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Editorial & Opinion

Homicidios, deserción escolar y embarazos

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 12, diciembre 2017 - 12:00 am

Respecto a la niñez, la sociedad salvadoreña enfrenta tres grandes desafíos que no aparentan tener solución inmediata por falta de conciencia y políticas que busquen resolver a profundidad los problemas. Los desafíos son: el negativo impacto de la violencia social, el alto índice de deserción escolar y los embarazos en niñas y adolescentes.

Lo anterior fue reiterado durante un foro organizado la semana pasada por la Organización Plan Internacional, en el cual se analizaron los avances y desafíos del Sistema Nacional de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia en El Salvador.

En cuanto al impacto de la violencia social en la niñez, un informe del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA) indica que desde mayo de 2016 a junio de 2017, es decir en un año calendario, el Instituto de Medicina Legal reconoció a 665 niños y niñas de entre 0 y 17 años que fueron asesinados.

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El informe del CONNA, desde luego, no señala la cantidad de niños y niñas involucradas en homicidios u otros tipos de delito, cantidad que resulta alarmante y hasta increíble. Nuestra niñez es víctima de la violencia social de todas formas. A diario, hay un promedio de dos menores de 18 años asesinados, pero la cantidad de menores de edad involucrados en hechos delictivos es muy superior. Éstos últimos también son víctimas de la sociedad que los encamina al cometimiento de delitos por falta de políticas adecuadas y efectivas que sean preventivas.

Recientemente se procesó a un menor de 14 años acusado de dos homicidios. El muchacho había matado a dos adolescentes de 17 años. Aquí, como ejemplo, son tres las víctimas directas, porque el niño hechor también es el resultado de una sociedad que le ha fallado en su formación.


Preocupa realmente la cantidad de niños y adolescentes involucrados en delitos, especialmente en homicidios y extorsiones. Pareciera que cada vez comienzan a delinquir de menos edad. Hace algunas semanas, en Apopa, se detuvieron a más de diez pandilleros vinculados a todo tipo de delitos y cuatro de ellos eran niños cuyas edades oscilaban entre los 11 y 15 años. Entre sus víctimas se contaban tres personas, una de ellas un adolescente de 14, a quien mataron porque se negó a ingresar a la pandilla.

En otras palabras, respecto al alto impacto negativo de la violencia social, el desafío de país es grande. Enorme. Niños y adultos asesinando a niños que se convierten en simples cifras que sirven para análisis que solo aportan  teoría y nada de practicidad.

Otro dato importante aportado en el foro es que en el primer semestre del presente año ha habido 1,948 casos de denuncias por delitos sexuales; de esa cantidad, el 79 % las víctimas son niñas. Homicidios y violaciones, entonces, son dos delitos estrechamente vinculados en contra de nuestra niñez. En la mayoría de casos el violador es alguien conocido de la víctima y, lo que es peor, es que muchos casos de violación no son denunciados por amenazas, desconocimiento y hasta por idiosincrasia.

En el foro organizado por Plan Internacional también se muestra como gran desafío la deserción escolar, ya que es preocupante que, verbigracia, en el año escolar 2016 el 6.8 % de la niñez  en edad escolar no asistieron a la escuela. Para colmo, alrededor de 15 mil niños y niñas que iniciaron el año escolar desertaron por diversos motivos, principalmente por la violencia pandilleril.

Un desafío, grave como los anteriores, es el de las niñas y adolescentes embarazadas. Un 25.7  % de los embarazos reportados fueron en niñas, prioritariamente en la zona rural y en los estratos sociales más bajos. Generalmente, una niña embarazada es una estudiante menos y una futura adulta que tendrá que lidiar sola con sus hijos, porque en la mayoría de los casos suele ser abandonada por el padre  del bebé.

El reto es grande, pero no solo para las autoridades. La responsabilidad es de todos. La sociedad civil organizada, el gobierno, la iglesia, la escuela, pero especialmente la familia, que es el sitio perfecto para inculcar valores y proteger a nuestra niñez. La niñez y adolescencia necesitan mucho más que análisis. Necesitan de acciones que realmente la protejan de toda forma de violencia, menosprecio y marginación.




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