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Editorial & Opinion

¿Estamos en una situación de guerra?

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 23, agosto 2017 - 12:00 am

El estado de la discusión acerca de la situación de seguridad se escaló en términos conceptuales el domingo pasado cuando el Arzobispo de San Salvador José Luis Escobar Alas dijo en conferencia de prensa que: “Estamos en una situación de guerra y no lo digo yo sino muchas personas, no es una guerra civil, no está enfrentada la sociedad, pero sí hay un conflicto entre estas personas que están en estos grupos”.

Conceptualizar el agudo conflicto social que vive el país como una situación de guerra es delicado. El decálogo colocado en una pared de un centro de entrenamiento, donde pareciera que el Ejército se prepara para una nueva “guerra” dice: “Al chocar con el enemigo, mate no dude, la ley es matar o morir”. El lenguaje bélico con que se entrena a los soldados y se define la situación delincuencial que vive El Salvador afecta directamente la convivencia ciudadana.

“Será difícil, pero le vamos a ganar la batalla a la criminalidad”, aseveró el vicepresidente Óscar Ortiz. Howard Cotto, Director de la Policía Nacional literalmente les ha declarado la guerra a los delincuentes que toquen uno de sus compañeros. “Los vamos a buscar hasta debajo de las piedras, si oponen resistencia les lloverá fuego y se van a morir”.

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Pero si no te gusta el chocolate: tres tazas. Para Benjamín Cuéllar, en El Salvador tienen lugar no una guerra, para el analista en derechos humanos existen tres tipos de guerras: la en contra de las maras; la entre las maras y la de las maras en contra de la sociedad. “Todas estas guerras se fortalecen a diario gracias a la impunidad vigente en El Salvador, de manera histórica”.

Decir que vivimos en una “situación de guerra”, tratar el fenómeno que nos ocupa desde un punto de vista unidimensional, solo con el control y la represión del delito   generará más violencia y no va a desmontar el conflicto social. Gandhi decía que “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”. La guerra es como el fuego quema todo lo que toca.


En algún escritorio debe estar la Política Nacional de Justicia, Seguridad Pública y Convivencia del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública que tiene otra manera de entender lo que pasa en el país. La explicación de lo que pasa está en: “La exclusión social de amplios grupos poblacionales de los beneficios del desarrollo –particularmente la niñez, la adolescencia y la juventud–, que se deriva del esquema de desigualdad en la distribución de los recursos, así como de las transformaciones de la economía y del trabajo en el marco de la globalización y más recientemente, de la crisis económica local e internacional, ha creado polos de conflictividad ante las crecientes demandas de la población”.

Lo que está en juego hoy es: Si nos decantamos por definir la situación delincuencial como una guerra o nos inclinamos por asumir que estamos en presencia de un agudo conflicto social que hay que desmontar. Para poder darle respuesta a este complejo problema, es imprescindible partir de comprenderlo y reconocer la complejidad y multidimensionalidad del fenómeno de la criminalidad y la violencia.

La columna vertebral de la política pública de seguridad debe ser la prevención social de la violencia y del delito. Hay que reducir los factores sociales que generan violencia y la delincuencia. No hay discusión en que se debe controlar y reprimir la criminalidad común, organizada y de las pandillas, pero no debemos perder de vista que solo se va a poder lograr la paz social y un ambiente de seguridad humana que favorezca la cohesión social si se trabaja por superar la desigualdad.

El Salvador es uno de los países más desiguales de América Latina: en el país 160 millonarios concentran una riqueza que equivale al 87 % de la producción nacional, mientras que la mayoría de la población gana salarios que no logran cubrir los mínimos vitales. Un país que se debate entre la riqueza extrema y la pobreza no va a salir adelante. No podemos obviar el hecho que la desigualdad económica, la pobreza y la exclusión social son los aspectos estructurales que explican en última instancia el conflicto social.

Vivimos tiempos electorales. Momento en que los que aspiran a ser diputados deben presentar propuestas, formular planteamientos y estrategias sobre prevención de la violencia y el delito, de atención a las víctimas y ofrecer medidas para la reinserción y rehabilitación de los privados de libertad y por supuesto hacer propuestas de control y represión del delito basadas en el mejoramiento del trabajo de inteligencia policial, investigación científica del delito y mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de los miembros de la corporación policial.




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