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Editorial & Opinion

Esperar, esperar…

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 27, diciembre 2017 - 12:00 am

El pueblo chino, dicen, planea para siglos adelante. Los latinoamericanos no planeamos. Esa diferencia se ve en los resultados.  China surgió de una tiranía oscura hasta en el vestir de su gente, hoy, a 41 años de la muerte de su fanático dictador, es una potencia económica mundial. ¿Qué le pasa al latinoamericano que es incapaz de planificar a largo plazo? Miami hace un siglo era un zona prácticamente desolada y hoy es la ciudad puerto que más cruceros recibe y despacha en el mundo.

Suecia era una monarquía empobrecida a principios del s. XX, y ahora es, bueno, ustedes ya saben lo que es. Ya sea oriental, norteamericano o europeo, sin dejar a un lado los asiáticos, al parecer, todos pueden salir adelante en un término medio, menos ningún país de Latinoamérica, que, a excepción de Chile, no han planificado su futuro. Hacen camino al andar, y eso es bonito para un poema de Antonio Machado, pero no para un país.

¿Qué queda entonces? Nada, solo esperar. Solo algo se ha desarrollado en esta subregión: las pandillas y el crimen organizado, entre éste el narcotráfico. De ser inexistente en los años 70 hoy son poderosos cogobernadores de países enteros, como en El Salvador, que legislan, administra, imparten justicia en barrios y colonias ¿Qué han hecho ellos para llegar a tener tanto poder? El tema es complejo pero sin duda han tenido una visión muy clara de lo que querían llegar a ser y trabajaron arduamente para ello. Todo lo contrario de nuestros presidentes, sus ministros y demás funcionarios públicos.

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Crear una nación no es pavimentar sus calles, limpiar las aceras, regalar piñatas, inaugurar chorros de agua, etcétera. Ningún funcionario puede abrazarse y felicitarse por hacer “solo” eso. Está bien abrir escuelas proveyéndolas de lo necesario, enseñar el inglés como segunda lengua, y otras cosillas como esas, pero eso no es desarrollar una nación. No, no, por Dios, no. Nadie puede autocomplacerse por ello.

Hablando de otra cosa. No son los grandes textos de política lo que deben memorizarse y recitar con infructífero orgullo los intelectualoides de la política. No es La República ni El contrato social, ni El capital los que van a necesitar a la hora de gobernar un país. En lo absoluto.


Lectura forzada para todo político que aspira a hacer la diferencia, y para todo aspirante a político en general es el encomiable trabajo periodístico de Andrés Openheimmer, Cuentos chinos, Basta de historias e Innovar o morir. Allí cuenta cómo las naciones emergentes salieron adelante, sin parámetros ideológicos, simplemente hacer lo que se tiene que hacer. Léanlos. O terminan iluminados o finalizan deprimidos cuando al cerrar la contraportada, vuelven a ver a su alrededor, y se dan cuenta que no hemos desarrollado nada.

Después de la guerra de las coreas, Corea del Sur decidió emular el ejemplo de un país que antaño lo había humillado invadiéndolo varias veces, robándose sus riquezas, violando sus mujeres, asesinando a sus hombres: Japón. Porque los nipones para esa época ya era una potencia en crecimiento. Su presidente de ese entonces acuñó el lema: Seamos como Japón. Y así fue. Planearon a futuro en toda la extensión de la palabra futuro, y ese futuro es parte del hoy, de lo que podemos ver y leer sobre ese maravilloso país.

¿Y El Salvador? A mí me cansa escribir sobre lo mismo. Este febrero de 2018 cumpliré 12 años de escribir para Diario El Mundo,

Principalmente he hablado sobre lo que sé, administración de justicia, leyes; un poco de seguridad ciudadana, relacionada a la aplicación de las leyes; también he escrito sobre la administración pública del país, de los políticos, sobre todo, y contra la corrupción de ellos. Pero también he tocado el tema del desarrollo económico, una y otra vez, pero después de estos años siento como si hubiera estado gritando fuerte a oídos sordos. Me duele la garganta. Sé que es psicosomático, pero me duele, más al ver que no queda más que esperar, solo esperar, una ya ni siquiera angustiosa espera, sino, tal vez, mi muerte y conmigo la de la esperanza de ver el país en un desarrollo económico sostenido. Arena mintió al respecto. El FMLN ni siquiera sabe qué es eso.




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