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Editorial & Opinion

Golondrinas y alta política

Aldo Álvarez / Abogado y catedrático

jueves 19, octubre 2017 - 12:00 am

La coyuntura política nacional, nuevamente se decanta por la novela de bajo calado, pero novela al fin. La historieta, el guión melodramático de los personajes del teatro que divierte y enfada a todos los espectadores de la tragi-comedia al mejor estilo post-modernista (nada que ver con los clásicos de Sófocles tan magistralmente hilvanados).

Habiendo en el “pulgarcito” tantas y tan vastas necesidades, problemas y dificultades sobre las cuales hablar y debatir, la coyuntura se decanta por la telenovela, por la superficialidad del “dime y el direte”, por la banalidad de la exposición pública de los cadáveres privados del closet, en fin, por la “bajerada” del ser de la vida individual, por sobre el proyecto de solución a los problemas del país ¿Hablar de la profundidad de los problemas y de la profundidad de los cambios? No, eso es secundario cuando el “mesías de Facebook y Twitter” decide tomar revancha ¿Tomar revancha? ¿Es que es posible y caben tales sentimientos en el autodenominado “presidenciable in fieri”? Él se la cree ¿Cuántos se la creen? ¿Los apáticos de siempre tendrán la voluntad y la motivación política de convertirse en “golondrinas”? ¿Cuántas, miles? ¿Será que el mesías ha logrado encontrar la nueva fórmula para convertir a los poderosos, temerarios y aguerridos “activistas de Facebook y Twitter” en fieles defensores y guerreros de la causa de la renovación “izquierdista”? ¿Será que ha llegado el ungido que le va a devolver el significado sustantivo a las banderas de una izquierda por hoy acomodada y aburguesada (supongamos que lo de corrupta es un mote exagerado)? ¿Exagerado?

Y ahí está el mesías de los medios virtuales, con su capa ondeando y blandiendo frente al horizonte esperando a sus golondrinas y en especial a la capitulación cuasi natural de los bandoleros de las extremas, que “por miedo al ungido le entregarán en charola de oro el poder, así como si nada, así como de nada, así, por miedo al tumulto que se puede venir a tropel contra los de siempre, contra los mafiosos del poder”.

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El mesías espera que todos los guerreros de los teclados se envalentonen un día lo suficiente como para salir a pelear a la calle lo que a mansalva defienden tras la polícroma pantalla. Ellos prometen fidelidad eterna y pelea sin final; sí, casi amor eterno, amor de golondrina hecha verano en medio de un invierno político, tanto o más potente que el moscovita.

El mesías de lo virtual calcula, habla y se expresa calculando, se vincula y desvincula bajo las reglas del “Marketing digital”, y cuando le convino se vinculó a la partidocracia, y cuando ya no le convino denunció-renunció de ella (lo purgaron en pocas palabras, pero y es que se puede purgar lo purgado o resucitar lo muerto), se impuso la formalidad, y ella es útil, y el mesías sigue tirando los dados, él juega, le gusta jugar y sabe a qué juega, y se permite todos los papeles, aún el más complejo e indignante de todos (pero digno del premio de la academia), el de víctima de todo y hasta del aire y del viento que contra él conspirarán. Cuidado con las ráfagas de viento más fuertes, pues pueden estar contaminadas en contra, porque el “establishment” se resistirá hasta el final de la biblia del nuevo mesías, pero al final, la estrategia surtirá efecto en tanto poder adquirido, pero será completamente inútil frente a quienes la verdad hemos percibido.


Pero él sigue con su diatriba de izquierda. ¿De izquierda? Complicado decir qué es ser de izquierda en América latina desde la perspectiva del crecimiento de las economías, y más en un país adonde la fuerza “revolucionaria” administra un modelo neoliberal en muchas formas, pero más difícil le es al mesías pensar en una realidad macroeconómica adversa a sus propios intereses económicos. Él llama a sus “golondrimas” como las defensoras de la divinidad del mesías, él está a la cabeza y del porqué de la necesidad del cambio político del país. Él por encima de una futura, posible y necesaria institucionalidad para poder restablecer el Estado de derecho, pero mientras tanto el mesías “ataca”, porque parece que él mismo ha centralizado y hecho funcionar en torno a su figura y sus “nuevas ideas”, las “nuevas ideas”.

El mesías inaugura la nueva era de “nuevas ideas” vengándose de sus antiguos hospedantes y presentando lo intolerable por tolerable, lo imposible como posible, la víctima como el victimario. El mesías no sabe en qué se está metiendo, o al menos cree saberlo…




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