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Editorial & Opinion

¿Fuero o impunidad?

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

Sábado 29, Abril 2017 - 12:00 am

El fuero tiene su origen en la Edad Media y constituía un conjunto de leyes, normas y privilegios que se concedían a un territorio, municipio o persona como consecuencia del proceso de reconquista de distintas zonas geográficas. De modo que surge como una figura que consistía en que los servidores públicos de alto rango no podían ser procesados judicialmente por la comisión de un delito durante el periodo de su administración.

Es decir, que este privilegio jurídico era concedido por los reyes o señores feudales a los pobladores de un lugar, a los habitantes de una ciudad, a los integrantes de un gremio profesional, a una institución o sector. No obstante, su origen dista mucho con la aplicación actual de esta figura jurídica, dado que hoy se orienta a un beneficio que blinda a los servidores públicos con el fin de que éstos critiquen, difamen e incluso cometan un delito o acto de corrupción, sin que se puedan perseguir jurídicamente, como el resto de la población.

La historia reciente nos ha demostrado a todos los salvadoreños, que son escasos los funcionarios públicos que han manejado con transparencia y responsabilidad los bienes del Estado y así como entraron así salieron, sin nada más que el salario que se ganaron en concepto de fuerza laboral, volviendo su vida a su entorno normal, antes de ser funcionarios, quizás con una mejor casita, pero no una mansión; con un mejor vehículo, pero no un Ferrari; con un mejor empleo, pero no con un banco o empresas millonarias; con un estilo de vida de clase media, pero no con la opulencia de realeza en la que se bebe coñac Louis XIII  de $7,950 por botella.

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Con unos cuantos pares de zapatos Kenneth Cole o Royal Church, pero no con 80 de la marca Salvatore Ferragamo de $900 cada par. Con unas cuantas camisas o guayaberas Wilson, pero no con 100 camisas italianas de $400 cada una. Dicho de otra manera, se puede creer que una persona que entra al Estado a trabajar, pueda mejorar su condición de vida de forma paulatina, derecho al que deben de acceder todos los salvadoreños.

Pero lo que no es honesto ni creíble, es que muchos de los funcionarios públicos que antes no tenían donde caer muertos y que le debían a las once mil almas, ahora sean dueños de grandes mansiones, gasolineras prósperas, financieras, bancos, ranchos de playas, terrenitos, vehículos de lujo y de colección; incluso son terratenientes tan poderosos como las famosas 14 familias históricas, que, dicho sea de paso, han surgido otras 14 que han hecho sus riquezas de la misma forma que lo hicieron las primeras, utilizando el aparato de Estado para enriquecerse y drenar así los recursos de la hacienda pública para beneficio propio.


Por lo tanto, la lucha que tienen en la actualidad los partidos políticos no es para servir desde la presidencia u otros cargos públicos de mejor manera al pueblo, sino para tomar el pastel con la cuchara más grande. Por eso hacen todo lo posible de protegerse unos con otros, de ahí la importancia de inventar ministerios o embajadas, para darle fuero a sus compadres y protegerlos de posibles investigaciones en curso, donde evidentemente se nota que las riquezas que ahora ostentan no fue porque tengan una mente brillante para los negocios, ni porque las hayan adquirido antes de ser funcionarios, sino todo lo contrario, las adquirieron de forma fraudulenta, haciendo negocios con el Estado y comprando a bajo costo bienes públicos, es decir, que el fuero no lo están utilizando como un mecanismo de protección de posibles persecuciones políticas, sino como una herramienta de impunidad para que el brazo de la justicia no llegue al corrupto, que se ha enriquecido a la vista de todos por medio de negocios oscuros, sobresueldos, cohecho, tráfico de influencias, negociaciones ilícitas, compra y venta de voluntades e injerencias,  entre otras tácticas que utilizan la mayoría de partidos políticos para corromper todo el sistema.

No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. Levítico 19:15.




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