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Editorial & Opinion

Estados Unidos no necesita de El Salvador

Jaime Ramírez Ortega / Consultor Legal y de Negocios

Sábado 19, Noviembre 2016 - 12:00 am

OPINIONContra todo pronóstico Donald Trump ganó las elecciones, convirtiéndose en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos y ha quedado en evidencia que la percepción captada por las casas encuestadoras solo reflejó la intención de voto y captó la simpatía de Hillary Clinton. Todo lo contrario, era reflejado por la prensa rosa hacia Donald Trump que mostraba únicamente su parte negativa, está claro que Trump no es simpático, ni tampoco es conocido por ser un hombre amable o dulce con sus adversarios o sus empleados.

No obstante, el carácter de Trump le ha permitido liderar los negocios inmobiliarios, en el cual ha destacado desde hace muchos años. Liderazgo que impregnó desde el inicio de la campaña utilizando las técnicas de mercadeo y psicología a la inversa, es decir, creó un efecto de popularidad, por la forma peyorativa en que se refería hacia los indocumentados e inmigrantes. Dicho de otra manera, mientras Hillary creía que todo iba bien, dado que todas las encuestas apuntaban que ella era la ungida, Trump la introdujo a su cancha, la llevó a pelear, no por un puesto político, sino por un modelo negocio y de vida.

Por ello Trump explotó el sentimiento popular imperialista, o sea, que se salió del esquema convencional de hacer política y rompió el molde que traía Hillary; destacó por su discurso racial, atacó de frente el problema de inmigración centrándose en México y Centroamérica como la causa de los problemas de violencia y enfermedades de EE.UU., enmarcó en la galería de las propuestas la construcción del muro fronterizo con México y anunció su intención de renegociar los términos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), suscrito con México y Canadá, o de lo contrario abandonará el acuerdo. Asimismo, potencializó el descontento de la clase trabajadora que ha sufrido en la última década el haber perdido una poción privilegiada de ingresos, al cerrar diversas fábricas, y ser trasladadas hacia México u otros países aledaños.

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Del mismo modo se refirió a extremistas musulmanes, enviándoles un mensaje claro que no les permitirá el ingreso a los EE.UU. También anunció que anularía las dos decisiones ejecutivas claves tomada por el presidente Obama para permitir temporalmente la permanencia en Estados Unidos de muchos jóvenes que ingresaron al país siendo menores de edad, los llamados Dreamers, así como de los padres indocumentados de jóvenes estadounidenses o de residentes permanentes del país.

Es decir, que el ingreso hacia los EE.UU. de forma ilegal, será mucho más difícil en la administración de Trump, también anunció que deportará alrededor de tres millones de indocumentados y delincuentes, cifra que no dista mucho de los dos millones y medio que deportó el presidente Obama. Con ello se vería afectado en definitiva El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua.

Lo cual vendría aumentar la delincuencia común, el crimen organizado y el fortalecimiento de las pandillas y por ende mayor pobreza e inseguridad, ya que la ayuda que recibirá a futuro Centroamérica de EE.UU. estará condicionada al combate a la corrupción, al fortalecimiento de la transparencia y al respeto a la independencia de los órganos de Estado, para cerrar los espacios y que los gobiernos de corte populista o socialistas del siglo XXI no concentren el poder.

De lo contrario, pasará lo mismo que en Venezuela y Nicaragua, con los dictadores Maduro y Ortega que tienen tan concentrado el poder  y se les facilita continuar en el ejecutivo. Maduro ha retrasado el referendo revocatorio y Ortega recién ganó las elecciones de forma ilegítima con una participación pírrica del 30 % del padrón electoral y con algunos observadores internacionales que están siendo procesados por su país de origen por actos de corrupción e enriquecimiento ilícito.

Por lo tanto, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras, deben ser prudentes con sus declaraciones hacia EE.UU. Y recordar que Estados Unidos no necesita nada de Centroamérica, son estos países subdesarrollados los que necesitan de la poderosa inyección de las remesas, y de la ayuda por medio de programas auspiciados por el AID, pero sobre todo se necesita que no haya deportaciones masivas, dado que ello sí sería un verdadero problema y un caos para la ya debilitada y frágil nación salvadoreña.




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