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Editorial & Opinion

Entre la esquizofrenia y la democracia

Luis Eduardo Vivanco / Editor General de Diario La Hora, Quito, Ecuador. @luisevivanco

viernes 24, febrero 2017 - 12:00 am

Ecuador concluye una semana muy agitada. La sospecha de fraude electoral electrizó la conciencia ciudadana y la calle se convirtió en la principal plataforma para defender la democracia. Y se lo logró. Los ecuatorianos tendremos una segunda vuelta electoral el próximo 2 de abril.

El Gobierno del Socialismo del Siglo XXI, descolocado, enfurecido, desubicado, mira con temor ese proceso. Sus perspectivas eran ganar en una primera vuelta con al menos el 40 % de los votos y pese a que el 60 % restante manifestó su rechazo, continuar con la aventura populista que, tras la caída del precio del petróleo, se mostró tal como era: un modelo basado en el gasto público, el clientelismo, la corrupción y el puño totalitario.

Incluso el presidente saliente Rafael Correa amenazó ya con destituir con su bloque legislativo al nuevo mandatario, si es que este es Guillermo Lasso, el opositor de derecha que combatirá al aparato gubernamental en la segunda vuelta. Así como suena, aún ni empieza la campaña y Correa aseguró que si ganan sus contrarios, provocaría una crisis política para volver él en un año y participar en elecciones anticipadas.

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Estas declaraciones no sorprenden al tratarse de un político que conduce su gestión con más estómago que razón, pero revela que le será imposible alejarse de las mieles del poder y que su candidato a la presidencia, Lenín Moreno, no es más que un títere de sus caprichos.

Lasso, por su parte, tiene el inmenso reto de convertir a su candidatura en una plataforma nacional, no suya ni de su partido. Para ello debe buscar líneas de consenso que permitan convocar a sectores de izquierda y de derecha y así enfrentar desde la ciudadanía a un aparato oficial graduado en la escuela de la propaganda alienante y el chantaje burocrático.


Ecuador se juega el pellejo, el poco que le queda después de una década en la que lo han despellejado. Nunca antes en la historia se había presentado una oportunidad como esta, jamás había llegado tanto dinero a las arcas fiscales producto del boom del petróleo.

El país, en vez de usar esos recursos para abandonar de una vez por todas el subdesarrollo, prefirió monopolizar la política, restar las libertades, despilfarrar y desviar el dinero. La historia aún debe marcar este capítulo y está por verse cuál es su epígrafe.

Se viene una campaña a sudor y sangre. Si en primera vuelta se vio una de las disputas más sucias de la historia reciente, nos espera una batalla nunca antes vista, pero que tal como se evidenció en las calles esta semana, los ecuatorianos están dispuestos a darla.

El fantasma del fraude no desapareció pese a que se convocó a segunda vuelta. Las sospechas recaen ahora sobre la conformación del legislativo, donde Correa tendría mayoría. Esto imposibilitaría varias reformas legales necesarias para desmontar el aparato totalitario.

Hasta hoy se pelea cada voto, cada cupo de asambleístas.

Aún no se puede saber si Ecuador formará parte de los países que han logrado bajarse del esquizofrénico tren del populismo bolivariano, lo cierto es que millones de ecuatorianos no soportan más ese viaje, conducido por un maquinista que no entiende la política más allá de su periferia. El 2 de abril se conocerá el destino de esa locomotora y muchos esperamos que la estación a la que arribe se llame democracia.




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