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Editorial & Opinion

Integración centroamericana, la tierra prometida…

lunes 23, febrero 2015 - 6:54 pm

A las puertas de elegir por primera vez con voto directo a nuestros diputados al Parlacen es necesario recordar el desierto de dificultades que atravesamos en la búsqueda de la patria grande.

Después de la independencia en 1821 el primer paso fue la República Federal de Centroamérica. Tuvimos la misma constitución, congreso bicameral, un sistema de justicia y un presidente; ese proceso duró de 1823 hasta cerca de 1840 y al cabo de ese periodo intereses locales extraviaron la ruta por encontrar nuestra Canaan.

Hubo posteriormente diferentes esfuerzos por reencontrar el camino de la unidad. En esta ruta destaca la derrota al filibustero esclavista William Walker quien entre 1856 y 1857 ocupó Nicaragua con sus huestes y se disponía a dominar la región; avance que fue detenido por las tropas unionistas, principalmente costarricense-nicaragüense, y con la destacada participación del general salvadoreño, originario de Suchitoto, José María Cañas.

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En 1907 se integró la Corte Centroamericana de Justicia, la primera corte de justicia internacional. Se destacó por impedir el establecimiento de una base militar extranjera en el Golfo de Fonseca, derivada del tratado Brian-Chamorro suscrito entre EE.UU. y Nicaragua y del que El Salvador no era signatario. La valiente resolución de la CCJ preservó nuestra soberanía, hecho que le costó su disolución en 1918.

En 1951 volvemos al camino con la constitución de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), lo que abrió paso a la conformación del Mercado Común Centro Americano (MCCA), y extraviado por la guerra entre El Salvador y Honduras.


Entre 1970 y 1990 la región se vio sumida en guerras civiles motivadas en la marginación, la excesiva concentración de riqueza y la exclusión política. En los ochenta, con el propósito de la Paz iniciamos un nuevo sendero, destacando las negociaciones de Manzanillo entre EE.UU. y Nicaragua y los esfuerzos de Contadora que culminan con los Acuerdos de Esquipulas. Éstos introdujeron una agenda de integración que no solo se enfocaba en aspectos económicos sino también ambientales, culturales, sociales y políticos como el pluralismo, el diálogo, la democracia y participación en elecciones libres. Además proporcionó un conjunto de instituciones integradas entre las que se destacan: el Parlacen, SICA, BCIE, SIECA y la CCJ.

Este proceso coincide con diferentes procesos de paz derivados de la lucha de fuerzas revolucionarias y progresistas de la región y que dan fin a los conflictos armados de manera negociada: los Acuerdos de Sapoá (Nicaragua), los Acuerdos de Chapultepec (El Salvador), y el Acuerdo de Oslo (Guatemala); por lo que un mayor avance en la ruta integracionista estaría limitado, en ese momento, ante la atención prioritaria de cada país a superar sus propios conflictos internos.

Actualmente la región vive un nuevo momento político, derrotamos las dictaduras, superamos los conflictos armados, avanzamos en los procesos de reconstrucción y, más allá del signo ideológico de cada uno, los gobiernos son producto de procesos democráticos. La región es un territorio de 570 546 km2, posee más de 54 millones de habitantes, 6,800 km de línea costera, más de 100 volcanes, 15 atracciones calificadas por la UNESCO como patrimonio de la humanidad; un sistema de interconexión eléctrica de 1860 km, con potencial de 22000 MW, que cubre desde Guatemala hasta Panamá y del que solo usamos el 24%; una capacidad geotérmica de 3000 MW aprovechada únicamente en un 20%; contamos con una red de fibra óptica y mejoras en la infraestructura de telecomunicaciones que nos permite avanzar en ciencia, tecnología e innovación; poseemos un Consejo Monetario Centroamericano y existen 85 bancos en toda la región, además hemos suscrito un Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la UE que ofrecerá importantes retos y oportunidades.

A estas alturas la integración significa alrededor de 200 documentos jurídicos suscritos y una comunidad de derechos en la que funcionan 122 instancias centroamericanas. En lo privado muchas empresas ya son regionales y con ello hay libre movimiento de capitales, lo que puede ser positivo. El déficit está en lo humano; no contamos con un efectivo libre tránsito, la región es insegura, la movilidad de mano de obra aún es exigua, falta armonización y movilidad académica. Es por lo tanto un modelo de integración incompleto e insuficiente.

La voluntad política de los Estados para lograr la Unión Centroamericana, la cual ha sido abanderada por El Salvador a lo largo de su historia, solo avanzará en la medida que haya conciencia y acompañamiento social. Para ello necesitamos brindar información y beneficios tangibles a la ciudadanía, de lo contrario solo habrá desconocimiento, recelo, duda, desconfianza sobre este proceso. Con divulgación, transparencia y participación debemos procurar acuerdos nacionales para dar un rumbo definitivo a la integración y sea ésta un asunto de Estado, con líneas de trabajo desde la educación y la cultura que creen conciencia integracionista para las nuevas generaciones, y al fin veamos fluir leche y miel.

 




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