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Editorial & Opinion

Haciendo más ciego el nudo

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 26, junio 2017 - 12:00 am

La guerra civil en El Salvador, parece volverse interminable. Tenemos la impresión de que los Acuerdos de Paz, firmados en Chapultepec, México, celebrados a todo bombo y platillo, fueron un verdadero circo, que trajo un descanso a las partes, y un receso en la matanza de civiles que no tenían culpa en las hostilidades.

Lo que los ciudadanos observamos en el diario vivir, es una situación de vigencia latente en los casos que se vuelven recurrentes, y hacen nacer teorías y supuestas justificaciones para continuar una lucha estéril por la “reivindicación” de los derechos pendientes de recibir justicia. Teorías como la justicia retributiva o restaurativa, no dejan de ser en el fondo, una forma de ejercer una venganza disimulada, que de alguna forma pretende satisfacer las bajas pasiones de quienes por múltiples e innumerables razones, no pueden superar los traumas que , como es natural, dejan en los participantes, las crudas realidades de una feroz y violenta guerra, que como todas, trae duelo y pesar a las familias de los nacionales.

El silencio de los cañones, lamentablemente no pudo apagar los corazones encendidos de muchos participantes que de alguna manera, fueron heridos en sus sentidos intangibles, y con una voluntad increíble, insisten en retroceder en el pasado histórico, que les impide, dejar atrás el pasado, y dirigirse hacia un futuro sin nubarrones que estimulan un regreso a la tormenta que de alguna forma, nos ancla en ese triste pasado donde el odio entre hermanos floreció casi hasta el infinito.

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En nuestra opinión, podemos afirmar que la amnistía que se concedió en aquel tiempo, fue un paso fundamental para el logro de la aparente paz, porque calló las armas de ambos bandos. Sin embargo las heridas y los lamentos del alma, producidos en los sentimientos de los participantes mas activos en las hostilidades, o no pudieron aceptar los objetivos del acontecimiento pacificador.

Al decretarse la nulidad de la ley de amnistía por la Sala de lo Constitucional, se produjo una situación inesperada, que de inmediato debió subsanarse, de alguna manera legal, para evitar la reactivación de la venganza, con los disfraces de las nuevas justicias (como si el concepto de justicia no fuere único y universal en el espacio y el tiempo) y han salido muchos personajes con todo tipo de ropajes, pretendiendo ahora, 25 años después de ocurridos los hechos, lograr la “verdadera paz” y la “verdadera justicia”. Quienes así piensan no podrán convencer a las mayorías de ciudadanos, que todas las acciones de “justicia” que intenten realizar, no dejaran de ser disimuladas y trasnochadas venganzas, que en nada ayudan a la reconciliación de la sociedad salvadoreña.


La prueba más evidente resulta en la proliferación de las pandillas, que de alguna forma, son derivadas de esa guerra, porque los valores que actualmente las alimentan, son el poco o ningún aprecio por la vida, o la forma promiscua de cómo se vive, o en general, la corrupción intensificada que absorbe todas las etapas de la sociedad. El triste ejemplo que han dado los “honorables “ diputados al invitar a la embajadora de los Estados Unidos, darle un trato político despreciable, no deja de patentizar el grado cultural en el que hemos caído, porque por un lado, nuestro país asiste a una invitación al país del norte, donde se nos ofrece ayuda para nuestro desarrollo, y antes de una semana, el llamado primer Órgano del estado, se luce con una malacrianza superlativa, ante la representante de la nación mas poderosa del hemisferio.

En realidad, hemos visto barbaridades en dicha Asamblea, como el caso del diputado “patán” de hace algunos años, donde un representante del pueblo se lució con una vulgar señal, que jamás recibió el esperado aplauso, sino la reprobación de la mayoría de quienes apreciaron el incidente. Por ello, creemos que de seguir en este derrotero, lo que estamos logrando es hacer mas difícil romper con el nudo que impide avanzar por el sendero del desarrollo. Venezuela, es un espejo presente y real.




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