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Editorial & Opinion

Incertidumbre sobre el TPS

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 18, noviembre 2017 - 12:00 am

Es preocupante la incertidumbre que viven los más de 190 mil salvadoreños que están amparados al TPS, que al final se puede convertir en toda una pesadilla de terror, dado que existe la posibilidad que el gobierno del presidente Donald Trump, ya no lo renueve; no obstante, no sería una sorpresa, ya que el endurecimiento de la política migratoria fue uno de los pilares sobre el cual funda su campaña el mandatario estadounidense.

Sin embargo, es importante no confundir la política migratoria ya establecida por la Casa Blanca, versus las relaciones diplomáticas que cada país debe desarrollar con naciones amigas que otorgan múltiples beneficios migratorios y proporcionan ayuda económica en momentos de crisis o catástrofe.  Por ejemplo, la administración del expresidente Francisco Flores se destacó por estrechar fuertes lazos de amistad con los Estados Unidos y España, con quienes posteriormente sostuvo importantes relaciones comerciales y políticas que aportaron al desarrollo de El Salvador.

Pero fue en la administración del presidente George W. Bush de quien se obtuvo el mayor apoyo para proyectos importantes para los salvadoreños, como el inicio del TPS, el cual se dio en el contexto de los terremotos de enero y febrero de 2001 que dejó a El Salvador en una situación económica deplorable. Francisco Flores logró que Estados Unidos aprobara que unos 263 mil salvadoreños que emigraron ilegalmente a ese país antes de la fecha de los terremotos, pudieran trabajar legalmente en dicha nación por 18 meses y a partir de ahí se fue renovando por la buena gestión que realizaran en su momento los presidentes posteriores.

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Más allá de la presunción del delito de apropiación de ayuda internacional que pudo o no tener el expresidente Francisco Flores, creo que su gestión, trajo alivio a varios miles de salvadoreños con sus respectivas familias. Se calcula que unos 100 mil compatriotas lograron solucionar su problema migratorio, alcanzado la residencia y, en otros casos, la ciudadanía.

Esto significa que se deben de aprovechar todos los espacios para fortalecer los lazos de amistad con los Estados Unidos, dado que El Salvador siempre ha recibido ayuda de forma directa e indirecta de la nación del norte, pero sobre todo las remesas constituyen el 16.8 % del Producto Interno Bruto, o sea, que la economía salvadoreña se dinamiza por la poderosa inyección de los hermanos lejanos que ofrecen su sangre y fuerza de trabajo para que haya un mejor porvenir para sus familias.


En ese sentido, el Gobierno del FMLN debió trabajar con mucha antelación para coser los tejidos debilitados que forjó contra los Estados Unidos, dado que para ningún compatriota es un secreto que durante las marchas –después de los acuerdos de paz– el FMLN, con algunos funcionarios actuales enardecidos, quemaron en varias ocasiones la bandera de los Estados Unidos al grito de consignas contra imperiales; es decir, el mismo discurso de Fidel Castro, el Sandinismo y luego el Socialismo del Siglo XXI.

Aunado a ello, el Gobierno de El Salvador, representado por el FMLN, tuvo la osadía de apoyar ante la ONU y la OIE al Gobierno represivo de Nicolás Maduro que ha violentado el Estado de Derecho e instaurando una dictadura, donde se hace y se dice lo que dicta la comandancia cubana. Y se advierte que quieren hacer lo mismo con El Salvador, por eso debemos estar atentos para que no vivamos la historia del pueblo de Venezuela.

Entonces, no se trata de arrodillarse ante los Estados Unidos, como lo dijo ignorantemente un diputado del FMLN, que por cierto se le perdona porque no sabe lo que dice; se trata de ser agradecido con aquellos países que nos han brindado ayuda de forma histórica, como Estados Unidos, que tiene albergados a más de dos millones y medio de salvadoreños.

Es evidente que los esfuerzos diplomáticos por ayudar a nuestros compatriotas amparados al TPS, no han sido suficientes ni tampoco estratégicos por parte del Gobierno de El Salvador; al contrario, en lugar de ayudar han empeorado las relaciones diplomáticas, por andar apoyando a Nicolás Maduro en un pleito ajeno y que no incumbe a ningún salvadoreño.

El Gobierno debió enfocarse en hacer buenas relaciones con los EE.UU. y pensar en los compatriotas que no tienen regularizado su estatus migratorio; sin embargo, tenemos un país donde el presidente brilla por su ausencia y no se avista hacer ninguna gestión diplomática para ayudar a los hermanos lejanos con todas sus fuerzas, como la que hizo en favor de Nicolás Maduro.




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