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Editorial & Opinion

Es posible restablecer la confianza

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 4, septiembre 2018 - 12:00 am

Durante la semana anterior se efectuaron en Santo Domingo, República Dominicana, diferentes foros convocados por iniciativa del Parlamento Centroamericano (Parlacen), abordándose temáticas como: la política y retos del sistema educativo de la región; los avances en materia de equidad de género en la participación política tratados en el XVII Encuentro Regional de Mujeres Involucradas en Partidos Políticos; el turismo como una de las industrias prometedoras de mayor crecimiento económico analizado en el XVIII Foro sobre el Desarrollo e Integración Turística; y los retos y desafíos que enfrentan los partidos políticos en nuestra América en el marco de la XXVI Conferencia Centroamericana y del Caribe de Partidos Políticos.

De las diferentes ponencias, aunque de manera distinta en cada uno de los países -y con diferentes niveles de profundidad, se puede recoger en síntesis la responsabilidad y culpa generalizada sobre la percepción de crisis que viven los partidos políticos, que se expresa tanto en la pérdida de afiliación, simpatía y electores, como en el deterioro del rol que ejercen en la intermediación y representatividad de la ciudadanía ante las diferentes instituciones del Estado, principalmente congresos y Ejecutivos.

La creciente y significativa pérdida de confianza sobre la utilidad del partidismo tradicional; el replanteamiento de la naturaleza de la relación del legislador con sus electores, y el cuestionamiento permanente de los fines y propósitos -reales y ocultos- de las iniciativas legislativas que promueven éstos y sus organizaciones políticas son algunos de los reflejos del malestar social frente a los institutos políticos.

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En el caso de los gobiernos la crisis y desconfianzas devienen de la ruptura entre las abundantes promesas de campaña, las altas expectativas del electorado; y, al final, las limitaciones e incapacidad manifiesta de cumplir sus planes de gobierno.

Vivimos en una época en la que muchos consumidores buscan dulce sin azúcar, leche sin lactosa, pan sin gluten, combustible sin contaminante, y política sin políticos; por lo tanto, al escepticismo de la ciudadanía por la participación, al distanciamiento de la actividad partidaria y apatía por el sufragio mismo, debe adicionarse como causas: las recurrentes crisis producto de divergencias y divisiones dentro de estas agrupaciones políticas; la falta de relevo y renovación de sus filas, severos vacíos y retrasos en la formación política, ideológica, académica y técnica de sus liderazgos; la férrea resistencia que anteponen a las regulaciones y rendición de cuentas, los excesos en la competencia electoral, los casos de penetración de mafias y crimen organizado; el burocratismo, el elitismo y el abuso en prebendas y beneficios extraordinarios derivados del mal ejercicio de la función pública, que en algunos países ostentosamente están muy por encima de la precaria realidad que vive la ciudadanía común y que devienen generalmente en frecuentes escándalos de corrupción.


Este vacío generado por la crisis de los partidos, coincide con el cambio acelerado sobre las nuevas formas de participación democrática de la sociedad; por supuesto, de acuerdo a los niveles de acceso a la tecnología, la expansión del internet y del grado de crecimiento de las redes sociales, que son un instrumento y mecanismo que plantean nuevas maneras de intermediación y participación política de la sociedad ante el Estado que, si bien todavía son desiguales en cobertura, inciertas en cuanto a la veracidad de sus contenidos y hasta caóticas en el desempeño, ofrecen nuevos mecanismos de expresión, convocatoria, organización, movilización social y política que puede volver artificiosamente innecesaria la intermediación de los partidos políticos.

El vacío generado por las insuficiencias de los partidos políticos y la novedad de “las redes” que ofrecen una participación -al menos en expresión-, es llenado y aprovechado de manera oportunista  por un nuevo engendro que se nutre y exhala demagogia y desinformación.

De acuerdo a las condiciones de cada realidad este engendro se manifiesta como un neopopulismo en Europa y EE.UU. que arropa la xenofobia, exclusión y racismo; o encubre y promueve el activismo y la perversión judicial en Brasil; o agazapado y disfrazado de movimientos políticos y sociales para atacar y deslegitimar aún más a los partidos políticos, promoviendo un exacerbado antipartidismo sin ofrecer ni comprometer programa o plan de gobierno alguno y menos un modelo ideológico y político alternativo; es decir, vacío y superficialidad que tampoco satisfacen las necesidades de rumbo social.

El reto está puesto en la sociedad y en los partidos políticos mismos, no podemos volver a viejas prácticas superadas por la realidad, no hay nada permanente excepto el cambio constante para construir una nueva calidad de intermediación y representación democrática, que tomando en cuenta las nuevas corrientes tecnológicas y de comunicación social, asuma las lecciones, establezca una renovada relación horizontal con la sociedad cosechando las mejores ideas y refrescando las filas orgánicas; sobre la base de nuevas condiciones de modestia, transparencia, honestidad ideológica y genuina representatividad de los intereses y aspiraciones ciudadanas. Solo así se podrá restablecer la confianza.




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