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Editorial & Opinion

Independencia de papel

Ricardo Castaneda Ancheta / Economista investigador ICEFI @Recasta

Jueves 14, Septiembre 2017 - 12:00 am

Septiembre, el denominado mes patrio, cuando las banderas ondean y el nacionalismo aflora. En las escuelas siguen hablando de los próceres que nos liberaron del yugo de la corona española, hombres que lucharon por amor para la libertad. Es lo que se repite año tras año. Pero de lo que se habla poco es que cada 15 de septiembre se celebra un hecho histórico motivado más por razones económicas y políticas que patrióticas. Entre las razones económicas, se debe resaltar la concerniente a la política fiscal: el pago de tributos (impuestos) y sus beneficios (el gasto público).

Los hijos de los colonizadores, los criollos, ya no gozaban los beneficios como en la época de la Conquista y no les agradaba seguirle pagando impuestos a la Corona española. Esto sumado al desorden burocrático y la mala administración de los recursos existentes llevaron eventualmente al endeudamiento y a una permanente crisis fiscal. Tomando en cuenta que la escasez de recursos financieros limita la capacidad de un Gobierno para cumplir su mandato y mantener el poder, no es de extrañar que la bancarrota del Reino de Guatemala haya sido un elemento clave para que los grupos de poder de esos tiempos decidieran que era el momento de independizarse de España. Por supuesto, estas decisiones se dieron a puerta cerrada.

Desde entonces, el Estado salvadoreño, igual que el resto de países centroamericanos, ha funcionado con base en acuerdos entre grupos de poder. Las decisiones de privatizaciones, dolarización, impuestos, gasto público, endeudamiento, por citar algunas, han respondido al interés y beneficio de pequeños grupos. Y no solo me refiero a las élites económicas, esas que han amasado fortunas y ostentado poder privado gracias a lo público, sino también a las élites políticas. Cúpulas de partidos políticos que se creen intocables, que se mofan al decir que representan al pueblo, pero cuyas decisiones están basadas en cómo mantenerse en el poder.

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La arrogancia con la que los partidos políticos abordan el tema fiscal es muestra inequívoca de ello. Discusiones a puertas cerradas, opacas, pero sin ánimos de lograr acuerdos en beneficio de las grandes mayorías. No se puede negociar algo en lo que no se quiere lograr consensos. ¿Cómo se explica que la crisis fiscal se siga profundizando y no se haga nada por solucionarlo? ¿Cómo es que El Salvador está más cerca de subir el IVA que de tener un impuesto al patrimonio? ¿Cómo es posible que funcionarios no quieran renunciar a sus privilegios pagados con recursos públicos? ¿Cómo es que se defiende que empresas tengan privilegios fiscales mientras se critica que el Estado tenga programas sociales en beneficio de las personas en situación de pobreza? Porque hay grupos de poder, económicos y políticos, que les conviene que así sea.

Los de un lado están tan obsesionados con recuperar el poder que no les importa que el país se derrumbe. Los otros están obsesionados con mantenerlo, por lo que no están dispuestos a ceder en nada. Y 196 años después las grandes decisiones tienen como actor principal a la política fiscal y se siguen tomando de la misma manera. Nos acercamos al bicentenario de la independencia, pero parece que no aprendemos las lecciones. Vivir en un país independiente implicará democratizar la política y la economía.


El sentido de vivir en un país independiente, va más allá de vivir en un territorio soberano, que tenga su propia bandera, cuente con un himno propio o que exista un papel que así lo indique. Independencia es que las personas tengan la libertad de decidir su futuro. Y eso solo es posible cuando se tiene garantizado un mínimo de bienestar material y se vive en un Estado que es capaz de asegurarle a toda su población el cumplimiento de sus derechos. Aunque se puede celebrar que se logró la independencia de la Corona española, estamos lejos de independizarnos del poder de unos cuantos que alientan el hambre, la pobreza, la ignorancia, la violencia, la desigualdad, la corrupción y la impunidad.




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