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Editorial & Opinion

Imaginemos una utopía para cambiar la realidad

jueves 19, febrero 2015 - 6:19 pm

No existe acto ciudadano de mayor responsabilidad que elegir a sus gobernantes. El pueblo tiene en sus manos el poder de la voluntad, la cual es traspasada a sus gobernantes por medio del sufragio. Los que son elegidos por el pueblo, tienen la responsabilidad de responder a las expectativas de quienes han votado por ellos, y también, quienes al sufragar deciden votar en blanco o anular el voto, están siendo consecuentes al no otorgar su poder a quien no los represente, o sea, considerado nocivo hacia sus ideales.

Los políticos tienen compromisos con el pueblo, porque cuando están en campaña, van y dicen “voy a regresar con ustedes” y muchas veces se les olvida la promesa que hicieron y nunca regresan, nada más vuelven a retomar los compromisos cuando vienen los tiempos electorales. Los políticos que queremos los salvadoreños comprometidos en sacar adelante al país, son los que cuando lleguen a un cargo de elección popular, regresen para ver los problemas de la ciudadanía y buscar una solución.

Los políticos no deben abandonar a quienes les dan su voto con el que llegan a un cargo, porque luego necesitan nuevamente del apoyo ciudadano y si no cumplen sus compromisos, no tienen cara para volver a pedir el voto (bueno algunos sí tienen cara dura).

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El pueblo ya no quiere que solo los visiten cuando sean     días de elecciones y luego cuando llegan al cargo no los vuelven a ver, hasta que vengan las oportunidades para otros candidatos. Por eso, desde ahora debe ser diferente, si el pueblo les dio la confianza, que se la regresen trabajando para el pueblo; es por ello que el próximo 1 de marzo debemos ejercer nuestro derecho al sufragio con absoluta responsabilidad, fortaleciéndonos en democracia pero asegurándonos de marcar en la papeleta la bandera o los rostros que nos generen mayor credibilidad.

Para tener la confianza necesitamos exigir nuestros derechos, recordarles mediante el voto que no es necesario decir “te voy a ayudar”, creo que es más conveniente decir “te ayudé”, porque las personas tienen mayor credibilidad cuando dices “lo hice” a decir “lo voy a hacer”, ya mucha gente no cree en los partidos políticos, ni en los políticos, ni en las campañas, ahora tienen que hablar los hechos y no las palabras.


A pesar de todas las injusticias a las que nos enfrentamos cada día, no tenemos la brillante idea de poner nuestro voto, nuestra propia e individual voz al alcance de todos, incluidos los gobernantes.

Nuestro poder es mayor que cualquier sistema: comunismo, socialismo del siglo XXI, dictaduras, capitalismo o todos ellos juntos.

Nuestro poder, y nunca lo dirán los políticos, es mayor. Somos la razón de existencia del propio sistema. Si nos organizamos, podemos cambiar cualquier rumbo equivocado, cualquier sistema.

¡Ojo!, ahora no es por falta de tecnología. En nuestra mayoría, nos han hecho creer y somos, tan ingenuos o más, que en el siglo pasado. En la página web de la Asamblea Legislativa deberíamos encontrar muchísima más información y estadísticas (ejemplo: detalle de gastos de viaje por cada diputado) pero no toda está, ni todos los salvadoreños tienen acceso a Internet. Igual información deberíamos tener de cada gobierno municipal.

Imaginemos una voz que diga:

-“El pueblo quiere…castigar con su voto a los malos políticos…verdaderas soluciones sobre la seguridad de la población…eliminar los malos funcionarios, a los corruptos…un hospital público en cada pueblo y una ciudad con medicinas…que rindan verdaderas cuentas sobre los ingresos y gastos del país…una educación reinventada. Práctica, inteligente, realista y coherente con nuestra realidad…

Imaginemos cinco millones de voces (4.9 millones de salvadoreños aptos para votar) que a pesar de miles de diferencias entre ellos, aprueben con sentido común los proyectos públicos justos. Imaginemos un país cuya población, cuya sociedad, se haga responsable de su futuro. Sea responsable de su bienestar, de su desarrollo, de su justicia o medio ambiente. Imaginemos un día cualquiera, en un país cuya economía nunca quiebra, ni será quebrada por terceros países, porque la voluntad inteligente y sensata, de millones de salvadoreños, prohíbe malgastar recursos, prohíbe enriquecer a nadie injustamente, prohíbe el hambre o la pobreza.

Imaginemos una utopía para cambiar la realidad y hagamos valer nuestra convicción democrática en hacer PATRIA, ¡acudiendo masivamente a las urnas el próximo 1 de marzo! Que la frustración de lo que no hemos podido cambiar no doblegue nuestra férrea voluntad de elegir, pero para exigir hechos a quienes vamos a elegir.

¿Es posible que un candidato a diputado que es actor sea un aporte al país? Probablemente para fomentar leyes relacionadas con la cultura desde su experiencia de vida. La decisión respecto a que es prioridad en nuestro país, administradores públicos que fomenten soluciones, que logren reestructurar y hacer más eficiente al país, eso lo debe decidir el pueblo, pero para ello se debe tener claro qué es prioridad para El Salvador.




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