Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Injusticias sobre injusticias

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de Negocios

sábado 16, diciembre 2017 - 12:00 am

¿Hasta cuándo, oh, Jehová, clamaré y no oirás? ¿Y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.  Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia (Habacuc, 1:2-4).  Este texto evoca un reclamo hacia Dios, por parte de Habacuc, quien profetizó en el año 607 antes del Señor Jesucristo, su mensaje fue dirigido al pueblo de Judá, conocido como el reino del sur, durante el reinado de Joaquín.

En una noche de desesperación, el profeta Habacuc le clamó a Dios, al ver la violencia y la injusticia a su alrededor. Y en su juicio le pareció que Dios no estaba haciendo ni diciendo nada ante la corrupción y la violencia. Éste fue el lamento de Habacuc y, ciertamente, puede ser el lamento de millones de salvadoreños que viven a diario angustia, persecución, miseria, extorsión y muertes de sus seres queridos. Ante la mirada impávida de las autoridades, sin que estas hagan o digan algo al respecto.

En el contexto en que se lamenta Habacuc pasa por inadvertido que la violencia y maldad en la que se encontraba sumergida Judá no era provocada por la voluntad de Dios ni por la inobservancia divina, sino por las malas decisiones del pueblo de Judá al haber abandonado a Dios, quien era fuente de agua viva, protección y bendición. Entonces, al abandonar los preceptos y estatutos de Dios siguieron las culturas de otras naciones, copiando de ellos la idolatría, la injusticia, la explotación, la acumulación de riquezas de forma indebida, y se volvieron insensibles ante las necesidades de los menos favorecidos, lo cual provocó que el pueblo de Judá fuera llevado en cautiverio con violencia por los babilónicos; y   aunque clamaron a Dios, no fueron contestadas sus oraciones. De manera que Dios no se complace ante las injusticias, la idolatría, ni la violencia.  Similar vivimos la mayoría de salvadoreños, no tenemos el favor ni la bendición del Señor Jesucristo porque le abandonamos. Ahora muchos se preguntan ¿dónde está Dios? Está justamente donde lo dejamos hace décadas, fuera de las aulas escolares y fuera de los hogares.

publicidad

Es triste ver a El Salvador cómo se derrumba en violencia, extorsión, asesinatos, desaparición de jóvenes, narco menudeo, políticos corruptos, injusticias, reclutamiento de niños a las pandillas, persecución de algunos malos elementos policiales hacia los jóvenes, quienes criminalizan la pobreza, explotación de algunos malos empresarios; es decir, se está idolatrando el poder y las riquezas, más que al Señor Jesucristo y el amor del prójimo. Dicho de otra manera, nos hemos convertido en una sociedad consumista, insensible e individualista, que premia la animalada sobre el esfuerzo; que critica ,pero no hace; que se queja, pero no denuncia los abusos de poder. Nos  hemos vuelto masoquistas, quizás nos gusta el dolor, por eso, quizá, las masas van y votan por los mismos políticos de siempre, que no hacen leyes justas ni gobiernan con equidad,  tampoco respetan el dinero público, ya que  una mayoría muy potable de los que se lanzan a política, lo hacen para componer su vida, para cambiar de domicilio y darse la gran vida.

Prueba de ello es el descaro con el que toman el dinero del pueblo y se lo recetan en bonos, tal como lo hizo la Asamblea Legislativa, y la CSJ, y seguramente debe de haber otras instituciones que han hecho lo mismo, pero que han sabido evadir a los medios de comunicación. De modo que nos les importa que hay hospitales que se están cayendo y que no tienen medicina.


Tampoco les importa que los policías y soldados tienen salarios de hambre, y que hace años no les realizan ajustes salariales. Asimismo, no les tembló la mano en hacer recortes al presupuesto de educación, el cual debería de tener un fortalecimiento año con año, porque de ahí depende que se mejora la inseguridad. Pero el colmo del descaro es que algunos diputados aseguraron que ese bono lo donarían a su partido, como si el partido se estuviera muriendo de hambre, como el caso de miles de salvadoreños que no tienen techo, abrigo, ni alimento digno.

Reflexionemos, busquemos extender una mano amiga a los más necesitados.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.