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Editorial & Opinion

Escurridiza realidad

Jaime Barba / Región Centro de Investigaciones

lunes 12, febrero 2018 - 12:00 am

Para aprehender la realidad hay que comprenderla. Y para comprenderla es necesario estudiarla. No es por ósmosis ni con apreciaciones a ojo de buen cubero como puede intervenirse con cierta eficacia en los hechos que configuran la realidad social y material.

Se supone que las contiendas electorales son una buena oportunidad para decantar las depuradas reflexiones que las conducciones políticas realizan acerca del quehacer nacional. ¿Pero hacen eso en verdad, a fondo, los partidos políticos? ¿O es solo la almendra dura de la propaganda electoral la que debe deglutir la vasta ciudadanía?

Por lo que muestran los anuncios breves (o spots) televisivos, que es el medio predilecto de ese vampiro llamado marketing electoral, los emprendimientos que los partidos políticos pretenden desplegar en San Salvador, por ejemplo, dejan al descubierto lo poco que se comprende este mundo urbano.

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¡Y es que San Salvador ya no existe! Es decir, la ciudad de San Salvador como se conoció hasta antes del proceso de industrialización por sustitución de importaciones que tuvo su fase alta en la década de 1960, esa ciudad no existe más, porque dio paso (y la guerra terminó de reconfigurar las cosas) a un entramado urbano-metropolitano del que el municipio de San Salvador es uno de los pivotes fundamentales. Sin embargo, las plataformas electorales que se ofrecen a la ciudadanía pasan de largo de estas consideraciones, y esto es, entre otros aspectos, por su sesgo municipalista, que es una camisa muy estrecha que ya no le queda a estos complejos y abigarrados territorios urbano-metropolitanos.

Se insiste hasta el cansancio en retomar el mitológico Centro Histórico de San Salvador (en realidad hablan solo de la cuadrícula central) y se desentienden de las otras áreas centrales, concepto más apropiado para dar cuenta de este constructo urbano siempre ninguneado.


Debería ser de rigor que quienes aspiran a ser concejales hiciesen un tour a pie, claro, por las áreas centrales de San Salvador y tal vez de este modo podrían pensarse mejor los planteamientos que se proponen. Así, caminar por sus derruidas aceras, apreciar sus descascarados edificios, tasar el abandono de sectores como el barrio San Miguelito, considerar la veloz y brutal modificación (sin más criterio que el comercial) de los usos del suelo en una colonia como la Layco (donde vive el presidente de la república), otrora asiento residencial de las que fueron las boyantes capas medias o discurrir, ¡y salir indemnes!, por la zona oriental de la ciudad de San Salvador, allá por La Tiendona, sí, sería iluminador para los futuros concejales porque podrían tomarle el pulso al real palpitar urbano y, además, si lo hacen en las horas pico, también les tocaría aspirar su cuota de aire pútrido y viciado que se respira en esos lugares.

¿Están hablando de todo eso? No parece.

Sin idealizar de manera alguna a Costa Rica sería bueno que algunas personas de los equipos electorales o quienes se postulan a la máxima jefatura edilicia o quien sea se fuesen a caminar por los las calles de San José, sobre todo comenzando desde el Parque Metropolitano La Sabana (que comprende 72 hectáreas) y avanzando por el Paseo Colón, pasando por el hospital San Juan de Dios y hasta empalmar con la Biblioteca Nacional de Costa Rica (situada entre calles 15 y 17, Ave. 3 y 3B, al costado norte del Parque Nacional), tomar aliento y sentarse a conversar o leer un libro de Joaquín Gutiérrez, de Yolanda Oreamuno  o de Fabián Dobles si es que tienen ese hermoso hábito, retomar la marcha y aproximarse a la estación del Tren Urbano de Costa Rica —Curridabat / Pavas / Heredia / Belén / San José /Cartago— y tomar el rumbo de Heredia… y horas después, regresar.

Después hablamos.

En fin, la disputa electoral a ratos se antoja aburrida y desopilante, y es que se le va entre las manos la escurridiza realidad.




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