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Editorial & Opinion

Hace falta un muchacho

lunes 28, marzo 2016 - 12:00 am

En el año 1993, cuando concluía el bachillerato  en el Instituto Salvadoreño de Superación Integral (Isaac Newton),  que está ubicado cerca del Parque Libertad, en San Salvador, mi profesor de Literatura e Historia nos impuso el reto que leyéramos en una semana  el libro “Hace falta un muchacho”, del autor Arturo Cuyas Armengol. En aquel momento lo consideré innecesario para mi vida, sin embargo hoy concluyo que fue porque pertenecía a esa mayoría  de salvadoreños que no había desarrollado el hábito de la lectura, aun así acepte el reto de leerlo.

De manera que comencé a introducirme en la historia y la trama en el que está envuelta este maravilloso libro y llegué a la parte donde se describe que hay muchos jóvenes que  no le encuentran sentido a su vida debido a la inmadurez. Y pone un ejemplo para ilustrar la situación,  en algún momento hemos visto un letrero con la frase “hace falta un muchacho”  a lo mejor no se le presta la menor atención dado el caso de que en esta etapa de la vida algunos no necesitan empleo o están inmersos con malas amistades.

El libro nos explica que al “muchacho” lo necesita la sociedad, la patria y el mundo para ocupar el puesto que se nos ha destinado y no será otro más que el que nosotros mismos procuremos con la insistencia, el estudio y el trabajo duro para generar un cambio positivo en El Salvador, es por eso que el libro enfatiza con la siguiente frase: “Las circunstancias hacen a los hombre hábiles lo que ellos quieren ser, y pueden con los hombres débiles; los hombres fuertes las hacen a su placer o tomándolas como vienen sabiéndolas convertir en provecho”.

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De modo que el destino que tengas en esta vida depende de tus propios esfuerzos y no de los demás; tú eres producto de tus propias decisiones, como joven construyes el futuro a partir del día de hoy  y no del mañana, la gran mayoría de tus amigos están despilfarrando el tiempo, por ejemplo; fuman y se embriagan en el tiempo que deben de estar estudiando,  salen con sus amigos en lugar de hacer las tareas escolares, pasan horas en las redes sociales y en los dispositivos móviles, cuando bien podrían aprovechar ese tiempo para aprender un oficio o desarrollar un talento.

En consecuencia, “Hace falta un muchacho” trata de formar el corazón del joven, despertar la voluntad y modelar el carácter de los muchachos en el período de la adolescencia; inculcarles el amor al trabajo; estimular su atención y aplicación al estudio; infundir en su alma los tres amores: a Jesus, a la Patria y a la Familia; imbuirles sentimientos de caridad y de altruismo; fomentar su aspiración a elevados y nobles ideales.


Encarecerles la necesidad y las ventajas de la perseverancia dé cada joven; en una palabra, preparar su ánimo para combatir con inteligencia y con valor en la lucha por la vida, y hacer de la juventud, hombres de provecho, leales amigos, honrados, y buenos ciudadanos. Claro que para ello se requiere que trabajemos en los valores de cada uno de los jóvenes salvadoreños.

Lo cual no es fácil dado que nuestra juventud se ha desviado por el camino del mal, toman los ejemplos de  los malos como estandarte del modelo juvenil, ven a las pandillas como Robín Hood moderno, sin embargo la Biblia advierte sobre estas malas amistades que solo llevan a  destrucción, o sea al hospital, a la cárcel y al cementerio.

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello. Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas. Si dijeren: Ven con nosotros; Pongamos asechanzas para derramar sangre, Acechemos sin motivo al inocente;  Los tragaremos vivos como el Seol, Y enteros, como los que caen en un abismo;  Hallaremos riquezas de toda clase, Llenaremos nuestras casas de despojos. Proverbios 1:8-12




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