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Editorial & Opinion

Es tiempo de predicar con el ejemplo

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

martes 25, julio 2017 - 12:00 am

El pasado fin de semana concluyeron los preparativos más significativos de orden interno para la postulación de candidaturas legislativas y municipales de acuerdo a la ley, de las dos maquinarias electorales de mayor impacto político y cobertura territorial, que exhiben los mejores resultados electorales y capitalizan el mayor peso en términos de organización y recursos materiales: el FMLN y ARENA.

De ninguna manera la afirmación anterior descalifica al resto de partidos políticos tenemos suficiente claridad, que por la naturaleza de nuestro ordenamiento constitucional, político y electoral y su propia trayectoria, los partidos minoritarios son fuerzas decisivas para la funcionalidad, gobernabilidad y estabilidad del país en cuanto a equilibrios, pesos y equilibrios, demostrando de manera sobrada que en política no hay aliado pequeño, y cada uno pesa de acuerdo a las coincidencias programáticas y al dominio e inserción que logra en cada coyuntura.

Por lo expuesto seguirá siendo fundamental la capacidad de negociación que legítimamente corresponde a todo congreso sobre la base de la búsqueda de genuinos intereses de nación, desde la perspectiva programática y de acumulación política para cada fuerza, con transparencia y respeto a la identidad de cada partido.

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A 25 años de los Acuerdos de Paz, el próximo 4 de marzo 2018 celebraremos la novena elección legislativa y municipal, esto significa que estamos exactamente a siete meses con nueve días para el sufragio. En estos últimos años nuestro ordenamiento electoral ha sufrido muchas reformas, principalmente derivadas de sentencias y antojos contradictorios de la Sala Constitucional, que en definitiva –y está suficientemente demostrado- no han abonado significativamente en más democracia en su sentido integral,  su resultado tampoco desborda en confianza para con nuestro sistema electoral.

Con aquellas reformas de laboratorio tampoco hemos logrado mayor participación de electores, y menos aún satisfacción en la operatividad del sistema que hoy luce enredado, más complejo, lento y sobre todo fuera de foco de las reformas fundamentales que aporten agilidad, mayor seguridad y transparencia. Algunas sentencias incluso van desde el bloqueo, la imposibilidad de ordenar y distanciar eventos electorales que venimos realizando de manera continua y que nos llevarán a las elecciones de 2018, 2019, 2021 y 2024 con unos costos superiores a los 200 millones de dólares -si sumamos el valor de cada evento con los gastos en campaña de los partidos políticos-; hasta el desatino de la Sala de haber inhabilitado legisladores suplentes.


Tal cual se observa, tenemos un panorama en que las condiciones de competencia política serán cada vez más complejas para recuperar la confianza de un importante número de ciudadanos, sobre todo por la robustez de las evidencias conocidas de la forma en que durante el pasado otros gobiernos dilapidaron los recursos públicos y hasta hoy es insuficiente la justicia, y menos la recuperación de esos bienes.

Además existe una fuerte campaña de desprestigio a los partidos políticos, aviesamente dirigida en unos casos, y en otros bien merecida por sus propios actos; lo cierto es que para bien del país, las maneras de hacer política están bajo el más severo escrutinio, cuestionamiento y dudas bien fundadas; debemos darnos cuenta que existe obligación de una mayor integridad y ejemplo personal e institucional en el ejercicio público y político para reivindicar la credibilidad del liderazgo que merece y necesita el país. Hoy tenemos una ciudadanía cada vez más informada, o con más fuentes de información, o al menos más clara de sus intereses y necesidades, que no tan fácilmente se deja llevar por anuncios de campaña o cantos de golondrina.

Otra dificultad latente será lograr en estas nuevas condiciones el financiamiento de los partidos y sobre todo de las campañas electorales. Este fenómeno por una parte obligará a los partidos a genuinamente apegarse más al trabajo territorial de persona a persona, a generar toda suerte de verdaderos hechos políticos que abonen al interés ciudadano, al despliegue de la mayor creatividad en el uso de tecnologías apropiadas como las redes sociales que van en acelerada expansión, y sobre todo a lograr hacer de la ciudadanía misma un verdadero sujeto político activo, protagónico, capaz de hacer valer sus propios intereses. Esto implica partidos más abiertos que desplieguen todo un trabajo de conciencia que tome en cuenta la opinión ciudadana.

Las mejores muestras de desempeño ético, transparente, honesto que sean capaces de reflejar y probar estos liderazgos, abonará a la capacidad de unidad política y orgánica, coherencia y fuerza del planteamiento que se presente al país sobre todo para avanzar en mayores niveles de seguridad y tranquilidad pública, educación en función del desarrollo y prosperidad con oportunidades para todos. El voto popular distinguirá el empeño por los resultados de la actitud miserable y mezquina de bloqueo a toda inicia-tiva que tenga por fin beneficiar a la familia salvadoreña.




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