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Editorial & Opinion

Expresiones de intolerancia

Ana Giralt/Periodista

Viernes 1, Julio 2016 - 12:00 am

OPINION

Por más que algunos se esfuercen en hacernos creer que en El Salvador existen altos niveles de odio contra la comunidad LGTBI, la realidad es que este país está lejos de ser homofóbico. El real problema para dicha comunidad y para otros sectores, es que están inmersos en una sociedad altamente intolerante.

Se ha vuelto costumbre ciudadana deslegitimar toda expresión y acción que contraríe una mínima creencia, no importa de donde venga. Y esta intolerancia se acompaña de un ingrediente igualmente destructivo: la generalización. Todos los que no votaron por ARENA son izquierda. Todos los jóvenes que usan pantalones ajustados son gays. Todos los jóvenes “ninis” son vagos.

Maldita la costumbre de hacer colectiva una apreciación individual. Se construyen verdades absolutas que solo polarizan más. Es homofóbico el que baja la cabeza ante la expresión de amor de dos personas del mismo sexo. Es libertino quien apoye la educación sexual en las escuelas. Son representaciones del demonio aquellos que cuestionen el abuso de poder y la pederastia en la iglesia. Apoya el aborto quien acepte ser “pro-chocie”.

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Cualquier expresión que implique un cambio al status quo moral desata la tradicional intolerancia, que por décadas ha obstaculizado el que el país modernice el abordaje de temas sociales de relevancia, como la educación para evitar que más menores de edad queden  embarazadas o que jóvenes se infecten de Sida.

La intolerancia se impone a la razón. Tenemos una clase política incapaz de convivir sin destruir.  Líderes que recurren al diálogo y al consenso como última opción y después de haberse desgastado con la confrontación y el descrédito. Una actitud agotadora para la población y dañina para un país que merece más proactividad y construcción.

Ya sea por razones religiosas, el poder emanado del proceso electoral, el uso de la riqueza como instrumento dominante contra los menos favorecidos o la discriminación por razones de género, la historia de este país ha estado marcada por escenarios de intolerancia que aún tiene heridas abiertas.

No, El Salvador no es homofóbico, es intolerante, lo cual es aún más grave porque la intolerancia no permite el diálogo. El intolerante no escucha y por tanto no respeta. La tolerancia es la principal expresión de una sociedad libre e inclusiva.

¿Puede ser El Salvador más tolerante? Sí, cuando propicie una aplicación de ley igualitaria para todos y se combata todo tipo de acción que promueva la discriminación contra cualquier grupo social. El país será más tolerante en la medida se neutralice la ignorancia hacia lo socialmente “desconocido” y se evite caer en estereotipos peligrosos.

Un país tolerante es un país abierto, transparente e inclusivo. Un país donde la opinión y las expresiones contrarias se respetan y se propicia la sensibilidad hacia quienes piensan y son diferentes.




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