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Editorial & Opinion

Espadas y cumbres

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

viernes 23, marzo 2018 - 12:00 am

El régimen criminal venezolano cuya cabeza visible y prescindible es Nicolás Maduro pareciere tambalearse, no solo por las sanciones impuestas por la Unión Europea, Canadá y los Estados Unidos, sino también por la actitud y acciones emprendidas por el llamado Grupo de Lima, conformado por 14 países, todos miembros de la OEA. Organización que con solo cinco votos en contra, solicitó formalmente al gobierno de venezuela no llevar a cabo unas elecciones marcadas por la ilegitimidad. La imposición de una asamblea constituyente, unida a las reiteradas violaciones del Derecho Internacional la colocó en la lista de los denominados “Estado Forajido”, a lo que debemos agregar que ante la insólita crisis humanitaria inducida por el propio gobierno, la dispersión del poder constituido, la anarquía, descontrol y presencia de grupos armados irregulares de diferentes denominaciones, el país se encuentra literalmente en el marco de “Estado fallido”.

Más de 18 años tiene la Venezuela democrática resistiendo y enfrentándose a la narcodictadura que se inició con el iluminado Chávez, quien en su ebriedad del poder, ausencia de sindéresis conceptual y espiritual logró doblegar en su casi totalidad la voluntad de los pueblos de América a través de ALBA, Petrocaribe, Unasur, Telesur, Celac y un sinnúmero de asociaciones y empresas derivadas de cualesquiera de esas alianzas llegaron a pasearse por las calles de Londres, Nueva York, Buenos Aires, Zimbabue, Bagdad, Quito, Sidney y hasta Bielorrusia. Los petrodólares sirvieron y llegaron donde Fidel Castro jamás pudo llegar, y tener más presencia que la otrora Alianza para el Progreso o la actual secta del Foro de Sao Paulo. Baste observar solo el caso de El Salvador a través de Alba Petróleos, o de Honduras con el caso Zelaya, o cuando violando la disposición de la ONU llegó hasta Iraq, le manejó el Mercedes Benz a Saddam Husseim hasta la capital, o cuando le regaló dos veces la espada de Bolívar a Muamar Kadaffi, a Raúl Castro, Correa, Mobutu, Evo Morales y a cuanto violador de derechos humanos se le cruzaba en el camino.

Y al hablar de la espada de Bolívar, nos referimos a la espada que le obsequió el Perú por su gesta libertadora. Fue más un gesto significativo que un arma, pues su vaina finamente labrada de oro 18 kilates y su empuñadura igualmente de oro, se encuentra engastada de mil cuatrocientos setenta y tres diamantes, rubíes y esmeraldas.

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Esa pieza única de incalculable valor, se reposaba en las bóvedas del Banco Central de Venezuela, hasta que Chávez, en el 2010, la hizo sacar de allí y la llevó al Palacio de Miraflores, la desenvainó, la alzó en lo alto y amenazó con acabar con ella a los estudiantes que se habían rebelado contra su mortal desgobierno. Luego ordenó fabricar réplicas de ella, para regalarla a los jefes de gobierno que le fueran afines, como los  arriba nombrados.

Y como de Perú surgió ese mito y afecto hacia el Libertador, también, por esas coincidencias de la historia, desde Perú se conformó el 8 de agosto de 1917 el llamado Grupo de Lima, integrado por 14 países de la región con el fin de buscar una solución a la crisis humanitaria e institucional venezolana, generada por la narcodictadura. Igualmente, Perú, en homenaje a El Libertador, decidió retirar la invitación cursada al dictador Nicolás Maduro para su asistencia a la Cumbre de las Américas, a celebrase el próximo 13 y14 de abril en la señorial y Tres veces Coronada ciudad de Lima.


Al deplorar los acontecimientos políticos que condujeron a la renuncia del presidente Pablo Kusczynski, esperamos que ella no conlleve reinvitar a Maduro a una Cumbre, donde no merece estar; aunque esa fue una decisión unánime del gobierno y pueblo del hermano país.




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