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Editorial & Opinion

Farewell

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Autor: René Fortín Magaña

viernes 24, agosto 2018 - 12:00 am

¡Un fantasma recorre el mundo! Guerras, revoluciones, misiles, tiranías, caudillismos, corrupción, impunidad, plagas, feminicidios y toda clase de felonías parecen preludiar el final de la especie humana; y el terrible lobo de Gubbia, en la Umbría (Rubén Darío), una vez más, ha tenido motivos para regresar a su hábitat natural, hastiado de los horrores de la sociedad humana. Se rompe el hilo de la fe de quienes creemos en la filosofía de la vida ascendente, pues la maldad parece incrementarse por todos los rumbos y en todos los niveles.

En 1974, el distinguido catedrático argentino Jorge R. Vanossi tuvo una feliz idea que ha venido fructificando con el tiempo. Invitó a cuatro catedráticos e investigadores mexicanos a impartir conferencias y a proponerles una idea-fuerza. A la convocatoria asistieron los juristas mexicanos Héctor Fix Zamudio, Rolando Tamayo, Jorge Carpizo y Diego Valadés, y unieron sus conocimientos y propósitos con los argentinos Pedro Frías, German Bidart Campos, Humberto Quiroga Lavié y Mario Justo López, junto con el mencionado Jorge Vanossi.

Actualmente agrupa a la mayoría de los países de Iberoamérica y acoge en su seno a constitucionalistas muy distinguidos de nuestra región planetaria.

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Un gran vacío se llenó cuando El Salvador se incorporó formalmente al IIDC el 22 de octubre de 2003 con 15 miembros fundadores: René Fortín Magaña, Francisco Bertrand Galindo, Luis Nelson Segovia, José Luis Lovo Castelar, José Enrique Silva, Eduardo Urquilla Bermúdez, Ricardo Castaneda Cornejo, Jorge Eduardo Tenorio, Mauricio Rodríguez Flores, Abdón Martínez, Mauricio Alfredo Clará, Guillermo Machón Rivera, Homero Sánchez Cerna, Mario Antonio Solano Ramírez y José Albino Tinetti.

Días antes, el doctor Jorge Carpizo (Q.E.P.D.) se dirigió a quien estas líneas escribe, pidiéndole que se esforzara por crear la Sección de El Salvador, la cual quedó formalizada en acta en la fecha antes mencionada y, en escritura pública, el 29 de abril de 2005 ante los oficios del notario Luis Ernesto Guandique Mejía.


Quince años han pasado desde la fundación de la sección salvadoreña del Instituto, y desde entonces y por todos los medios a su alcance, el Instituto ha venido cumpliendo una función loable: asambleas, congresos, conferencias, sesiones plenarias puntuales, conversatorios, publicaciones y apariciones en la televisión, grupos de estudio, investigaciones y cursos; recursos que ha utilizado oportunamente, desde su fundación, llenando en medida razonable una función que estaba haciendo urgente falta.

Pero ha llegado la hora de decir adiós a la Junta Directiva que termina su período este mes de agosto de 2018. En su lugar llega una nueva administración, entusiasta, vigorosa y dispuesta a aplicar siempre el lema del Instituto: Verdad y Derecho.

La nueva directiva está formada así: Doctor René Hernández Valiente, Presidente; doctor Rodolfo González Bonilla, Vicepresidente; doctor Enrique Anaya Barraza, Tesorero; doctor Luis Ernesto Guandique Mejía, Secretario; doctor Daniel Eduardo Olmedo Sánchez, Vocal.

Según el escenario que describíamos al principio, y ante los infortunios que nos amenazan, se hace ahora más urgente la lucha por el Estado de Derecho. Jamás habíamos visto dictaduras como las de Cuba, Venezuela y Nicaragua, todas de una brutalidad insoportable. En nuestro país la crisis es gravísima. Tiene trabajo el Instituto. Y todos sus miembros que ya suman más de ciento cincuenta alistamos nuestras fornituras legales para la batalla que se avecina en beneficio de nuestro pequeño gran país.

Sabíamos que las satrapías son como la venenosa Hidra, el monstruo del lago de Lerma con siete cabezas que renacían a medida que se las cortaban hasta que Hércules se las cercenó de tajo.

Nuestro Hércules es el Estado de Derecho, por el cual luchará el Instituto para que nunca deje de brillar en El Salvador el sol de la libertad.  Por eso, como Neruda, decimos “Farewell,” al mismo tiempo que seguimos adelante, siempre en pos de nuestros fines estatutarios, como son fomentar el estudio del derecho constitucional; expresar opiniones y criterios sobre los problemas constitucionales fundamentales del país; y facilitar el conocimiento de la legislación, doctrina y jurisprudencia constitucional de los países iberoamericanos.

La vida sigue su curso y hay en la realidad grandes retos jurídicos y sociales para un pueblo que demanda acciones y normas que ayuden a frenar las arbitrariedades, la corrupción y la impunidad. En eso estamos.




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