edad. Todo ser humano, especialmente los adultos mayores merecen todo nuestro respeto y apoyo, porque también son importantes y valiosos para el desarrollo nacional. Ojalá y los planes de estudios de Moral, Urbanidad y Cívica contemplen una alta dosis de concienciación sobre el valor de  nuestros adultos mayores, y que  el Estado y la sociedad se abran para proteger a estas personas que por el tan solo hecho de haber llegado a mayores, ya merecen todo nuestro respeto y una oportunidad de vida digna, como en otros países.




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