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Editorial & Opinion

Hasta verlos destruidos

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 28, enero 2017 - 12:00 am

El Director artístico del Colony Theatre de la ciudad de Miami, explicaba al entrevistador la trama de la obra “Terror” que se presentaría en el legendario inmueble, y rescatado de la insolencia, que fuere inaugurado como sala de cine por la Paramount Pictures en 1935 sobre la Lincoln Road. Finalmente, la ciudad decidió convertirlo en sala de teatro, luego de oír la iniciativa y proyecto presentado por el Director teatral Michel Hausmann, para lo cual destinó una suma importante de dinero para su restauración y equipos, que incluyó el rescate de su fachada Art Deco venida a menos. El teatro sigue dando su frente a la calle, ahora convertida en bulevar por donde transitan turistas, clientes, comensales, músicos solitarios, bañistas que regresan de la playa cercana, otros sentados alrededor de mesas disputándose los más variados sabores de la cocina internacional, no siempre gourmet, pero complacientes a la vista por sus colores y diminuta presentación. Los habitués saborean una cerveza bien fría o un sorbete de la heladería 4D, sin que nadie les apure, desde donde pueden observar las interminables, bellas y airosas damas luciendo sus vestidos veraniegos, con su andar apurado portando bolsas de marcas, de algunas de las numerosas tiendas de moda que se multiplican en el paseo.

Michel Hausmann explica en ese momento que la obra será dirigida por el dos veces laureado con el Tony al mejor Director de Teatro, Gregory Mosher, llegado desde Nueva York para asumir el reto. Se trata de la ética, dice. Un terrorista que secuestra un avión con 67 pasajeros y lo dirige hacia un estadio donde se encuentran cerca de 50 mil personas presenciando un juego estelar. Un avión militar F-15 piloteado por una mujer debe decidir entre derribar la nave comercial o dejar que se estrelle contra el estadio. La piloto desobedece la orden superior que le fue dada, y eligió derribar el avión de pasajeros; y allí comienza la verdadera trama. Pareciera que lo arriba narrado no tiene que ver con nosotros, pero sí, lo tiene por el elemento ético que encierran las decisiones que a diario debemos tomar. Hausmann es un productor, escritor y director teatral de origen venezolano que fuere muy reconocido en su país, con propuestas novedosas que llenaban las salas cada vez que presentaba una obra, incluyendo la exitosa The Golem of Havana, de su autoría. Sin embargo, terminó por irse de Venezuela para salvar su vida y la de su familia. En una oportunidad, uno de esos colectivos armados del gobierno entró a una función a sala llena, y la dispersó con bombas lacrimógenas; en otra, le impidieron estrenar una obra, al advertírsele que Chávez había roto relaciones con Israel y no era oportuno el contenido de la trama. Decidió irse a nueva York, estudió, se graduó en la Universidad de Columbia como director de teatro, trabajó allí y luego escogió Miami, por todo lo que es y representa Miami. La ciudad lo nombró Director Artístico del Colony Theatre y se trajo prestado de Nueva York para dirigir Terror, al laureado Gregory Mosher. Su historia es enriquecedora, y agradable, pero al propio tiempo representa el drama de un pueblo, de una nación, que ve perder a sus hijos más valiosos, en todas sus expresiones, ante la devastadora acción de la dictadura totalitaria que inició Chávez, y fuere continuada por Nicolás Maduro y la fuerza armada bolivariana, que se convirtió en un ejército de ocupación de su propio territorio.

“Quienes hemos presenciado la destrucción de un país…” y dejó en el aire con ojos humedecidos, la frase que narra el dolor e impotencia de lo que sucede en Venezuela, y allí terminó la entrevista que, en lo personal, le tocó responder al entrevistador. No es el único caso, el de Hausmann, pero es emblemático, como tanto otros, como el de Cuba por ejemplo, porque ilustra lo que ofertas engañosas como el Socialismo del Siglo XXI, Alba Petróleo, Albanica, CELAC, Petrocaribe surgidas de mentes enfermas, falaces, resentidas pueden hacer con sus propios países hasta verlos destruidos.

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